DIÁLOGO. Kamala Harris, durante una reunión virtual bilateral con el presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei (en la pantalla), sobre la crisis migratoria, el 26 de abril de 2021. | Foto: Efe/Oliver Contreras.

Kamala Harris, vicepresidente de Estados Unidos, lidera los esfuerzos de la administración Biden para disuadir a la gente de dejar los países del Triángulo Norte de Centroamérica, a través de programas diseñados para crear más estabilidad económica y política en la región.

Ante a una oleada de cruces ilegales en la frontera entre Estados Unidos y México, la administración Biden ha dicho que espera ver un compromiso por mejorar las condiciones en Guatemala, El Salvador y Honduras como parte de un esfuerzo por reducir la migración.

Pero campañas similares bajo administraciones anteriores no han logrado un progreso significativo en el Triángulo Norte, lo que ha provocado picos cíclicos migratorios en la frontera desde 2014; y la corrupción entre altos funcionarios centroamericanos ha complicado los esfuerzos de Estados Unidos para negociar con líderes que tienen poca voluntad política de reforma.

“El desafío general es que ellos (la administración Biden) realmente quieren cambiar las condiciones que empujan a la gente a irse, y algo de eso requiere cambios realmente fundamentales en la forma en que la gobernanza y las instituciones funcionan en estos países”, explicó Andrew Selee, presidente del Migration Policy Institute, un grupo de expertos no partidista. “Y eso es algo difícil de hacer para el gobierno de Estados Unidos”.

Harris tiene la tarea de liderar las negociaciones estadounidenses sobre migración, asumiendo un papel que tuvo Biden bajo la administración de Barack Obama; y que conlleva importantes riesgos políticos. Esta semana, se reunió virtualmente con el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, y líderes comunitarios. En su agenda está reunirse virtualmente con el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, el 7 de mayo. A principios de junio se prevé que viaje a la región.

La Casa Blanca aún no ha publicado un plan detallado para sus acciones diplomáticas, pero Harris ha señalado los esfuerzos de Biden cuando fue vicepresidente como un modelo, centrándose en las “causas fundamentales” de la migración, incluida la corrupción, la pobreza y la violencia.

“La mayoría de la gente no quiere salir de casa”, dijo Harris durante una reunión reciente con expertos. “Y cuando lo hacen, generalmente es por una de dos razones, o una combinación de las dos: están huyendo de algún daño o quedarse en casa es permanecer en una posición en la que no hay oportunidad de satisfacer las necesidades esenciales”.

Según algunas métricas, las condiciones han empeorado desde los años de Obama. Los líderes de los tres países enfrentan acusaciones de corrupción o han tomado acciones antidemocráticas que han alimentado la inestabilidad política. Los programas anticorrupción que alguna vez promovió Estados Unidos se han disuelto en su mayoría y el crimen organizado ha proliferado. Más recientemente, los huracanes y la pandemia del coronavirus han devastado sus economías.

Durante una reunión con Giammattei, Harris anunció 310 millones de dólares en ayuda humanitaria adicional de Estados Unidos y asistencia alimentaria para los países del Triángulo Norte.

Pero muchos expertos en migración cuestionan toda la premisa de disuadir la migración a través de la asistencia para el desarrollo, argumentando que, a corto plazo, el crecimiento económico conduce a más migración: ya que más personas pueden pagar el viaje.

Incluso los avances en seguridad no siempre conducen a una disminución de la migración: en Honduras, la tasa de homicidios se redujo a la mitad entre 2012 y 2019 y, sin embargo, el éxodo de hondureños aumentó.

Muchos de los esfuerzos que comenzaron alrededor de 2014 no lograron mantener el impulso hacia el final de la administración Obama ni los primeros años de Trump, según los expertos.

Por ejemplo, el programa de ayuda de mil millones de dólares que Biden negoció como vicepresidente carecía de coordinación sobre el terreno, y produjo resultados mixtos, según el informe 2020 del Wilson Center.

Eric Olson, uno de los autores principales del informe, dijo: “Todavía no nos hemos ocupado de los problemas subyacentes. Seguimos lidiando con esto como una emergencia (…) El enorme desafío diplomático es responder adecuadamente a la emergencia sin perder de vista el objetivo, la visión o el resultado a largo plazo que queremos, y claramente el pueblo centroamericano quiere”.

Fuente: Michelle Ye Hee Lee y Kevin Sieff/The Washington Post.

Traducción libre del inglés.

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