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El adiós de Blake Swihart, símbolo de los actuales Medias Rojas

Blake Swihart es un símbolo de los actuales Medias Rojas, un equipo que ha pasado de ganar la Serie Mundial a sufrir todo tipo de penas de amor en este inicio de temporada.

El ex prospecto fue la primera escogencia de Boston en el draft colegial de 2011. Recibió un bono de 2,5 millones de dólares y durante años fue visto como una parte importante del futuro de la organización.

Shortstop de potente brazo en sus tiempos estudiantiles, convertido en receptor al iniciar su carrera en las Ligas Menores, no pudo batear lo que de él se esperaba en los cinco torneos que sumó con el Fenway Park como hogar.

Sus promedios de .255/.314/.365 dicen poco. Apenas largó 9 jonrones y dejó un OPS de .679. Pero su habilidad para defender varias posiciones, la ilusión y el dinero invertidos en él, más su potencial a largo plazo, hicieron que la oficina pensara muy bien qué hacer con él, antes de esta semana crucial.

Para mantenerlo, se arriesgaron a perder al también catcher Sandy León. Pero el venezolano pasó libremente por waivers y aceptó ser enviado a Triple A. Y después de tres semanas en slump, con el pitcheo en plena debacle, fue sacrificado para traer de vuelta a León, en la idea de que la mejor defensiva de éste podría ayudar a los atribulados lanzadores. Nunca fue un sobresaliente manejador de la mascota.

A Swihart no le quedaban opciones en su contrato. Era necesario pasarlo por waivers al sacarlo del roster activo. Y a diferencia del venezolano, que tiene un salario cercano a los 3 millones de dólares, el contrato mucho más pequeño del antiguo campocorto, su pasado y su versatilidad, iban a hacer que otro equipo apareciera para tomarlo a cambio de nada.

Por eso su envío este viernes a los Diamondbacks: para al menos obtener algo por él y no quedar con las manos vacías.

Marcus Wilson, adquirido de Arizona, es un jardinero central con talento. Debido a ello, los patirrojos entregaron parte de su presupuesto para firmas internacionales del 2 de julio, además de Swihart. Es veloz, tiene disciplina en el plato y algo de poder, aunque sufre el mismo problema: hasta ahora no ha podido chocar la pelota en las granjas con la frecuencia deseada.

Ahora los bostonianos esperarán por Wilson. Quizás algún día compense la pérdida.

Swihart tratará de triunfar en otro uniforme. Atrás deja un manojo de ilusiones rotas.

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