El Comité Escolar de las Escuelas Públicas de Boston planea recortar el servicio de autobús escolar a partir del próximo otoño. Los afectados serían los alumnos de séptimo y octavo grado, a quienes se les ofrecería a cambio un pase mensual de la MBTA para que vayan al colegio usando el transporte público de Boston.

La medida permitiría al sistema escolar ahorrarse $8 millones, incluso tomando en cuenta el costo que implica repartir los pases de la MBTA. Estos pases costarían al Departamento Escolar 225 dólares al año por cada estudiante, muy por debajo del costo anual de transporte escolar por cada alumno, que se estima en $1,323.

El recorte, aunque no ha sido oficialmente aprobado todavía, ha sido cuestionado especialmente por los padres, quienes se preocupan por la seguridad de los niños y se preguntan cómo afectaría esto en la puntualidad y asistencia de los estudiantes a la escuela, pues muchos de ellos tendrían que hacer transferencias entre metro y bus, y además existiría la tentación de bajarse en otra parada algún día y faltar a clases.

Además, muchos niños de 12 y 13 años tendrán que salir de casa antes de que salga el sol o llegar a casa cuando ya haya oscurecido.

Otros se preguntan si el sistema de transporte público de Boston está en la capacidad de absorber a más de 4.500 estudiantes adicionales en las mañanas y en las tardes, y si las líneas de autobús circulan con la frecuencia necesaria alrededor de todas las escuelas.

La medida también podría complicar el proceso de asignación de estudiantes en escuelas públicas de la ciudad, pues ahora se requeriría que las familias investiguen las rutas de transporte público cuando evalúen las opciones escolares a escoger.

Otros opinan que es una mala idea porque añadiría un nuevo obstáculo a la ya difícil tarea de llevar a los niños a clases. El diario Boston Globe entrevistó a Susan Trotz, una consejera de estudiantes que trabaja en la escuela Curley K-8 en Jamaica Plain, quien apuntó que una medida como esta acentuaría las diferencias entre clases sociales. Trotz opina que mientras que las familias de clase media tendrían los medios para conducir a sus hijos a la escuela para evitar cualquier malestar con el transporte público, las familias de bajos ingresos podrían optar simplemente por mantener a sus hijos en casa, sobre todo en días en los que haya mal tiempo.

Queda en el aire la pregunta de si realmente vale la pena este recorte en términos económicos, pues los autobuses escolares todavía estarían viajando a la mayoría de las escuelas con los estudiantes más jóvenes dentro, y frecuentemente estos autobuses tienen muchos asientos vacíos.

Pero los funcionarios públicos de las escuelas han manifestado optimismo acerca del recorte y creen que no tendrá un impacto negativo. Alegan que más de 1800 estudiantes de séptimo y octavo grado y unos 200 de sexto grado ya toman el T para trasladarse a la escuela. Brian Ballou, un vocero del departamento Escolar consultado por el Boston Globe, indicó que han visto muy poca variación en la tasa de asistencia escolar entre los niños que toman el T para ir a clases.

Los funcionarios escolares también tienen la intención de probar el programa con alumnos de sexto grado en algunas escuelas, sobre una base voluntaria.

La eliminación del servicio de autobuses requiere primero la aprobación del Comité Escolar.

La asistencia en las escuelas medias de Boston es un gran problema. Un análisis que hizo hace dos años el Boston Globe encontró que 1 de cada 4 estudiantes de escuela intermedia estuvo crónicamente ausente durante el año académico 2010-11, perdiendo más de 18 días.

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