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Cómo sobrevivir el primer año de maternidad

Ya sea que estés por tener (o hayas tenido) tu primer hijo, el primer año de maternidad es el más desafiante tan sólo por el cambio que implica, por tener más y nuevas demandas y cambios en tu vida y rutina en general. Aún si no fuera tu primer bebé, cada embarazo y niño es diferente y llega con distintas necesidades. Pero como sea, ¡espero que estés lista para la experiencia de tu vida! Porque lo que vivas durante el primer año de maternidad será, para siempre, inolvidable.

Aún más lo será si éste es tu primer hijo. Con el primerizo existe esa “complicidad” de recorrer y comenzar “juntos” un camino totalmente nuevo. Es la primera panza, los primeros síntomas, el primer trabajo de parto…aprender a darle el pecho, ponerle los pañales, los nuevos horarios… nada es en automático. Todo es nuevo, foráneo y desconocido. Y entre todo lo que compone la maternidad y el milagro de una nueva vida, el primer año te brindará tantos altos como bajos, lágrimas y júbilo, frustración y paz, amor y enojo. Pero asi como traer a un hijo al mundo duele, una vez que lo tienes en tu pecho la memoria del dolor se evapora por completo. Lo que era dolor se torno en completa dicha y alegría. Y tal vez es así como se podría resumir el primer año (desafiante) de maternidad—o la maternidad en sí. Y aunque como madre sabes que no lo cambiarías por nada en el mundo, siempre es bueno tener a mano una lista ayuda-memoria que te ayude (valga la redundancia) y acompañe durante ése primer año.

10 Consejos para Sobrevivir el Primer Año de Maternidad

1) Cambia la perspectiva, piensa en servir

Ahora que eres madre es el momento perfecto para cambiar tu perspectiva. Sí, puede que sea un desafío, estirarte un poquito más cuando ya te estiras demasiado. Te sentirás agotada, al borde de un ataque de nervios, y estrás constantemente poniendo tus necesidades en segundo lugar. Es difícil pero también es fantásticamente gratificante. No sólo serás testigo privilegiado de ver una vida crecer y formarse, sino que tú también crecerás con tu hijo—en muchas formas y niveles tú también estarás desarrollándote y creciendo, madurando. Y si dentro de este proceso cambias tu forma de ver tus deberes como madre de lo que sacarás de eso a verlo como que estás sirviendo y entregando lo mejor de ti desde lo que mejor de ti, a cómo puedes dar y ayudar más, verás como todo fluye con más facilidad, casi sin esfuerzo, y por ende, sin que haya (mucho) lugar para la frustración. Este simple cambio de perspectiva te ayudará no sólo a crecer como persona sino a ser mejor madre.

2) Acepta ayuda y apoyo

Tus amigos y familiares vendrán de todos partes para ver a tu recién nacido. Pero también para verte a tí. Aprovecha la oportunidad para dejarte cuidar y atender. Déjate abrazar y mimar. Deja que hagan cosas por ti si lo desean hacer y lo necesitas. Pedir y aceptar ayuda no es signo de debilidad, sino de entereza y fortaleza interior.

Pero amén de todo, organízate para tener tiempo contigo misma también. Es decir, cuando llegues del hospital con tu bebé necesitarás espacio y tiempo contigo misma y tu hijo para poder ajustarte a la nueva vida. Crea una agenda de visitas para que ni tu ni tu bebé se sientan abrumados y estresados. Por eso, deja que tu esposo o pareja, tus amigos, vecinos, familiares te ayuden—desde hacerte los mandados, vigilar el bebé mientras tomas una siesta o hasta un baño de sales. Aprovecha esta oportunidad para practicar “recibir”. Estarás dando mucho de ti. Mímate dejando recibir de los demás. Tip: Recuerda que estarás más sensible. No te exijas más de lo que puedes dar, acepta ayuday evita la auto crítica.

3) Crea lazos sanos

Una de las cosas más importantes que uno puede hacer por su niño es crear lazos y relaciones sanas en el ambiente donde crece—su casa. Estos lazos se pueden transformar en lazos de apego saludables que todo ser humano necesita para sobrevivir y sobresalir más adelante en la vida. Por eso es importante que los desarrolle de muy temprana edad.

Durante el primer año es necesario crear la seguridad del ambiente que el bebé siente en el vientre de la manera más natural posible sin exceso de estimulación externa para que desarrolle su instinto básico de confianza.

El otro elemento clave es tener a tu niño lo más cerca posible a ti posible (contacto físico para crear seguridad del ambiente que lo rodea), y también respondiendo a sus necesidades lo cual crea una base emocinal fuerte y segura en el bebé. Una de esas formas de crear confianza, lazos de relación y seguridad es darle el pecho (si fuera posible). La presencia tuya continua es lo que desarrolla la base de lazos fuertes de relación.

4) Aprende cómo relajar a tu bebé

Este punto está muy relacionado con el anterior. Una de las tareas de desarrollo más importantes del bebé en su primer año es comenzar a mover y regular la energía en su cuerpo—o lo que se llama autoregulación lo cual colaborará intrínsicamente con tu estado de relajación y armonía en general. Los pediatras lo clasifican en distintas poses: empañar, acostarlo sobre su estómago o de costado, amacarlo, silenciarlo con ruiditos, y dejarlo que succione. Cada una de esas actividades ayuda a calmar el sistema nervioso del bebé en especial cuando está desbalanceado. Cuánto más practiques estas técnicas, más rápido lograrás con el tiempo que tu bebé se balancee y encuentre solito “su centro” en el futuro. Esto también te hará sentir más competente y segura lo cual tu bebé también percibirá. Y que al final del día contribuirá increíblemente a la armonía general de la casa.

5) Exprésate y comparte

La camadería es un aspecto clave para encontrar apoyo durante la maternidad. Pasarás por momentos de gozo extremo hasta momentos de desesperación y frustración. Por eso es importante que no sólo expreses y compartas tu amor sino que halles la forma saludable de expresar las frustraciones y de pedir ayuda cuando la necesites. Comparte lo dulce y lo amargo. Refugiáte en la solidaridad y comprensión de otros padres.

6) Acepta los cambios de tu cuerpo

Muchas madres, algunos padres también, ven un cambio masivo a nivel físico durante el primer año de paternidad. (Sí, no sólo las mujeres ganan peso sino también muchos hombres. Será el estrés, un tema de ósmosis…algunos doctores dicen que ellos pasan también por cambios hormonales y que absorben los cambios biológicos de la mujer.) Dejando de lado los “por qués”, el tema es que los cambios son, para muchos, bien visibles. Además de eso se suma la falta de descanso y la decaída en la vida sexual de la pareja, lo que puede llevar a generar tensiones y algunos desencuentros. Lo que sí es necesario recordar que todos esos cambios son naturales y no necesariamente permanentes, y que la mejor manera de que el primer año de maternnidad sea lo menos complicada y estresante posible es aceptar lo que es/sucede sin juzgar los cambios ni resentirlos; es hallar un balance y la prioridad de las cosas del día a día.

Haz lo que mejor que puedas con lo que tienes. Busca la manera de comer sano, mantenerte activa, hidrarte bien, y mantener tu vida íntima y sexual sana. Verás como todo lo demás llega solo, sin pensarlo ni estresarlo.

7) Pon atención a lo que te irrita

Hay algo que casi está garantizado, y es que viejas heridas volverán a sangrar durante la maternidad/paternidad. Es casi inevitable. Pero la bendición de este proceso es que si vuelven a sangrar allí está tu oportunidad de curar el pasado y dejarlo ir sin necesidad de recrearlo en tu presente. Para ello, debes estar atenta de lo que te irrita, molesta, pone triste, hace enojar. Nada es por que sí. Si algo te molesta, lo más seguro es que sea por algo. Y lo segundo más seguro es que no tiene nada que ver con la persona que crees que lo causó o el incidente. Sino que hay algo en ti que se reactivó. Algunos padres se reactivan cuando el niño llora, otros cuando reciben más atención que ellos mismos, etc. Lo importante es que no juzgues tu lado oscuro ya que está allí para mostrarnos el camino “a la luz”, para crecer, y evolucionar a una versión cada vez más mejorada de nosotros mismos.

8) Cuídate, dedícate tiempo

Ahora que tienes un bebé, dedicarás toda tu energía y concentración a cuidarlo. Por eso mismo, y aunque suene paradójico, es más que importante que hagas lo mismo contigo misma—que busques esos cinco minutos para dedicártelos a ti misma. Ya sea que vayas a cortarte el cabello, a tomarte un baño de sales, a tener una cita con tu pareja, a salir a caminar con tu amiga, o a dormir una siesta. Si no te cuidas no podrás darle el cuidado a tu niño que necesita, y más aún, la calidad de cuidado que necesita.

Acunarlo con estrés, a las corridas porque estás agotada, sólo lograrás que no se duerma ni relaje, y peor aún, que absorba tu estrés y frustración. Así que cuidarte pasa a ser también parte de tus listas de prioridades.

9) Confía en el proceso

Uno de los factores actuales muy presentes en la paternidad de hoy es que se busca que el desarrollo de los niños suceda de determinada manera y en determinado tiempo, como forzado por así decirlo. Pero como siempre, la naturaleza es sabia. Por lo cual es importante dejar que tu niño crezca y se desarrolle en sus propios tiempos.

Lo único que tu debes hacer es apoyar y cuidar de su desarrollo, pero lo que no necesita es una agenda, o un resultado determinado. Durante el primer año es muy importante que confíes en que tu niño se desarrollará como una flor en primavera, florecerá a su tiempo. Tu sólo debes apoyar y proveer para que ese desarrollo ocurra, lo demás deja que la naturaleza se encargue y cuide del resto que bien sabe cómo hacerlo.

10) Fusiónate con lo que hagas

Aunque sea el último punto eso no significa que sea menos importante que los demás. Estar presente cuando haces algo con tu bebé, lo bañas, lo cuidas, le das el pecho, juegas con él es sumamente clave. Si le das el pecho a tu hijo, conecta con él, míralo, bserva la conexión y el fluir energético en todas sus formas, desde él hacia ti y viceversa. Siente la unión y comunión con tu niño.

Tal vez una de las lecciones más fascinantes de ser padres es la oportunidad de reconectar y fusionar con el momento presente en su absoluta emergencia desde la esencia pura y natural de quiénes en realidad somos.