Mientras la mayoría de los residentes de Boston están en sus hogares haciendo cuarentena, los trabajadores esenciales de la salud se enfrentan al coronavirus desde los hospitales todos los días, arriesgando su salud para salvar a otros.

Conversamos con cuatro médicos y enfermeros latinos que nos contaron cómo están lidiando con esta pandemia.






Jossie Carreras, residente de emergencias de primer año. De Puerto Rico

“En emergencias ahora nos enfocamos en una sola distinción: con o sin síntomas de COVID”

La puertorriqueña Jossie Carreras es residente de emergencias de primer año, y recibe a todos los pacientes en la sala de urgencias que puedan o no tener el virus.

“La diferencia entre los médicos de emergencia y mucho otros médicos es que nosotros no tenemos opción, nosotros tenemos que ver a todos los pacientes que vengan, con COVID o sin COVID. Sí es un reto y estamos un poco más expuestos que el resto de los especialistas”, dijo Carreras.

Ella trabaja en el Hospital Brigham & Women, y explica que los centros de atención de la salud han adoptado nuevas medidas para evitar la propagación del nuevo coronavirus en sus instalaciones y proteger tanto a pacientes como a su personal al adaptar pisos exclusivos para pacientes infectados.

Los cambios que ha visto Carreras con las nuevas medidas es que tiene que llenar un cuestionario sobre síntomas relacionados al coronavirus antes de entrar al hospital. En la sala de emergencias reciben a todos los pacientes con mascarillas y gafas de protección, si creen que los síntomas son relacionados al virus también se ponen guantes y bata. Pero son tantos síntomas, que consideran casi todo sospechoso. “Cada encuentro con pacientes tengo que ver más o menos cuáles son sus síntomas para ver si vamos a hacer la prueba del coronavirus y saber si tengo que ponerme todo el equipo”, dijo Carreras.

“[Antes] había un diferencial de diagnóstico bastante amplio, ahora todo es Covid o no Covid”, dijo Carreras. “No importa qué otro problema médico tenga. El paciente tiene que ir a un piso específico que será asignado para pacientes de Covid”.

Carreras habló sobre un paciente que recibió con problemas en un riñón. Usualmente sería transferido a un urólogo, pero tenía fiebre. Sin embargo, un residente de urología examinó el expediente del paciente de forma remota e hizo una consulta virtual debido a las medidas del hospital para evitar el contagio entre el personal de salud.

“Con los pacientes estamos intentando entrar menos a la habitación, eso es definitivamente un cambio, no es que no queramos entrar es que no hay suficiente equipo, cada bata, cada guante, cada poquito de alcohol que usamos, todo eso es escaso y tenemos que tener eso en mente. No queremos agotar recursos”, dijo Carreras.

Carreras cree que es muy probable que haya contagiado a su novio, quien tiene síntomas y dio positivo en la prueba, porque ella ha estado más expuesta al virus en el hospital aunque ella no ha presentado síntomas. Una de las cosas que le preocupa es llevar el virus al edificio a donde vive. “Puede que yo haya tenido el virus y puede que yo me pueda volver a infectar porque no sabemos cuánto dura la inmunidad. Son muchas interrogantes, y el hecho que no haya pruebas para todo el mundo e incluso para personas que trabajan en la salud es un problema”, dijo Carreras.

Lo otro que le preocupa son sus colegas, otros residentes o los médicos que son facultad, porque ellos tienen miedo. “Porque esto es un virus que afecta a personas tanto jóvenes como adultas, a ancianas, a personas saludables, como personas que tienen enfermedades crónicas”.






Andrea López, enfermera de cuidados intensivos originaria de Guatemala.

“Tenemos que usar un equipo especial, parecemos astronautas”

Andrea López es originaria de Guatemala, y lleva cinco años como enfermera en la unidad de cuidados intensivos pediátricos en el Tufts Medical Center. Ahora trabaja 5 ó 6 días a la semana en turnos de 12 horas, duplicando sus turnos laborales habituales.

Debido a que los niños no son un grupo vulnerable frente al Covid-19 el hospital ha convertido este departamento pediátrico en uno de cuidados intensivos para adultos. “Nosotros hemos tenido que aprender bastante y aprender rápido”, dijo López.

“Como somos un departamento exclusivo de Covid-19 tenemos que usar un equipo especial, parecemos astronautas. Tenemos que usar una capucha sobre la cabeza cada vez que entramos al cuarto de un paciente a dar cuidado”, explicó.

López dice que lo más preocupante es contagiarse ya que tienen un nivel de exposición mayor que a la población en general. “Me despierto todas las mañanas y pienso en esto. Es estar entre la espada y la pared. Yo estoy agradecida por la oportunidad de ayudar y de servir, pero también me da miedo saber que me estoy arriesgando a contraer la enfermedad”, dijo López.

“Estamos pendientes del paciente las 12 horas completas y hay días que no te puedes alejar de la puerta del paciente porque los pacientes cambian tan rápido y tienes que estar lista para poder ponerte todo el equipo médico y entrada al cuarto de tu paciente”, dijo López. Ella ha pasado hasta dos horas continuas sólo con un paciente porque ahora las enfermeras tienen que hacer las cosas más despacio para protegerse a ellas mismas.

Ningún paciente puede recibir visitas al menos que las circunstancias sean excepcionales, como estar muriendo. Los pacientes pueden comunicarse con sus familiares si tienen sus celulares con ellos pero si van a la unidad de cuidados intensivos o son puestos en un ventilador, entonces los doctores se encargan de actualizar a los familiares por teléfono.

Las doctoras han visto un número desproporcionado de pacientes latinos. Molina dijo que probablemente no hubo un buen trabajo de comunicar la importancia del distanciamiento social en español al inicio de la pandemia. También cree que asistieron a trabajar porque tenían que hacerlo al igual que probablemente viven con más familiares y llevan el inevitablemente el virus a sus hogares.






Melanie Molina, residente de tercer año de medicina. Originaria de México

“El pensamiento siempre está en el fondo de mi mente: enfermarme”

Melanie Molina, de México, es residente de emergencias de tercer año y se dedica a intubar a pacientes con Covid-19 en el Hospital General de Massachusetts.

“El pensamiento siempre está en el fondo de mi mente: enfermarme. Estar expuesta una y otra vez a pacientes que son positivos con la intubación, que es un procedimiento de alto riesgo que causa la aerosolización del virus, creo que es preocupante”, dijo Molina.

Ella coincide en que una medida importante es proteger a los trabajadores de salud y personas que trabajan en negocios esenciales. “Creo que lo que el gobierno realmente necesita hacer es mantener este período de cuarentena hasta que los casos comiencen a estabilizarse e incluso comiencen a declinar porque la cuarentena y el distanciamiento social han sido la clave para detener la propagación de la pandemia”, dijo.

Un obstáculo que ha visto ha sido el lenguaje ya que dependen del personal que habla español y esté disponible o de traductores. Pero el español no es el único idioma con el que han estado en contacto. Para Molina, quien intuba a pacientes para después conectarlos a un ventilador, dice que “muy a menudo los pacientes están enfermos hasta el punto de que realmente no hay tiempo para traer un traductor. He tenido ese tipo de experiencia con pacientes que hablan otros idiomas, como el creole haitiano. Generalmente nos avisan por adelantado e intento encontrar un intérprete por teléfono para que podamos tener una conversación sobre si el paciente querría intubarse o si esa medida no va con sus deseos”.

A pesar de que los hospitales no han llegado al tope de sus capacidades con pacientes con COVID, se están preparando sobre qué medidas deberán tomar en caso de que el volumen de pacientes aumente o escaseen los recursos, como camas y ventiladores, y tener criterios a quienes se les asignarían.

“Y eso sí nos ha causado mucha ansiedad porque es algo que nunca en los Estados Unidos jamás nos hubiéramos imaginado que íbamos a estar decidiendo quien vive y quien muere literalmente, o más bien a quien le damos el beneficio de la duda y lo conectamos a un respirador”, dijo Molina.

Las personas que en realidad no tienen emergencias importantes están tratando de evitar ir a la sala de emergencias por completo. “Entonces, aunque el volumen de pacientes es bajo, la agudeza es bastante alta. Así que [tenemos] menos pacientes pero más enfermos, dijo.

A pesar de estos cambios en sus vidas han cosas que las han sorprendido como el apoyo de la comunidad y sus colegas. Para Molina ha sido la solidaridad de los residentes. “Es solo una especie de movimiento colectivo, una unión de residentes interesados a ayudar y dispuestos a sacrificar su tiempo de vacaciones para asegurarnos de que podamos brindar la mejor atención a nuestros pacientes”.

“Yo personalmente me enfoco en las cosas pequeñas. Si al final del día mi paciente está mucho más recuperado de cuando lo recibí en la mañana, eso me da esperanza”, dijo López. “[También] toda la energía positiva y los esfuerzos de las enfermeras con quienes trabajo, ya que básicamente estoy pasando más tiempo en el hospital que en mi propia casa, estamos más unidas que nunca y nosotras seguimos firmes con nuestro voto de ayudar y sanar pacientes que necesitan ayuda, especialmente durante esta pandemia”.






Dr. Miguel Divo, de Venezuela. Especialista en neumología.

“Mis héroes son mis compañeros de turno, desde el personal de limpieza hasta mis colegas”

El médico venezolano Miguel Divo es especialista en neumonología y trabaja en el Hospital Brigham and Women’s y el Spaulding Rehabilitation Center, con pacientes en terapia intensiva por problemas respiratorios.

“Lo que estamos viviendo nunca se ha escrito en ningún libro”, dijo. Explica que en este momento los centros de salud se han transformado para atender mayoritariamente una sola enfermedad: el COVID-19. “Ahora son básicamente hospitales para pacientes con ventilación, y las camas están ocupadas por los pacientes que tienen este virus”, dijo.

Por esta razón, enfatiza cómo el distanciamiento social y las medidas de confinamiento son esenciales: “el colapso de la atención médica, como lo que ocurrió en Italia, llega cuando hay demasiada gente enferma al mismo tiempo, y de esto se trata lo que tanto nos hablan de aplanar la curva: de reducir el número de contagios activos”, dijo.

Reconoció el trabajo del personal que ha estado detrás de la planificación para que no se sobre congestione el sistema de hospitales en la ciudad. “Si hay una cosa que es admirable es el proceso de planificación. Se ha entrenado gente para que maneje los ventiladores, los especialistas están tratando de ver el mayor numero de pacientes y esto ha sido una forma de multiplicar el numero de camas, hemos redistribuido el número de respiradores entre los hospitales, estamos recibiendo pacientes que no son críticos pero que no pueden regresar a su casa, para poder descomprimir a otros, ha sido un trabajo de equipo impresionante”, indicó el Dr. Divo.

Hay muchos pacientes de coronavirus que se complican con afecciones del pulmón, del corazón, del hígado, páncreas o incluso el cerebro. “El mismo cuerpo esta haciendo una reacción agresiva para combatir el virus, y estas afecciones son las que estamos tratando en terapia intensiva, como ayudarlo a respirar y cómo ayudarlo a compensar en cada uno de estos órganos afectados”.

Menciona que sus héroes son la gente que pasó de cuarto a cuarto recogiendo la basura, la enfermera y sus otros colegas de turno, muchos de los cuales nunca habían trabajado juntos. “Tenemos muchísimas ganas de trabajar, pero estamos con miedo, de infectarnos nosotros y contagiar a nuestros seres queridos. Estamos súper concentrados en cada movimiento que hacemos, qué hemos tocado, si nos hemos lavado las manos, yo tengo ampollas en la nariz por el roce que hace la máscara. Todo esto ha implicado un trastorno para cada uno de nosotros”, dijo.

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