ir al contenido

Alejandro Magno: “Necesitamos policías con más sentido común que fuerza”

Todo el mundo lo saluda en las calles de East Boston, Chelsea y Revere. Le llaman “Alejandro Magno”, o simplemente “Magno”, en alusión a su nombre como DJ. Y es que realmente este popular y querido inmigrante colombiano es un gran polifacético que no ha hecho sino trabajar por nuestra comunidad en los más diversos roles.

Nativo de Medellín, Colombia, muchos lo conocen como el presidente del Festival Colombiano de Massachusetts, una gran fiesta que cada verano atrae a miles de compatriotas a celebrar su herencia. O también como el fundador de la productora de eventos Mango Biche, que organiza divertidas fiestas y conciertos latinos, entre ellos el popular crucero por la independencia colombiana. Su voz se reconoce en decenas de cuñas de radio y televisión, y a quien le gusta la movida nocturna sabe que es DJ. Además, estudió criminalística y ha sido intérprete legal en tribunales, al tiempo que ha dado clases de integración a estudiantes inmigrantes que llegan a las escuelas públicas de Boston, Chelsea, Everett y Revere.

Pero en realidad su trabajo principal no ha sido en ninguna de estas áreas: pocos conocen su vocación al servicio público, que lo llevó a convertirse en trabajador social por casi siete años, ayudando a jóvenes en alto riesgo a recuperar sus vidas. Así, ganó una beca de la Asociación de Oficiales de Policía de Massachusetts, y esta primavera se convirtió en un oficial de la ley y el orden público.


Oficial Diego Alejandro Pizarro, conocido en la comunidad como "Alejandro Magno"

Oficial Diego Alejandro Pizarro, conocido en la comunidad como "Alejandro Magno"

¿Cuál fue tu motivación principal para aspirar a una carrera policial?

Desde que acabé el High School, en 1998, no he parado de trabajar. Fui indocumentado por muchos años, y eso me dificultó el acceso a la universidad. Entre los trabajos que desempeñé fue el de guardia de seguridad, que me hizo aprender algunos protocolos de emergencia, de protección a la vida, y despertó mi curiosidad por el área criminalística.

No fue sino en 2013 cuando comencé a estudiar justicia criminal en el Lincoln Tech de Somerville, y dos de mis profesores, policías experimentados, me enseñaron que la profesión de policía es muy noble, y que representa una gran oportunidad de servicio público a nuestra comunidad. Después de graduarme, trabajé por un año como investigador criminal, y también como fuerza auxiliar de la Policía de Somerville, y también aprendí mucho.

Pero en realidad lo que más me inspiró para iniciar una carrera policial fue que por años fui trabajador social y ayudé a jóvenes en alto riesgo, muchos con casos judiciales abiertos por problemas de abuso de sustancias, afiliación a pandillas, traumas y violencia, en la organización comunitaria ROCA, ubicada en Chelsea, MA. Involucrarme con estos jóvenes, entenderlos, ayudarlos sin juzgarlos y hasta defenderlos en algunos casos judiciales me hizo crear un vínculo fuerte con la vocación del servicio público, y definir mi rumbo.

¿Cuál ha sido la experiencia más dura que te ha tocado experimentar como trabajador social?

Han sido muchas. Pero recuerdo una en especial, cuando un chico se subió al puente Tobin, que conecta Chelsea con Boston, con la intención de suicidarse. Con todo lo peligroso que es, me trepé hasta donde pude, y estuve 20 minutos intentando persuadirlo de que no lo hiciera. Después vinieron los cuerpos de seguridad y emergencia, e incluso los medios de comunicación, y todos me pedían que me bajara. Pero si yo me bajaba, el chico se iba a lanzar. Al final lo convencí, y desistió.

¿Hay límite de edad para ser policía?

Sí, y esa fue una de las razones por las que me decidí finalmente a ingresar. Estoy a las puertas de cumplir cuarenta años, y la carrera policial tiene límites de edad para algunas posiciones, además de exigencias físicas, pruebas rigurosas y pensé que era el momento ahora, o nunca. Ya después de los cuarenta es posible, pero se dificulta hacer carrera.

¿Cuán difícil es entrar a la academia de policías en Massachusetts, en especial si eres latino?

Bastante difícil. Hay muchas pruebas que hay que pasar y es un proceso especialmente complejo para los aspirantes latinos, porque no hay suficiente información disponible sobre el proceso de elección, el examen civil es cada dos años así que si no pasas al primer intento debes esperar dos años para volver a aplicar. Las comunidades donde los latinos son predominantes no tienen la justa representación hispana en sus oficiales. La poca diversidad es un problema sistémico complejo de resolver, y no nos queda más que aprender a navegarlo, y a filtrarnos en el departamento.

¿Qué se puede hacer para acabar con este sistema?

Los problemas sistémicos son complejos de resolver, pero la comunidad tiene poder, y debe continuar exigiendo a sus departamentos policiales que contraten más latinos, o por lo menos oficiales que hablen el español o hablen su idioma. La gente es la que puede cambiar esto a medida que piden más representación en las fuerzas de seguridad. El departamento policial de Chelsea es un ejemplo de éxito. Más del 60 por ciento de los habitantes de Chelsea hablan español, y el jefe de la policía se dio cuenta de esto y está comprometido con la diversificación.

¿Cuál es tu visión de un buen departamento de policía en estos tiempos?

Un policía es un servidor público, y esto es algo que siempre debe tenerse presente. Estoy orgulloso de la academia donde fui, en Northeastern University, donde nos enseñaron hacia dónde va la evolución de la educación policial: no se trata de ser un policía reactivo sino preventivo, y hay que verle el lado humano a todas las situaciones. Por supuesto que también es importante estar preparados y aprender a defenderse ante la violencia, pero siempre hay que conservar la dignidad de las personas, y evitar el abuso de poder. Necesitamos policías con más sentido común que fuerza, que creen vínculos cercanos y confianza con su comunidad. De esto se trata la prevención del crimen y la violencia.

X