El mapa de la Tierra que todos conocemos, el que nos enseñaron de pequeños y se sigue enseñando en las clases de geografía en todo el mundo, es tremendamente engañoso. No sólo es una cuestión de dimensiones espaciales (la tierra es esférica en 3D y nuestros mapas son planos en 2D); también este mapa esconde una visión sesgada de nuestro planeta.
Creado por el cartógrafo y geógrafo flamenco Gerardus Mercator en el año 1569, el mapamundi fue hecho con la intención de servir como referencia en la navegación marítima. En este sentido cumple su función, ya que calcula bien las distancias entre Europa y América. Pero también provoca una distorsión del tamaño de los países y continentes. Se da más peso al hemisferio norte que al sur, colocando la línea del Ecuador no en la mitad del mapa, sino un poco más abajo, de manera que el hemisferio norte ocupa dos tercios de la superficie del mapa, y el sur un tercio, además de colocar a Europa en el centro del mapa mismo.
Además, vemos a América del Norte representada con mayor tamaño que África (que es tres veces más grande), Alaska parece el triple de México (aunque cabría perfectamente dentro de México) y Europa se ve relativamente del mismo tamaño que Suramérica, cuando esta última es más de 7.2 millones de kilómetros cuadrados más grande.
¿Por qué continuar con un mapa de más de 400 años que falla en los tamaños? Algunos alegan que se trata de una visión colonialista del mundo. “Creo que hubo una inercia que en definitiva favorecía los intereses de las potencias dominantes del momento, que les agradaba y les agrada. Son los países más visibles, más grandes”, cree José Antonio Aldrey, profesor de Geografía Territorial en la Universidad de Santiago de Compostela, entrevistado por ABC.
Uno de los peligros del mapa de Mercator es que puede hacer que los países agrandados parezcan poderosos e intimidantes. Las Escuelas Públicas de Boston han decidido enseñar un mapa distinto a sus estudiantes, con el objetivo de disminuir los sesgos en el sistema escolar y “descolonizar el plan de estudios”, tal como explica Colin Rose, quien está encargada de la Oficina de Oportunidades de las Escuelas Públicas de Boston.
Unas 600 aulas de escuelas elementales, intermedias y secundarias recibieron ahora impresiones laminadas de mapas de otro cartógrafo, el alemán Arno Peters, que representan con mayor precisión las dimensiones de los continentes y países.
Peters publicó su propia versión cartográfica de nuestro planeta en 1976 y, aunque refleja más fielmente las dimensiones de los continentes, la forma no es tan rigurosa, y tanto África como Sudamérica aparecen demasiado estiradas, al punto de ser criticado por plantear en su mapa una versión más ideológica que técnica de la Tierra.
Sea como fuere, lo realmente cierto es que no existe un mapa perfecto, y es imposible hacer una representación bidimensional de un objeto tridimensional sin errores de proporción.