Un nuevo presidente manda en Estados Unidos. Este 20 de enero, el demócrata Joe Biden tomó posesión del cargo luego de alzarse como el vencedor de las elecciones del 3 de noviembre de 2020; sin embargo, esta vez la fiesta de su inauguración se llevó a cabo bajo la tensión del reciente asalto al Capitolio protagonizado por un grupo de simpatizantes del expresidente Donald Trump.

Luego de lo vivido en Washington DC el 6 de enero, los cuerpos de seguridad trabajaron día a noche para garantizar un inicio de gobierno sin alteraciones en el orden público.

Lograr tal cometido no fue sencillo, pues tras la irrupción en la sede del Congreso se vio el rostro más frágil de la seguridad nacional. Aquella jornada dejó un balance de cinco personas fallecidas y 14 oficiales de policía heridos. Mientras, los arrestos superaron el centenar pero las autoridades siguen tras la huella de más agitadores que participaron en el acto.

Para la toma de posesión de Biden, la capital de Estados Unidos lucía como el epicentro de una batalla que, afortunadamente, nunca fue; no obstante, la instalación de miles de efectivos de la Guardia Nacional se presentaba como una necesidad en tiempos de mucha tensión.

El asalto al Capitolio obligó a las autoridades a actuar bajo un estricto y exitoso plan que alejara toda amenaza posible. En principio, la prioridad era crear un cerco que evitara la acumulación de posibles manifestantes en los alrededores del edificio gubernamental.

El 11 de enero, la alcaldesa del Distrito de Columbia (DC), Muriel Bowser, instó a los habitantes del país a evitar concentrarse en la capital nacional en la inauguración de la nueva administración. Aunque era claro que parte de su mensaje apuntaba a respetar las normas vinculadas a frenar la propagación de la pandemia del COVID-19, también se sabía que no quería otros hechos como los del 6 de enero.

En rueda de prensa, la funcionaria fue preguntada sobre si temía volver a ver imágenes como las de aquella jornada, respondió que “si tengo miedo de algo, es por nuestra democracia. Porque tenemos facciones en nuestro país que están armadas y son peligrosas».





EFE

SEDE. El Capitolio fue escenario de la inauguración de la nueva administración/EFE

Cierre de accesos

Junto a las palabras de Bowser también llegaban decisiones con un norte en común. Desde el Servicio de Parques Nacionales se hacía oficial el cierre al acceso al Monumento a Washington, el cual se extendió por el National Mall y el Monumento a Martin Luther King, áreas que reciben a cientos de miles de personas y que podían ser tomadas como eventuales zonas para protestas.

Pero intentar limitar por completo la presencia de personas cerca del lugar era un reto imposible.

Jeff Reinbold, superintendente del National Mall, confirmó el 15 de enero que a pesar de la decisión del cierre de la circulación al público, sabía que algunas movilizaciones llegarían lo más cerca posible del lugar.

A inicios de la segunda semana del mes, Bowser solicitó a autoridades federales cancelar los permisos para protestas; sin embargo, Reinbold confirmó a la cadena de noticias NBC que distintos grupos solicitaron la autorización correspondiente para manifestar, incluso algunos que ya se habían presentado en la capital de Estados Unidos recientemente.

Despliegue

Aunque pareciera exagerado, la presencia militar era más que obligatoria para la toma de posesión de Biden y gradualmente se vio a la capital de Estados Unidos nutrirse de uniformados.

Diez días antes del evento, en las calles había alrededor de 6 mil miembros de la Guardia Nacional, según confirmó a The Washington Post el general del ejército Daniel Hokanson. La meta del organismo era aumentar con el pasar de los días el número de efectivos, cifra que en menos de una semana llegó a los 10 mil.

La noche previa al comienzo de un nuevo gobierno concretó una cifra de más de 20 mil guardias, según datos del mayor general William Walker al Post. Alrededor de 70 hoteles fueron usados para recibirlos, varios de ellos incluso ubicados fuera del área de Washington DC.





Temor

Pero las dudas seguían ahí. El 9 de enero, un informe de la cadena CBS reveló que grupos de extrema derecha y simpatizantes del gobierno saliente de Trump anunciaron en portales que pretendían ir a la capital para rechazar lo que consideran fue un fraude electoral aunque no se conozcan pruebas contundentes, ni decisión judicial alguna a favor de esto.

Las labores de inteligencia buscaron conexiones entre los hechos del 6 de enero con posibles actos el día 20. Desde el FBI, por ejemplo, no solo se buscaba dar con los asaltantes al Capitolio, también se indagaba con profundidad una posible infiltración por parte de algunos de estos y así causar daño a la inauguración desde adentro.

El lunes 18 de enero, una investigación del Post reveló que miembros del buró hicieron investigaciones entre los más de 20 mil soldados dispuestos a participar en la toma de posesión de Biden con la finalidad de encontrar relación entre ambos hechos.

El mismo medio agregó que el FBI advirtió a los cuerpos de seguridad que personas ligadas a grupos extremistas habían discutido la posibilidad de hacerse pasar por efectivos de la Guardia Nacional y así generar grietas desde el fondo del grupo al evento.

Las advertencias encontraron fuertes argumentos en el arresto realizado la noche del viernes 15 de enero por cuerpos de seguridad sobre un hombre proveniente de Virginia, a quien le fueron halladas un arma de fuego y más de 500 rondas de municiones en su vehículo mientras intentaba ingresar la noche del viernes a un puesto de control de seguridad de inauguración cerca del Capitolio.

Según documentos judiciales, el hombre intentó avanzar con una credencial no autorizada.

Pero eso no fue lo único que llamó la atención. El lunes 17 de enero, un incendio en la tienda de campaña de una persona sin hogar ubicada cerca del Capitolio volvió a traer a la mesa los amargos recuerdos del día 6; sin embargo, el departamento de bomberos de DC actuó rápidamente para apagar las llamas en un hecho completamente aislado que no encontró un origen violento.

Medida

Las investigaciones hechas por parte de los cuerpos de inteligencia del país determinaron que las amenazas eran imperceptibles; no obstante, todo el trabajo terminó en la remoción de al menos 12 efectivos de la Guardia. El Post informó que la situación se concretó la noche del martes, apenas horas antes de que el nuevo mandatario asumiera su cargo.

Según la fuente, dos de los efectivos tenían simpatía con grupos antigubernamentales, los casos más llamativos del grupos, pues el resto, sin detallar su situación, no representaban mayor peligro a la inauguración del demócrata.

Jonathan Rath Hoffman, portavoz principal del Pentágono, aseguró que la acción respondía a los esfuerzos «de investigación que identifican cualquier comportamiento cuestionable en el pasado, o cualquier vínculo potencial con un comportamiento cuestionable no solo relacionado con el extremismo».

El resto de los Guardias, poco menos de 25 mil, portaban rifles como medida de seguridad. El total, a diferencia del pasado reciente, era casi el triple de funcionarios en comparación con la toma de Trump en 2017, detalló el Post.





EFE

EQUIPO. Harris (izq.) y Biden (der.) durante la toma de posesión/EFE

Inauguración

Con el amanecer del 20 de enero, los ojos del mundo se pusieron sobre la capital estadounidense en un acto que debía cumplir con cada punto de manera precisa mientras en las áreas cercanas a la sede del Congreso, sitio donde Biden fue juramentado como presidente, el despliegue militar se preparaba para cubrir posibles eventualidades.

En la mañana, una amenaza de bomba cerca de la Corte Suprema se convirtió en la mancha de una jornada que transcurrió en completa normalidad. Vivir dos veces la misma calamidad jamás estuvo en el libreto de las autoridades, mucho menos de un pueblo que busca dejar atrás aquel asalto.

Figuras de la política norteamericana, incluidos los expresidentes George W. Bush, Bill Clinton y Barack Obama asistieron a la cita.

En su primer discurso como presidente, Biden abogó por la unidad y por reconstruir un país duramente golpeado por la pandemia del COVID-19: «Celebramos el triunfo de una causa, la causa de la democracia. Es frágil, preciosa. La democracia ha prevalecido».

La calma prevaleció y Estados Unidos apuntó hacia el futuro. Hablar del gobierno de Donald Trump es mirar al pasado, ahora el gigante mundial camina hacia una nueva etapa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.