Donald Trump
FINANZAS. Mientras fue presidente, las propiedades de Trump le cobraron al gobierno de Estados Unidos más de $2,5 millones. | Foto: Efe.

El expresidente Donald Trump le cobró al Servicio Secreto más de $40 mil esta primavera, por concepto de alquiler de las habitaciones que usó el propio equipo protector de Trump mientras lo custodiaba en su Club Mar-a-Lago, según los registros de gastos federales.

Los datos muestran que el club de Trump cobró al Servicio Secreto 396,15 dólares cada noche a partir del 20 de enero, el día en que dejó la Casa Blanca y se mudó a tiempo completo a su club de Palm Beach, Florida.

Esos cargos, finalmente pagados por los contribuyentes, continuaron hasta al menos el 30 de abril, según muestran los registros de gastos, por un total de $40 mil 011 con 15 centavos. Los cargos fueron por una habitación individual utilizada como espacio de trabajo por agentes del Servicio Secreto, según una persona familiarizada con los pagos.

El Servicio Secreto publicó los registros de gastos hasta el 30 de abril. Trump se quedó en Mar-a-Lago más de una semana antes de mudarse a su club de Bedminster, Nueva Jersey, para el verano. No estaba claro si continuó cobrando al Servicio Secreto hasta mayo.

Los registros que documentan los cargos fueron publicados por el Servicio Secreto en respuesta a una solicitud de The Washington Post. Son la primera evidencia de que Trump ha continuado con una práctica controvertida y lucrativa, cobrar alquiler a sus propios protectores en su post presidencia.

Mientras fue presidente, las propiedades de Trump le cobraron al gobierno de Estados Unidos más de $2,5 millones, a menudo para que los agentes del Servicio Secreto pudieran usar las habitaciones cercanas a él.

La Organización Trump no respondió a las solicitudes de comentarios. La oficina del exmandatario y el Servicio Secreto rechazaron declarar.

La tarifa que Trump facturó al Servicio Secreto en su resort de Florida es la misma que la tarifa de $396,15 por habitación que cobró como presidente.

Esta primavera, los agentes alquilaron menos habitaciones en comparación a cuando Trump visitó Mar-a-Lago como presidente; en ese entonces, según muestran los registros, alquilaron cuatro o cinco habitaciones en el club por cada noche que Trump estuvo allí. Pero los costos de la habitación individual en los últimos meses se sumaron porque Trump estaba en Mar-a-Lago todas las noches, no solo los fines de semana y las vacaciones.

El resultado final: el Servicio Secreto pagó a Mar-a-Lago casi tanto en la primavera de 2021 como lo había pagado durante períodos comparables en 2018 o 2019.

La decisión de Trump de cobrar el alquiler del Servicio Secreto es inusual, tanto para un presidente en funciones como para un exmandatario.

Los expresidentes obtienen la protección del Servicio Secreto de por vida. Pero el año pasado, The Washington Post habló con historiadores y representantes de presidentes recientes y no pudo encontrar otro ejemplo de un presidente cobrando el alquiler del Servicio Secreto en esta escala.

El paralelo más cercano a Trump fue el hombre que lo sucedió: Joe Biden. Mientras estaba protegido como vicepresidente, Biden cobró al Servicio Secreto $2 mil 200 por mes para usar una cabaña en su propiedad en Delaware. En total, Biden recibió $171 mil 600 entre 2011 y 2017.

Biden no ha cobrado el alquiler del Servicio Secreto desde que asumió la presidencia en enero, informó un portavoz de la Casa Blanca.

Los historiadores dijeron que estaban sorprendidos de que Trump todavía estuviera cobrando al Servicio Secreto, considerando que los expresidentes tienen derecho a una variedad de otros beneficios financiados por los contribuyentes, incluido el personal remunerado y una pensión de $219 mil por año.

“Es de mal gusto”, dijo Jeffrey A. Engel, director del Centro de Historia Presidencial de la Universidad Metodista del Sur. “El hecho de que puedas ganar dinero no significa que debas ganar dinero. Y especialmente cuando tienes una situación en la que eres un ex presidente. No te vas a morir de hambre”.

Por David A. Fahrenthold y Josh Dawsey/The Washington Post.

Traducción libre del inglés.

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