Hace algún tiempo atrás fue publicado un mapa de la ciudad de Boston que mostraba el volumen de ratas y su distribución en distintas zonas. Las ratas aparecían como puntos rojos y habían áreas con una alta conglomeración que eran difíciles de ignorar. La verdad es que el mapa llamó mi atención pero al fin de cuentas esos roedores eran solamente parte de un dibujo, así que luego de un momento me olvidé del asunto hasta hace unos días atrás cuando vi a una rata correr de un lado de la calle hacía el otro, para albergarse en un basurero. Un par de días después vi dos ratas más, en distintas partes de la ciudad, y me di cuenta que Boston sufre de una infestación real y alarmante de estas criaturas insalubres, y de que necesitamos hacer algo para mitigar esta proliferación indeseada.

Tras hacer un poco de investigación sobre cuales son las peores ciudades con problemas de ratas a nivel mundial, confirmé nuevamente (porque ya lo había leído antes) que Boston está entre las diez ciudades más afectadas a nivel mundial, y según información de Animal Planet Boston es la segunda ciudad en el mundo con problemas de ratas, siendo Nueva York la ciudad con peor infestación. ¡Al parecer casi todos en Boston tenemos de vecinos a ratas! Saber que Boston es una de las ciudades con más ratas me parece increíble y me da más pena que asco, porque en general pienso en Boston como una ciudad bella, vibrante, innovadora y famosa por sus universidades y sus hospitales, por lo tanto la idea de tener tantas ratas choca con esos conceptos de sabiduría y salubridad que tanto he asociado con esta zona. Pero estas ideas parecen ser un espejismo, pues se estima que hay más ratas de las que se ven o reportan; imaginarme la infestación real bajo el suelo que pisamos, es de por sí macabro.

Y por cierto parece que el problema de las ratas en Boston no es nada nuevo pues de hecho a mediados de 1990 Boston invirtió de forma contundente en un programa para erradicar los roedores que anegaban la ciudad. Al parecer el programa fue efectivo y se vio una disminución considerable de estos animales, pero eventualmente los fondos desaparecieron y con el paso del tiempo y la capacidad de reproducción de las ratas, nos encontramos nuevamente llenos de estas. Además se atribuye a la recesión como un factor que ayudó a la proliferación de esta peste, y por su puesto al inadecuado almacenamiento de basura y a las constantes construcciones y reparaciones que se llevan a cabo en la ciudad.

Cuando era pequeña tuve un ratón noruego como mascota. No un hámster, ni un cuy, sino un ratón. Los ratones noruegos son casi como los ratones blancos de laboratorio, pueden ser del mismo tamaño o incluso más grandes, pero estos son de color cafecito acaramelado y tienen los ojos negros. En mi opinión, cuando chicos son tiernos; al fin de cuentas lo rescaté de un vivarium para que no fuese la cena de una víbora, y a pesar de que le tuve mucho cariño la idea de erradicar a “sus parientes” no me resulta dolorosa ni me causa mucho remordimiento.

Los ratones caseros son tolerables, las ratas callejeras o de alcantarilla, no. El aspecto de muchas ratas no es nada placentero, además que sabemos que ratas y ratones andan en lugares sucios como drenajes y que además son causantes de una cantidad inmensa de enfermedades serias y raras, como la meningitis eosinofílica y la leptospirosis. Quizá conocer todo esto nos permite quitar el factor de afecto o pena cuando pensamos que es necesario erradicarlas.

Es hora de que se dejen de abrir y cerrar los mismos huecos en Boston y en las ciudades aledañas o de que se remodelen parques que están en perfecto estado, y que más bien los alcaldes y gobernantes designen un presupuesto generoso y establezcan un curso de acción para decimar una población que no paga renta, no contribuye en nada positivo y que roe la calidad de vida de tanta gente en la zona metropolitana de Boston. Vivimos en un área donde todos los precios son exorbitantes y donde todos pagamos impuestos altos, lo mínimo que el gobierno puede hacer es tratar de controlar esta plaga de ratas lo antes posible, antes de que sea demasiado tarde y de que el costo de salubridad sea tan alto como el costo económico.

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