Alex Cora, manager de los Medias Rojas, se atribuyó la culpa toda por la derrota de este viernes ante los Astros. Su pitcher Rick Porcello dijo que no, que la culpa era de él, por haber sido quien hizo dos supuestos pitcheos malos. Y en medio de la polémica, quedan una lección para aprender y otra de liderazgo en la cueva de Boston.
La de liderazgo es, por supuesto, la de Porcello. El antiguo ganador del premio Cy Young excusó a su piloto, que le dejó en la lomita después de siete buenas entradas, obrando a la antigua usanza: confiando más en un serpentinero con más de 90 envíos que en su bullpen de cierre.
Los patirrojos ganaban para ese momento con pizarra parcial de 1 por 0.
Porcello recibió un doble de Jake Marisnick y un jonrón de George Springer que acabaron con su blanqueo, le voltearon la pizarra y sellaron la caída de los dueños de casa.
«Todo lo que pasó en el octavo fue por mí», sostuvo el derecho, rodeado de periodistas, después del encuentro. «Tiré mis peores envíos de la noche ante bateadores consecutivos. Ese fue el resultado. Tengo que hacer un mejor trabajo».
¿Alguien quiere más de Porcello? Bien, porque hubo más.
«Les lancé dos galleticas», sostuvo el pitcher acerca de lo que ofreció a ambos toleteros. «Es una derrota dura. Pero vamos a desquitarnos mañana».
Así, ciertamente, habla un caudillo. Son las palabras que esperan escuchar todos en el vestuario.
Ya antes de eso, también Cora había hablado. Y tampoco fue autocompasivo.
«La mía fue una mala decisión», admitió el estratega. “Fue mala desde el momento en que lo pensé. Hice una mala decisión que lo puso (a Porcello) en una posición difícil. Y pagamos el precio».
Puede que Cora ya no confíe tanto en su bullpen. Últimamente se han echado más en falta las ausencias de quienes tiraban el octavo y el noveno innings en 2018. El caso es que en menos de una semana le ha pasado dos veces.
Primero ocurrió con Eduardo Rodríguez. En medio de una sólida actuación, con dos carreras en seis tramos y ganando por tres, lo dejó salir para un séptimo que no ha podido completar en todo 2019. Como resultado, un juego cómodo, que podía ser un triunfo para el venezolano, se convirtió en una trabajada victoria en extrainning.
Esta vez no hubo segunda oportunidad, como aquella. Esta vez ganó Houston. Y esa es la lección que queda, bien sea para el timonel o para la gerencia, si es que el grupo de relevistas actuales no es suficientemente bueno como para proteger una ventaja a partir del séptimo acto.