Por segunda vez en la temporada Chris Sale habló con impaciencia y severas críticas después de una caída. Por segunda vez es él mismo el objetivo de sus dardos.
El as de los Medias Rojas dijo hace poco más de un mes sentirse avergonzado por su desempeño sobre la lomita, y extendía esa vergüenza a su familia y sus compañeros.
Luego de aquella ráfaga en contra de sí mismo, el zurdo tiró sus mejores encuentros de 2019. Pero este viernes, al caer en Houston, no miró los tres errores de sus compañeros ni las dos carreras inmerecidas que sentenciaron el duelo, ganado 4 por 3 por los Astros. Prefirió mirarse en el espejo, en lugar de apuntar a los demás.
“Me quedo con nuestra defensiva por encima de cualquier otra”, declaró en improvisada rueda de prensa, en el Minute Maid Park. “Las cosas son como son. He tenido mis malas noches. A veces pasan cosas, y cuando es así, debes tratar de levantar a los tuyos”.
De su slider, que arrasó en las presentaciones anteriores, exclamó: “Demasiado plana. Sin acción hacia abajo y afuera. No pudo esquivar los bates”. Pero fue más expresivo todavía al hablar sobre su registro y la preocupación de cargar a su espalda una marca horrenda, con 1-6.
“No me importa cuál es mi récord”, exclamó. “Esto apesta, porque lo único que quiero es que mi equipo gane cuando yo lanzo”.
Sale tiene ahora 4.19 de efectividad. Está lejos del promedio que de él se esperaría. Pero habría tenido un mejor destino, al menos esta vez, de no ser por los dos errores de Xander Bogaerts, el pecado de Steve Pearce o el fallo de Pearce y Michael Chavis en un corre y corre. Incluso es posible que hubiera celebrado, de no lucirse Jake Marisnik con varias atrapadas en el outfield de los Astros, incluyendo un engarce espectacular en el noveno inning que impidió que Christian Vázquez empatara las acciones con el jonrón que largó después.
No importa. El as no quiere atenuantes ni ofrece excusas. Mucho menos critica a los demás.
“Está en mí”, aseguró sin cortapisas. “Tengo que ganar juegos. Punto”.