Casi dos décadas después de su publicación, académicos señalan estudios que se ajustan con el patrón identificado por los investigadores.
Casi dos décadas después de su publicación, académicos señalan estudios que se ajustan con el patrón identificado por los investigadores.

En el libro Crime is not the problem (El Crimen no es el problema, 1999), dos investigadores de la Universidad de Berkley, Franklin Zimring y Gordon Hawkins, muestran los hallazgos de una investigación de 1997 que indica que si bien Estados Unidos no tiene una tasa de criminalidad significativamente alta en comparación con otros países ricos del hemisferio norte, el número de crímenes letales sí son más altos. 

Vox recoge los hallazgos de la investigación: según los académicos, los datos se mantienen vigentes y apuntan a que los criminales estadounidenses matan a más personas que sus contrapartes en otros países desarrollados. ¿Por qué? El número de armas parece ser lo que hace esta diferencia.

La delincuencia no es el problema  

Los investigadores analizaron las tasas de crímenes y de muertes violentas de unos 20 países desarrollados, y no encontraron, prácticamente, ningún vínculo entre ambas.  

  • Es decir que el nivel de muerte violenta de un país no estaba determinado por sus niveles generales de delincuencia.
  • Presentan los ejemplos de Inglaterra, Japón y Países Bajos. El primero tiene la tasa más baja de muertes violentas y una tasa de crímenes promedio. Japón sigue con la menor tasa de muertes violentas y tiene la tasa más baja de crímenes. Y en los Países Bajos, que sigue con la menor tasa de muertes violentas después de Japón, tiene la tasa más alta de crímenes. 
  • Los investigadores resaltaron: «Las tasas de delitos contra la propiedad común en los Estados Unidos son comparables a las reportadas en muchas otras naciones industriales occidentales, pero las tasas de violencia letal en los Estados Unidos son mucho más altas», escriben. «La violencia no es un problema de delincuencia».
  • Analizando casos en la ciudad de Los Ángeles, señalan que una gran proporción de los homicidios en esta localidad surgen de peleas, discusiones y encuentros entre conocidos. Por otro lado, una pequeña proporción de casos de homicidios inician con robos o casos de violación. Los investigadores señalan que no hay razón para creer que el patrón difiere en otras ciudades. Y aquí es donde las armas juegan un papel.

Las armas escalan un conflicto a un homicidio 

Según Zimring y Hawkins, la sola presencia de las armas hace que una situación tensa se vuelva mortal. En un enfrentamiento entre pandillas o el robo a un local o negocio siempre existe el riesgo de que el resultado sea violento, pero con un arma a la mano, las probabilidades de que se vuelva un asesinato son mayores. 

  • Harold Pollack, codirector del Laboratorio Criminalístico de la Universidad de Chicago, calificó el libro de Zimring y Hawkins como «una excelente fuente». Casi dos décadas después de su publicación, en 2015, señaló estudios que se ajustan con el patrón identificado por los investigadores. 
  • Pollack también compartió la teoría de los investigadores de Berkeley, sobre la facilidad con que las armas escalan un conflicto a la violencia letal y así, aumentando las tasas de homicidios.
  • Nueva York, por ejemplo, no redujo de forma efectiva las tasas de uso de heroína ni resolvió problemas subyacentes, como la pobreza, elementos  que los defensores de las armas señalan como causas de la violencia armada. Sin embargo, endureció sus leyes de acceso a las armas, lo que coincidió con menos violencia. 
  • «La proliferación de pistolas estándar es realmente nuestro problema», dice Pollack. «Si reguláramos las armas de la forma en que Inglaterra regula las armas, ciertamente tendríamos una tasa de homicidios mucho más baja».

Con información de: Vox

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