Desde el 20 de enero el presidente Joe Biden ha estado marcando la política exterior que seguirá su Administración durante los próximos cuatro años. En sus primeras decisiones revirtió acciones que había tomado el exmandatario Donald Trump, pero en otros escenarios como la postura con China, Corea del Norte o Rusia podría no variar tanto.

Apenas asumió la presidencia, Biden aprobó el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París, que busca un marco global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y frenar el cambio climático; y ordenó suspender la salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El reingreso al Acuerdo de París tomará 30 días en hacerse efectivo. Trump había abandonado el pacto en 2017. Para analizar la política internacional que tomará la nueva Administración vale destacar los primeros contactos y declaraciones de los nuevos funcionarios estadounidenses.

Esta semana se conoció la primera comunicación de Biden con su homólogo Vladimir Putin, quien solicitó una “normalización” en las relaciones bilaterales. Ambos hablaron sobre las protestas opositoras en Rusia y la posibilidad de mantener el tratado de armas nucleares Start, a vencer en febrero. Acordaron estar en contacto en el futuro.

En su momento, Trump fue criticado por no mostrar una posición más firme ante Rusia mientras las agencias de Seguridad de Estados Unidos han denunciado presuntos ataques cibernéticos desde ese país.

Con China todo indica que se mantendrán las tensiones, debido a la postura de ambos gobiernos. Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo a inicios de semana que están “en una competencia seria” con el país asiático y abogó por adoptar una “paciencia estratégica”.

Psaki añadió: “Lo que hemos visto en los últimos años es que China se ha vuelto más autoritaria en el país, y más asertiva afuera. Pekín ahora desafía nuestra seguridad, prosperidad y valores de una forma significativa que requiere un nuevo enfoque de Estados Unidos. Esa es una de las razones por las que queremos abordar esto con paciencia estratégica. Queremos realizar revisiones internas. Queremos involucrarnos más con republicanos y demócratas en el Congreso y, lo que es más importante, queremos discutir esto con nuestros aliados”.

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El Ministerio de Defensa chino, por su parte, reaccionó el jueves 28 de agosto advirtiendo que contenerlo “es una misión imposible”. Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca aumentaron las tensiones militares, a propósito de la disputa por Taiwán y el mar de China Meridional.

Sobre Taiwán, reclamado por China como su territorio, el Ministerio de Defensa amenazó al decir que su independencia “significa guerra”.

Otro conflicto que se mantiene es con Corea del Norte, cuyo líder Kim Jong-un declaró el pasado 9 de enero que Estados Unidos es su “mayor enemigo”, de acuerdo con medios oficiales reseñados por la agencia Reuters.

La declaración del líder norcoreano representó un claro desafío al presidente Biden, quien se preparaba para arribar a la Casa Blanca. “Nuestras actividades políticas en el extranjero deben enfocarse y redirigirse a someter a Estados Unidos, nuestro mayor enemigo y principal obstáculo para nuestro desarrollo innovador”, declaró Kim.

El régimen de Pionyang considera que, independientemente de quien esté en la Casa Blanca, no cambiará la política estadounidense sobre ellos.

Cuba y Venezuela, en el ojo de la nueva Administración

Más cerca del territorio estadounidense, en Cuba, la Casa Blanca si podría cambiar la política adoptada por Trump, según informó Jen Psaki el jueves. Durante la gestión de Barack Obama, en la que Biden fue vicepresidente, se buscó ampliar los lazos diplomáticos con La Habana.

“Nuestra política hacia Cuba está guiada por dos principios. Primero, el apoyo a la democracia y los derechos humanos, eso estará en el centro de todos nuestros esfuerzos. El segundo es que los estadounidenses, especialmente los cubano-estadounidenses, son los mejores embajadores de la libertad en Cuba. Así que revisaremos las políticas de la Administración Trump”.

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En Venezuela, donde Trump aplicó sanciones individuales a funcionarios del régimen de Nicolás Maduro y más amplias como a la industria petrolera, Biden seguirá presionando para lograr un cambio democrático en el poder.

Antony Blinken, nuevo secretario de Estado, calificó a Maduro como un dictador brutal. Ante el Senado, en la audiencia de confirmación, el funcionario abogó por una coordinación internacional cuya finalidad sea la realización de elecciones libres y justas en Venezuela. Trump buscó lo mismo, incluso dijo que manejaba una “opción militar” para el país suramericano, pero terminó su mandato sin ver cambios en Caracas.

Juan Guaidó sigue siendo reconocido como presidente interino por Estados Unidos.

Apoyo de la OTAN

El secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg, consideró que la llegada de Biden a la Casa Blanca marca el inicio de un nuevo capítulo y pidió una estrecha colaboración.

“Felicito al presidente Joe Biden en el día de su investidura. Una OTAN fuerte es buena tanto para Norteamérica como para Europa, ya que ninguno de nosotros puede abordar los desafíos que afrontamos en solitario”.

Stoltenberg advirtió que necesitan estar unidos para afrontar “las consecuencias sobre la seguridad del auge de China, la amenaza del terrorismo, incluida en Afganistán e Irak, y una Rusia más firme”.

Con información de agencias.

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