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Por qué no hay un candidato contundente tras elecciones en Guatemala

Si bien dos candidatos presidenciales celebraron el pase a la segunda vuelta, ninguno de los dos podrá sentirse tan cómodo
ELECCIONES. Un fiscal de la mesa electoral muestra una papeleta de votación marcada en Ciudad de Guatemala.

ELECCIONES. Un fiscal de la mesa electoral muestra una papeleta de votación marcada en Ciudad de Guatemala.

Mientras los resultados llegaban con lentitud al centro de procesamiento de datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Guatemala, los electores eran cada vez más conscientes de que al final de la jornada del domingo, 16 de junio, no habría un ganador de las elecciones presidenciales.

De hecho, al cierre de esta nota el TSE solo había procesado 28% de las actas. Con estos datos preliminares, la candidata presidencial de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) Sandra Torres, encabeza la contienda con un 24,17% de apoyo.

La sigue el experimentado político Alejandro Giammattei, del partido Vamos, quien ha alcanzado alrededor de 15,24% del voto. Estos datos no son suficientes para confirmar una tendencia irreversible y afirmar que estos dos candidatos asistirán a la segunda vuelta el próximo 11 de agosto, pero permite saber, si la tendencia no cambia, que Guatemala ha optado por políticos conocidos y de amplio millaje, para alcanzar la Presidencia.

Esto, sin embargo, no implica que estos candidatos gocen de amplio apoyo popular. De hecho el rechazo que ambos generan llega a acercarse; o en el caso de Torres a superar la misma afinidad que los guatemaltecos tienen por ellos.

¿Por qué no hay ganadores con mayor contundencia?

Si bien dos candidatos presidenciales celebraron anoche el pase a la segunda vuelta, ninguno de los dos podrá sentirse tan cómodo, pues esta elección ha mostrado que los guatemaltecos no han dado un mensaje contundente de apoyo ninguna de las opciones.

Solo un 24,17% de los ciudadanos ha decidido darle el voto a quien al cierre de esta nota encabezaba la elección.Ello presenta un reto para la futura legitimidad y gobernabilidad de quien alcance la presidencia y asuma el cargo el próximo 14 de enero.

La razones para este resultado son varias. Por una parte, el sistema político guatemalteco es fraccionado y había al menos cinco para candidatos con opciones de alcanzar la segunda vuelta, según las últimas encuestas.

Por otra parte, Guatemala llegó a estos comicios cansado de la política y con la desilusión de que las esperanzas de construir institucionalidad y derrotar la corrupción se están desvaneciendo rápidamente.

El mismo presidente del organismo electoral, Julio René Solórzano, lo confirmó a El Diario de Hoy la noche del domingo: “Estos no son los resultados que esperábamos. Tendremos una participación considerablemente más baja que la elección anterior”.

Si bien el titular del organismo electoral confirmó que no hubo disturbios significativos ni mayores hechos que lamentar, el ánimo al final de la jornada electoral lucía tibio.

Guatemala no vivió el clima electoral vibrante de hace cuatro años, cuando llegaron a elecciones a pocos días de tumbar un gobierno corrupto. Por el contrario, parecía tener que votar sin esperar mayor cosa. Así lo confirmó Sergio Marroquín, un profesional de la capital que en un centro de votos del centro histórico de la Ciudad de Guatemala se resignó a decir que votó “porque ni modo, había que cumplirle al país”.

En juego la democracia

Si bien el entusiasmo no ha sido el mayor de cara a estos comicios, lo que está en juego es relevante y ese es el gran dilema de Guatemala en este momento.

De acuerdo con el reconocido empresario Dionisio Gutiérrez, quien además preside la Fundación Libertad y Desarrollo, “Guatemala se está jugando la democracia misma”. A su juicio, ha habido un proceso de “criminalización del Estado guatemalteco” que podría continuar si se elige a la persona equivocada.

Su pronóstico no es tan optimista: al menos uno, sino dos, de quienes tienen probabilidades de llegar a segunda vuelta podrían significar un debilitamiento de la ya pobre institucionalidad este país centroamericano.

Daniel Haering, por su parte, considera que el panorama es bastante desolador en Guatemala. A juicio de este politólogo y catedrático de la Escuela de Gobierno, tanto Torres como Giammattei han alcanzado la posición que en la que están simplemente por ser los candidatos más conocidos, pero no gozan de un amplio reconocimiento y aceptación de la sociedad guatemalteca.

Esto plantea muchos riesgos a la hora de gobernar, con un Congreso posiblemente fraccionado y gran parte de la sociedad que aspiraba a presenciar un golpe contundente contra la corrupción y la impunidad y se encontrará con al menos una de las opciones representando a las viejas tendencias que en su momento hicieron despertar a la sociedad guatemalteca y llegaron a tumbar un gobierno.

Esto lo confirma el abogado y analista Edgar Ortiz, quien resumió el resultado como un “triunfo de la vieja política”. El también catedrático de la local Universidad Francisco Marroquín lamentó que ni en Torres ni en Giammattei jugó un rol importante la lucha contra la corrupción.

Este análisis de académicos y del mismo presidente del organismo electoral guatemalteco se tradujo en centros de votación vacíos, sin el brillo que se presenció en los comicios de hace cuatro años.

A espera de resultados oficiales de la participación de guatemaltecos en estas elecciones, es casi seguro que el resultado final se alejará mucho del 71% de guatemaltecos que acudieron a las urnas en 2015. De hecho, a pocas horas de que cerraran las urnas la participación apenas superaba un 50%.

No es para menos, Guatemala está cansada de la política tradicional, en la que actores de diferentes partidos parecían moverse bajo los mismos incentivos. Así lo dijo a El Diario de Hoy Martín Rodríguez Pellecer, director del medio digital Nómada, quien afirmó que al menos tres de las cinco candidaturas que punteaban en las encuestas podrían garantizar la permanencia de estructuras corruptas al interior del Estado.

De cualquier manera, dos personas se verán las caras el próximo 11 de agosto. Los retos que tendrán que afrontar son varios: por un lado atacar las causas que llevan a miles de guatemaltecos a emigrar hacia los Estados Unidos.

Segundo, abordar una de las problemáticas más grandes del país: la corrupción y la sistemática impunidad.

Tercero, tendrán el reto de llevar el Estado no solo en los cascos urbanos sino a los puntos más remotos del país, donde el crecimiento ha sido más lejano.

Los guatemaltecos fueron a dormir la noche del domingo en una aparente clima de pesimismo, pero de cara a la segunda vuelta deberán tomar una decisión y de momento parece ser que esta girará entre Sandra Torres y Alejandro Giammattei.