Por The Boston Globe

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A medida que ha avanzado el proceso de vacunación contra el COVID-19 en Estados Unidos, muchas inquietudes se han presentado en relación a las vacunas. Así que para resolver ciertas dudas y abordar los conceptos erróneos que circulan por Internet, a continuación presentamos algunos mitos comunes y la verdad detrás de cada uno de ellos.

Mito: Las vacunas COVID-19 se desarrollaron demasiado rápido como para ser seguras

Es comprensible que las personas tengan esta preocupación. Las vacunas se crearon en un tiempo récord, dos de ellas con una tecnología novedosa. El proyecto gubernamental que lideró los esfuerzos incluso se llamó «Operación Warp Speed».
Pero en realidad, la tecnología de ARNm detrás de las vacunas Pfizer y Moderna había estado en desarrollo durante casi dos décadas, y una característica clave de la tecnología es su capacidad para producir las vacunas rápidamente.

Al probar las vacunas por seguridad y eficacia, no se saltaron pasos. Se siguió el mismo proceso que con cualquier vacuna, pero para acelerar las cosas, las compañías farmacéuticas realizaron diferentes fases de la investigación simultáneamente, en lugar de secuencialmente. Los voluntarios se inscribieron de forma rápida. Y los fabricantes de medicamentos comenzaron a crear la vacuna incluso antes de saber si sería autorizada, por lo que las dosis estaban listas de inmediato.

Con la decisión de permitir las vacunas para uso de emergencia, la FDA tuvo amplia evidencia de estudios en los que participaron decenas de miles de voluntarios. Y en los meses posteriores, después de que millones las fueron vacunados, estas seguían demostrando su seguridad y eficacia.

Mito: Las vacunas COVID-19 alteran el ADN de las personas

Ese rumor surgió, muy probablemente, porque dos de las vacunas usan un método genético que la mayoría no entiende: el ARN mensajero o ARNm.

Pero no es necesario un curso de genética para comprender este simple hecho: la vacuna de ARNm no puede afectar su ADN porque nunca se acerca a él. Entra en la célula, pero no tiene acceso al núcleo donde se almacena el ADN.

En cambio, el ARNm instruye a las células para que produzcan la «proteína de pico» del coronavirus, que hace que el cuerpo cree anticuerpos. El ARNm se disuelve rápidamente y también lo hace el pico, pero los propios anticuerpos del cuerpo permanecen, preparados para atacar al coronavirus real en caso de que aparezca.

La vacuna Pfizer COVID-19 en Tufts Medical Center, donde los miembros del personal de primera línea fueron los primeros en recibir la vacuna Pfizer COVID-19. (David L Ryan/Globe Staff )

Mito: Las vacunas COVID-19 pueden causar infertilidad

No es cierto. Esto surgió a partir de otro malentendido de la biología humana. Un informe erróneo publicado en las redes sociales indicaba que la proteína de pico en el coronavirus es la misma que la involucrada con el crecimiento de la placenta. Pero eso no es así. Las dos proteínas de pico son completamente diferentes y la vacuna no ataca la placenta ni afecta la fertilidad.

Mito: Las vacunas COVID-19 tienen componentes misteriosos que podrían tener efectos a largo plazo

No hay ningún misterio. Los componentes de la vacuna se enumeran en el sitio web de los CDC. Incluyen ingredientes típicos de las vacunas, como una cápsula de grasa para proteger el ARNm, las sales y un poco de azúcar. No incluyen tejido pulmonar fetal ni microchips para rastrearte. Esas son teorías de la conspiración sin base de hecho.

En los raros casos en que las vacunas causan problemas, se identifican en dos meses, generalmente en días.

Mito: Es mejor para las personas jóvenes y saludables confiar en su propio sistema inmunológico que arriesgarse a vacunarse

Es importante poner en una balanza los efectos secundarios de la vacuna frente a los riesgos de contraer COVID-19.

Se debe analizar lo que está sucediendo en todo el país. El COVID-19 está aumentando entre las personas no vacunadas. En comunidades con bajas tasas de vacunación, miles se enferman y mueren, y los hospitales se están quedando sin camas de cuidados intensivos.

Jóvenes que eran saludables contrajeron el coronavirus y han tenido que ser hospitalizados con ventiladores en incluso algunos algunos han muerto. Muchos de los que sobreviven al COVID-19 (del 10 al 30 por ciento) padecen síntomas persistentes, especialmente fatiga y confusión mental que les impide trabajar.

Puedes comparar eso con los efectos secundarios de la vacuna. Algunas personas presentan un poco de fiebre o se sienten cansadas durante un día; la mayoría no presenta síntomas más allá de un brazo adolorido. Las reacciones alérgicas graves ocurren en una de cada 100,000 inyecciones, pero se manifiestan instantáneamente y pueden revertirse rápidamente con medicamentos; por eso hay que estar en observación durante 15 minutos después de la inoculación.

Enfermera Samantha Schuko, prepara una dosis de la vacuna Moderna en el Gillette Stadium / CIC Health COVID-19 Vaccination Site, el primer sitio de vacunación a gran escala en Massachusetts. (Jessica Rinaldi / Globe Staff)

Las enfermedades graves asociadas con las vacunas COVID-19 (coágulos de sangre e inflamación del corazón) son extremadamente raras después de la vacunación. Es mucho más probable que ambas afecciones sucedan como resultado de la infección por coronavirus.

Y sí, es cierto que las personas jóvenes a menudo solo sufren síntomas leves de COVID-19 (aunque, de nuevo, algunos se enferman gravemente). Pero de ser su caso, usted no vive solo en una isla desierta. Si se contagia y todo corre bien, de igual forma puede infectar a otra persona que no tenga la misma suerte. ¿De verdad quiere ser el responsable de enfermar de muerte a un ser querido o incluso a un extraño?

Nada en la vida está libre de contratiempos. Pero la vacuna COVID-19 es un caso claro en el que los beneficios superan con creces los riesgos.

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