Un hombre ingresa a las oficinas de La Colaborativa en Broadway, que sirve como sitio de vacunación COVID-19 de Chelsea. (Jesse Costa / WBUR)

Simón Rios y Tibisay Zea/ WBUR

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Al comienzo de la pandemia Joaquin Lux pensó que se estaba muriendo.

«No tengo aire», le dijo Lux en español a un periodista, mientras yacía en una cama de hospital en Boston.

Un año después, el residente de Chelsea agradece a Dios que sobrevivió al COVID-19, pero aún presenta importantes secuelas. Lux comenta que se siente cansado y le cuesta respirar cuando camina mucho o corre incluso un poco. «No me siento igual (que antes del COVID)».

Ahora Lux se enfrenta a un nuevo desafío: vacunarse.

Después de ingresar a una clínica en el centro de Chelsea la semana pasada, se enteró de que no era elegible para una vacuna, a pesar de sus persistentes problemas de salud y el temor de contraer el virus nuevamente.

«Por favor, avíseme cuando pueda calificar», le dijo a la recepcionista en la clínica, dirigida por La Colaborativa, una organización sin fines de lucro con sede en Chelsea.

Lux dice que casi muere de COVID-19 al comienzo de la pandemia. (Simón Ríos/WBUR)

A los 59 años, Lux aún no tenía la edad suficiente para vacunarse. Pero esta semana recibió buenas noticias. Tres meses después de que se administraron las primeras vacunas en Massachusetts, el estado amplió la lista de ocupaciones que califican para la vacuna incluyendo a trabajadores de la industria alimentaria como él. Lux ahora tiene una cita para vacunarse.

La semana pasada su trabajo en una planta de fabricación de salchichas no lo hacía elegible. A pesar de que el estado considera el procesamiento de alimentos como un servicio esencial, la clínica le informó que no era uno de los trabajos con prioridad para la vacuna. (El estado agregó a los trabajadores del servicio de alimentos a la lista de empleos esenciales apenas a principios de esta semana).

En abril de 2020, WBUR y El Planeta ayudaron en identificar a Chelsea como el epicentro del brote en Massachusetts, antes de que el estado comenzara a publicar las cifras de contagio en cada pueblo y ciudad.

Los casos en Chelsea han disminuido desde su pico el invierno pasado. Pero ahora la ciudad enfrenta un nuevo problema: las bajas tasas de vacunación entre los latinos, que representan a la mayoría de sus residentes.

Solo el 11% de los residentes hispanos de la ciudad han sido vacunados, en comparación con el 37% de los residentes blancos, según datos estatales, lo que refleja una disparidad registrada en las ciudades de Massachusetts. WBUR le encontró varias explicaciones a esta brecha.

¿Quién tiene prioridad y quién no?

Muchos residentes de Chelsea tienen trabajos esenciales en los que podrían estar potencialmente expuestos a personas portadoras del virus. Pero hasta esta semana, el estado limitaba en gran medida las vacunas a un puñado de profesiones, como trabajadores de la salud, socorristas y maestros.

El lunes, el estado amplió drásticamente la lista de trabajadores que pueden vacunarse, agregando empleos como taxistas, conserjes, cocineros y empacadores de supermercados.

Después de recoger los suministros de La Colaborativa los residentes de Chelsea pasan los alimentos de las cajas a los carritos en el callejón de Chelsea Walk. (Jesse Costa / WBUR)

Pero muchos trabajadores esenciales como Lux siguen esperando su turno.

Dinanyili Paulino, quien ayuda a coordinar la ayuda para las personas que se recuperan de la pandemia, dice que muchos más latinos se habrían vacunado si el estado no hubiera esperado tanto para permitir que los empleados de supermercados y tiendas de conveniencia, entre otros trabajadores esenciales calificaran para la vacuna.

«¿Por qué tenemos que esperar para ser una prioridad si somos (los que) nos aseguramos de que este estado siga funcionando?» comenta Paulino, quien trabaja para La Colaborativa. «¿Quién crees que debería estar distribuyendo la fruta a los supermercados para que puedan estar en tu mesa?»

Además, el estado también priorizó las vacunas para las personas mayores, consideradas las más vulnerables frente a la enfermedad. Massachusetts inicialmente ofreció la vacuna a personas en centros de atención integral y cuidados a largo plazo, entre otros como hogares de ancianos, luego a personas con 75 años o más, después 65 y finalmente 60 años o más esta semana.

Pero esa decisión también hizo que los latinos quedaran rezados en el proceso de vacunación. Las cifras del censo de EE. UU. muestran que las personas blancas en Massachusetts tienen aproximadamente tres veces más probabilidades de ser mayores de 65 años en comparación con los residentes hispanos.

Vacunación

Muchos residentes hispanos también se muestran cautelosos a la hora de vacunarse, incluso si reúnen los requisitos.

Una encuesta marista de NPR encontró que el 37% de los latinos a nivel nacional dijeron que no recibirían la vacuna, un porcentaje mucho más alto que el de los encuestados blancos y afroamericanos.

Elida Acuña-Martínez, intérprete médica del East Boston Neighborhood Health Center, indicó que ha notado que la mayoría de los pacientes de habla hispana llegan con dudas sobre la vacuna, repitiendo teorías de conspiración publicadas en redes sociales o contadas por amigos.

«Creen que la vacuna no es segura, que la gente ha muerto a causa de ella, que hay material fetal en la vacuna, y eso va contra la religión debido al tema del aborto», afirma.

Acuña-Martínez señala que la mayoría de los pacientes están dispuestos a vacunarse después de que los médicos les explican cómo puede beneficiarlos la inmunización.

Pero una persona que probablemente no cambiará pronto de opinión es Suyapa Pérez, quien practica la medicina natural en su casa ubicada en Saugus y vivió en Chelsea durante dos décadas. Ella dice que los funcionarios de salud pública no han dado respuestas satisfactorias a preguntas clave, tales como si es posible contraer el virus después de vacunarse o cuándo pueden dejar de usarse las mascarillas.

Y sin respuestas, Pérez dice que no se vacunará.

Massachusetts está tratando de cambiar la mentalidad de los escépticos de las vacunas. El estado ha invertido $2.5 millones en una campaña de difusión en varios idiomas que se centra en comunicar los beneficios de la vacuna y resaltan que es totalmente segura. También está dirigiendo fondos a 20 de las comunidades más afectadas por la pandemia, proporcionando millones en ayudas adicionales para apoyar a las clínicas y a la divulgación de información.

Los activistas en Chelsea aseguran que para marcar realmente la diferencia, el trabajo debe realizarse en las calles, cara a cara con los residentes. El fin de semana pasado, el personal de La Colaborativa se propuso hacer eso. Con más de una docena de médicos, los organizadores llamaron a las puertas de 500 residentes de Chelsea para abordar sus preocupaciones.

La pregunta que más se repitió entre las personas: cuándo podrían vacunarse.


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