“Hace año y medio me encontraba en Santo Domingo, en el funeral de un bebé de dos semanas de nacido. Era el hijo de una buena amiga de ascendencia haitiana, que me explicaba continuamente lo difícil que resultaba para ella vivir sin nacionalidad. A los días de nacido, su bebé presentó unas raras afecciones en la piel. Cuando lo llevaron al hospital, determinaron que el bebé fue quemado. Alguien lo quemó, y no sobrevivió. A este niño le fue negada el acta de nacimiento. Y por lo tanto murió sin acta de defunción”. ¿Quién va a investigar qué pasó en este caso? Nadie. Legalmente, este bebé nunca existió. Nunca fue. Es la historia que cuenta Cristian Martínez, una estudiante de postgrado en Harvard University quien vivió por un año en República Dominicana gracias a una beca Fullbright que le permitió hacer una investigación sobre inmigrantes haitianos.

Muchos de nosotros ni siquiera pensamos qué significa no tener una nacionalidad. En términos legales, básicamente significa no existir. En términos cotidianos, significa vivir con miedo y sin acceso a los derechos humanos básicos. Miedo a ser expulsado a otro país, del cual tampoco se tiene nacionalidad.

El martes 8 de abril se llevó a cabo una interesante discusión en Harvard University sobre el tema de la inmigración en el país caribeño. Asistieron como panelistas la embajadora de derechos humanos Rhadys Abreu de Polanco, en representación del gobierno dominicano, Bridget Wooding, directora del Observatorio de Inmigrantes Caribeños en Santo Domingo, y David Baluarte, profesor de leyes y director de la Clínica de Derechos al Inmigrante en Washington and Lee University School of Law. Baluarte ha representado numerosos casos en contra del gobierno dominicano, incluyendo el famoso caso de Yean y Bosico ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La estudiante Cristian Martínez, en nombre del Center for Human Rights y el David Rockefeller Center for Latin American Studies de Harvard University, fue quien organizó la conferencia.

De acuerdo con la constitución de República Dominicana, cualquier persona nacida en el país es dominicana, a excepción de aquellos hijos de diplomáticos o de personas “en tránsito”. He aquí el meollo del asunto: ¿Qué es una persona “en tránsito”? La interpretación de este término ha sido ambigua.

Recientemente, la Corte Constitucional de la República emitió una polémica sentencia aclarando que las personas nacidas en el país después de 1929 y cuyos padres no son dominicanos no serán considerados ciudadanos dominicanos. La mayoría de los inmigrantes que entran en esta ley son de origen haitiano.

Esto no es un asunto menor: se trata de cientos de miles de personas quienes nacieron y se criaron en RD, tienen décadas viviendo allí, hablan español con acento dominicano. Y de pronto, pasan a ser extranjeros automáticamente porque son hijos de personas “en tránsito”.

El gobierno de RD mantiene que esta sentencia es positiva porque se trata de un “plan de regularización” de la inmigración que estaba pendiente, y que permitirá a los inmigrantes un documento de residente temporal o permanente, según sea el caso. La embajadora Abreu aclara: “A la persona se le va a dar un visado pero no una nacionalidad porque no les corresponde”. Incluso si la persona ya era ciudadana, perdería la nacionalidad a cambio de un visado legal. Para implementar este “plan de regularización”, los ciudadanos deben acudir a un registro civil a. Ahora surge la pregunta ¿quién va a acudir a este registro civil a regularizarse?

El abogado Baluarte explica la contraparte: «Desde hace un año, vemos que personas en RD que han gozado de su derecho a la nacionalidad, que se consideran dominicanos hasta sus huesos, llegan al registro civil a buscar una copia de sus actas de nacimientos, o sacar una cédula los oficiales y les dicen ‘Oh, revisaremos sus papeles porque creemos que usted ya no es dominicano’».

Baluarte continúa: “En una época fui uno de los abogados que dirigió un caso de derechos humanos ante la Corte Interamericana de DDHH, y representé a 10 personas que fueron expulsados en grupo, sacados de su casa, en ciertos casos les rompieron sus papeles en su cara, y fueron puestos en un camión y abandonados en la frontera”, cuenta Baluarte. “Es cierto que cada mes hay miles de personas expulsadas en grupo de RD, sin más juicio legal que un oficial diciéndoles que no son dominicanos”.

Sin embargo, la embajadora segura firmemente que “República Dominicana no ha desnacionalizado a ninguna persona y no ha hecho deportaciones masivas”, a pesar de que en 2005 la Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó que había graves violaciones al derecho de la nacionalidad, identidad e igualdad de protección sin discriminación”.

Por más de un siglo, los haitianos han constituido la mano de obra peor pagada en el país. Usualmente trabajan en el campo y muchos de ellos carecen de servicios básicos. Cristian Martínez señala que el racismo en RD es histórico: “El anti-haitianismo ha sido ejecutado desde los tiempos de Trujillo por los políticos y tiene mucho que ver con el racismo y xenofobia contra personas de descendencia Haitiana y de tez negra. Infelizmente el Dominicano en general se identifica como descendiente español o indígena y niega su negritud porque la identifica con Haití”.

Baluarte se muestra escéptico ante el “plan de regularización” que está promoviendo el gobierno dominicano. “Ese plan es algo que se contempló en una legislación de inmigración de 2004 ya han pasado 10 años y no vemos nada. ¡Enséñeme la persona que esta regularizada en RD! Por un lado hay acciones discriminatorias y por otro lado acciones de la legislatura, del ejecutivo, que aprueban esa discriminación. Eso es lo que se llama racismo institucional”, sentencia el abogado.

Lo curioso es que la xenofobia y el racismo se asocian usualmente con gente de piel blanca. Pero en este caso, los dominicanos son de raza mixta, muchos de ellos son bastante oscuros y resulta curioso que algunos rechacen la negritud. Además hay que considerar que RD tiene una gran diáspora de inmigrantes en Estados Unidos, Europa e inclusive otros países de Latinoamérica. En estos lugares, son objeto de actitudes sorprendentemente similares a las que están exhibiendo hoy en día en contra de los haitianos y sus descendientes.

DOMINICANOS OPINAN:


“El racismo en República Dominicana es un problema muy viejo. Hay todavía gente que se ofende si lo llamas negro, porque lo asocian con los haitianos, que son de piel más oscura y generalmente son más pobres”. Esos dominicanos que discriminan no han vivido fuera y no saben lo que significa ser un inmigrante y sentirte como un extranjero en otro país”. Albeet Linares


“Sí hay racismo en nuestro país. Históricamente siempre lo ha habido. En el pasado se hacían campañas para que los dominicanos no se creyeran tan negros como los haitianos. La discriminación se evidencia en la falta de acceso de los haitianos a vivienda, salud y agua. Una amiga que trabajaba en un hospital me contaba que en la lista de pacientes siempre ponían a los haitianos de últimos. La nueva ley no es justa. No se le puede quitar la ciudadanía a una persona que ha nacido, crecido y formado una vida en nuestro país”. Daily Guerrero


“El racismo en nuestro país tiene la misma esencia del racismo que se vive en otros países que comparten fronteras. En toda Latinoamérica hay discriminación. La mayoría de las veces se discriminan a las minorías porque se les asocian con ignorancia. No estoy de acuerdo con la Ley, hay que reformarla. República Dominicana tiene en sus manos la oportunidad de hacer un cambio y ser un ejemplo para el mundo de tolerancia, aceptación y de respeto con las minorías. Sin haitianos no habría República Dominicana y sin los dominicanos no habría Haití.Las minorías mueven la economía, nosotros necesitamos de ellos, así como ellos de nosotros”. Leonardo Nin

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