En este 2020, creamos una nueva sección en El Planeta llamada «Historias Latinas», en la que entrevistamos a decenas de trabajadores esenciales que lo dieron todo por servir a nuestra comunidad en Massachusetts durante la pandemia.

A ellos, nuestro eterno agradecimiento por su labor. En esta recopilación de nuestra campaña, te contamos sus historias de migración, cómo es un día de trabajo para cada uno de ellos, y qué es lo que más les satisface de su labor.





Andrea López, enfermera de cuidados intensivos originaria de Guatemala.

1. Andrea López, enfermera de Tufts Medical Center

Andrea López es originaria de Guatemala, y lleva cinco años como enfermera en la unidad de cuidados intensivos pediátricos en Tufts Medical Center. Ahora trabaja 5 ó 6 días a la semana en turnos de 12 horas, duplicando sus turnos laborales habituales. “Tenemos que usar un equipo especial, parecemos astronautas”, contó.

Debido a que los niños no son un grupo vulnerable frente al Covid-19 el hospital ha convertido este departamento pediátrico en uno de cuidados intensivos para adultos. “Nosotros hemos tenido que aprender bastante y aprender rápido”, dijo López.

“Como somos un departamento exclusivo de Covid-19 tenemos que usar un equipo especial, parecemos astronautas. Tenemos que usar una capucha sobre la cabeza cada vez que entramos al cuarto de un paciente a dar cuidado”, explicó.

López dice que lo más preocupante es contagiarse ya que tienen un nivel de exposición mayor que a la población en general. “Me despierto todas las mañanas y pienso en esto. Es estar entre la espada y la pared. Yo estoy agradecida por la oportunidad de ayudar y de servir, pero también me da miedo saber que me estoy arriesgando a contraer la enfermedad”, dijo López.

“Estamos pendientes del paciente las 12 horas completas y hay días que no te puedes alejar de la puerta del paciente porque los pacientes cambian tan rápido y tienes que estar lista para poder ponerte todo el equipo médico y entrada al cuarto de tu paciente”, dijo López. Ella ha pasado hasta dos horas continuas sólo con un paciente porque ahora las enfermeras tienen que hacer las cosas más despacio para protegerse a ellas mismas.

Ningún paciente puede recibir visitas al menos que las circunstancias sean excepcionales, como estar muriendo. Los pacientes pueden comunicarse con sus familiares si tienen sus celulares con ellos pero si van a la unidad de cuidados intensivos o son puestos en un ventilador, entonces los doctores se encargan de actualizar a los familiares por teléfono.

Las doctoras han visto un número desproporcionado de pacientes latinos. Molina dijo que probablemente no hubo un buen trabajo de comunicar la importancia del distanciamiento social en español al inicio de la pandemia. También cree que asistieron a trabajar porque tenían que hacerlo al igual que probablemente viven con más familiares y llevan el inevitablemente el virus a sus hogares.






Dr. Miguel Divo, de Venezuela. Especialista en neumología.

2. Miguel Divo, médico neumonólogo en el Brigham and Women’s Hospital

El médico venezolano Miguel Divo es especialista en neumonología y trabaja en el Hospital Brigham and Women’s y el Spaulding Rehabilitation Center, con pacientes en terapia intensiva por problemas respiratorios.

“Lo que estamos viviendo nunca se ha escrito en ningún libro”, dijo. Cuando lo entrevistamos, en mayo, nos dijo que en ese momento los centros de salud se han transformado para atender mayoritariamente una sola enfermedad: el COVID-19. “Ahora son básicamente hospitales para pacientes con ventilación, y las camas están ocupadas por los pacientes que tienen este virus”, dijo.

Por esta razón, enfatiza cómo el distanciamiento social y las medidas de confinamiento son esenciales: “el colapso de la atención médica, como lo que ocurrió en Italia, llega cuando hay demasiada gente enferma al mismo tiempo, y de esto se trata lo que tanto nos hablan de aplanar la curva: de reducir el número de contagios activos”, dijo.

Reconoció el trabajo del personal que ha estado detrás de la planificación para que no se sobre congestione el sistema de hospitales en la ciudad. “Si hay una cosa que es admirable es el proceso de planificación. Se ha entrenado gente para que maneje los ventiladores, los especialistas están tratando de ver el mayor numero de pacientes y esto ha sido una forma de multiplicar el numero de camas, hemos redistribuido el número de respiradores entre los hospitales, estamos recibiendo pacientes que no son críticos pero que no pueden regresar a su casa, para poder descomprimir a otros, ha sido un trabajo de equipo impresionante”, indicó el Dr. Divo.

Hay muchos pacientes de coronavirus que se complican con afecciones del pulmón, del corazón, del hígado, páncreas o incluso el cerebro. “El mismo cuerpo esta haciendo una reacción agresiva para combatir el virus, y estas afecciones son las que estamos tratando en terapia intensiva, como ayudarlo a respirar y cómo ayudarlo a compensar en cada uno de estos órganos afectados”.

Menciona que sus héroes son la gente que pasó de cuarto a cuarto recogiendo la basura, la enfermera y sus otros colegas de turno, muchos de los cuales nunca habían trabajado juntos. “Tenemos muchísimas ganas de trabajar, pero estamos con miedo, de infectarnos nosotros y contagiar a nuestros seres queridos. Estamos súper concentrados en cada movimiento que hacemos, qué hemos tocado, si nos hemos lavado las manos, yo tengo ampollas en la nariz por el roce que hace la máscara. Todo esto ha implicado un trastorno para cada uno de nosotros”, dijo.






Carmen Lamarche

3.Carmen Lamarche, cuidadora de ancianos y pacientes enfermos

Carmen Lamarche es una inmigrante dominicana que se dedica a cuidar a ancianos y pacientes enfermos (caregiver). Se mudó a los Estados Unidos en 1995 y vive en Lawrence. Vino a este país por iniciativa de su esposo. Lamarche trabaja como cuidadora desde el 2005 y actualmente es empleada de Guardian Healthcare.

Cuenta que su trabajo se ha tornado muy difícil a raíz de la pandemia. “Desde conseguir implementos simples para los clientes, hasta ir al supermercado se ha vuelto tedioso por todas las medidas de prevención que debemos tomar. Debo tener cuidado con cualquier cosa que toco, y ahora también hay que hacer filas en el supermercado para mantener el distanciamiento social”, contó. “El tiempo no es suficiente y el mundo se ha puesto en cámara lenta”.

Un día de trabajo para Lamarche comienza en su hogar cuando prepara a su hija para las clases virtuales y le hace el desayuno. Luego se dirige a su trabajo y atiende a un hombre de 83 años y a su hijo discapacitado de 38 años. Su trabajo consiste en cocinarles la comida, estar pendientes de sus necesidades y ver si hay algún recado o compra por hacer que requieran. “Lo que más me satisface de mi trabajo es saber que puedo aportar a esas personas que viven tan solas y más ahora que no pueden recibir visitas. Me gusta llevarles un poco de aliento y dejarles saber que no están solos. Pienso que Dios de una manera muy especial me da la posibilidad de ayudarlos a través mi trabajo”, reflexionó la cuidadora.

Lamarche considera que se siente muy feliz cuando ve los rostros de sus clientes llenos de alegría cuando hace algo por ellos que por sus limitaciones no pueden realizar.

Sin embargo, la cuidadora explica que le gustaría que su salario fuese más justo. “Me gustaría que me mejoren el salario considerando que hacemos mucho más de lo que se cree, quisiera seguro médico, compensación por accidentes, pago por enfermedad, y pago de gasolina por las tareas que hacemos fuera de la casa de nuestros clientes”, dijo. “No todas las agencias suplen guantes mascarillas, gel anti bacterial, y todo lo que ahora necesitamos por la pandemia. También quisiera que reconozcan el riesgo al cual nos estamos exponiendo, no solo nosotros, sino a nuestros clientes y familias.






Wilfredo Lara

4. Wilfredo Lara, conductor de la MBTA

Wilfredo Lara, mejor conocido como «Willie». Es un salvadoreño que llegó a Estados Unidos en el año 78 cuando solo tenía 14 años. Su familia se fue de El Salvador por la guerra civil de los años 70 la cual apenas estaba comenzando. Actualmente, Wilfredo es un conductor de tren del MBTA de la línea verde. «Apliqué a este trabajo cuando me estaba entrenando para ser policía de correccionales e iba a trabajar con presos condenados a cadena perpertua, pero me llamaron del MBTA y decidí seguir este camino. Antes trabajaba como seguridad en Prudential Center y siempre he estado trabajando con el público», dijo.

A Wilfredo le gusta llegar una hora antes de su horario oficial para estar tranquilo y prepararse para su jornada de trabajo. «Ser conductor no parece un trabajo estresante, pero sí lo es porque hay que lidiar con el público. Hay personas que son pacientes y otros no, unos te tratan bien y otros no», contó. Su horario de trabajo es de 8 am a 4pm, pero cada tres meses tiene la posibilidad de cambiar su horario de trabajo. El conductor afirma que se lleva bien con sus colegas de trabajo. «No he sentido discriminación de ningún tipo en el ambiente laboral. Aquí trabajan personas de diversas culturas y todos nos respetamos», dijo. Al principio de la pandemia, no había mucha gente en los servicios de transporte público por las medidas de distanciamiento social y por el cierre de negocios. Pero ahora ha ido incrementado el flujo de usuarios. Los trabajadores de MBTA tienen como protección un plástico que los separa del público por protección. «Me gustaría decirle al público general y a los latinos que nosotros como trabajadores no podemos exigirles a los usuarios que usen mascarilla, pero si me gustaría que tomaran consciencia y la usen por protección de todos en esta pandemia y en el transporte público. A pesar de que se limpia con productos especiales el tren todos los días, es importante protegernos», contó.






Luis Olivo

5. Luis Olivo, oficial de la Policía de Lawrence

Luis Olivo, nació en la República Dominicana e ingresó a los Estados Unidos, Nueva York, en 1993 a los 13 años . Actualmente es policía en Lawrence. “Mi primer trabajo fue llenando los refrigeradores de una bodega y durante High School en break time, vendía pastelitos y jugo en las calles de Manhattan”, contó Luis.

Llegó a Estados Unidos gracias a su madre quien ya tenía tiempo viviendo acá. En sus comienzos trabajó en MacDonald’s durante 5 años y después, ingresó al Ejército por 5 años. “Cuando salí del ejército llegué a la ciudad de Lawrence. Después de un año fuera del ejército, decidí ingresar de nuevo, pero en la reserva. En el 2007 fui enviado a Iraq durante la guerra de Operation Iraqi Freedom. Al terminar mi servicio en el ejército sentía que quería seguir llevando un uniforme y que mi vocación era ayudar a las personas, especialmente los hispanos” contó el oficial.

Su pasión por aportar a la comunidad fue lo que lo llevó a tomar el camino policial. “El movimiento contra el abuso policial es algo que tiene su doble filo. La verdad no creo que alguien que quiera ser policía tenga otra razón que ayudar a las personas”, dijo Luis.

Sin embargo, confiesa que la profesión de un policía es muy similar a las demás y que no todo el mundo hace su trabajo como debe. “No todos los ingenieros son perfectos, no todos los doctores son perfectos. Al final todos somos seres humanos. Pero en esta área no creo que el abuso policial sea problema especialmente con los latinos”, aseguró el policia.

Luis considera que cada vez en más ciudades hay más representación latina en las fuerza policial. Por ejemplo, en Lawrence de cada 5 oficiales en la calle hay 3 o 4 que son hispanos.

Para el policía, lo que más le satisface de su trabajo es poder ver la sonrisa de los niños cuando ven a un policía y te dicen que quieren ser como tú cuando crezcan. “Es hermoso poder darles seguridad a la juventud y darles buenos consejos para que lleguen a ser profesionales”, dijo.

En su carrera enfrenta grandes retos y momentos difíciles. “Creo que lo más difícil es responder a una llamada dónde hay personas herida así sea de balas o un accidente. Tuve un caso dónde una persona tomada se fue a la fuga y termino chocando un carro con 5 personas y una de esos pasajeros era una niña y falleció, eso es fuerte”, confesó.

Un día en la vida de un policía puede ser estresante y complicado, como también puede ser tranquilo y sereno, según cuenta el oficial. “Cuando te pones el uniforme para ir a trabajar, lo haces sin pensar si volverás a casa al final de tu horario. Lamentablemente mueren 70 a 90 policías por año en Estados Unidos solo haciendo su trabajo. Y en estos tiempos esos números son muchos más altos”, finalizó.






Yessenia Gómez

6.. Yessenia Gómez, Oficial de Patrulla de la MIT Police

Yessenia Gomez es originaria de El Salvador y vino a Estados Unidos cuando tenía 9 años. Actualmente se desempeña como oficial de patrulla en la Policía de MIT y miembro de la Asociación de Policías Mujeres de Massachusetts. «Vine a los EE.UU debido a la guerra civil que sucedió en El Salvador en 1980», contó la oficial. Gómez cuenta que la transición al mudarse fue difícil, tuvo que dejar a sus familares, amigos y acá tuvo que aprender un nuevo idioma, cultura y adapatarse al complicado clima de MA. «Siempre me ha interesado el campo de la justicia penal. Quería ser abogado desde que tengo memoria. Sin embargo, después que comencé a trabajar en el departamento de libertad condicional de la corte del distrito de Dedham, cambié mi especialidad en ciencias políticas, pre-ley a Justicia Criminal y Sociología», contó. Gómez sabía que le gustaba el campo, pero no quería quedarse atrapada en una oficina o en un tribunal todos los días. Así fue como siguió trabajando para el Departamento de Policía de la ciudad de Wellesley como Operador y Despachador del 911 . «Me intrigó más la profesión de los agentes de policía. Quería más de lo que estaba detrás de la escena. Quería un asiento de primera fila. Tan cliché como pueda parecer, quería marcar la diferencia, y ayudar a la gente», dijo la oficial. Entonces, luego de numerosas pruebas, entrevistas y algunos procesos de contratación, se le concedió la oportunidad que cambió su vida por completo. «Ahora, he sido oficial durante más de 14 años y todavía disfruto haciendo el trabajo», agregó.Un día de trabajo nunca es el mismo para Yessenia. Todos los días son diferentes, y nunca se sabe qué casos tendrá que enfrentar en su jornada de trabajo.

Para la oficial, una de las cosas que más disfruta de su trabajo es interactuar con la comunidad a la que sirve; conocer a su gente, conocer nuevas culturas y sus experiencias. «Ser ese rayo de esperanza cuando todo parece sombrío o simplemente ser ese rostro familiar que ven todos los días. Para mí, ser oficial de policía es el tipo de profesión en la que nunca dejo de aprender», aseguró. Finalmente, Yessenia le dirige un mensaje a la comunidad: «Quiero decirles que, al igual que yo, hay muchos otros oficiales que representan su herencia, cultura y valores trabajando. Son seres humanos detrás del uniforme que ven. Tómese el tiempo para conocer a los oficiales que patrullan día tras día, se sorprenderá con lo que encontrará», dijo






Juan Madrid

7.Juan Madrid, empleado en el departamento de Servicios Públicos en Mass Port Autority – Aeropuerto Logan de Boston

Juan Madrid es de Antioquia, Colombia y vive en Boston desde el 2005. Actualmente trabaja para Mass Port Authority en el departamento de servicios públicos en el Boston Logan International Airport.

Y durante esta última nevada de Boston ha estado dedicándose a remover la nieve en el aeropuerto. “Un día de trabajo es bastante fuerte, comenzamos a trabajar tres horas antes de la tormenta y seguimos hasta que termina. Estuvimos en acción 28 horas continúas removiendo la nieve en las zonas de claves y de abordaje del aeropuerto para brindar seguridad a los pasajeros”, contó Madrid. “Un día de trabajo en estas condiciones es difícil porque debes cuidarte del clima, el viento es fuerte, y debes estar cambiándote de ropa regularmente ya que se pone frío y húmedo”.

A pesar de que el trabajo principal de Madrid no es como removedor de nieve, en estas instancias se dedica a mantener limpias las instalaciones, también se dedica a brindar información sobre los vuelos a los pasajeros.

Madrid cuenta que su compañía siempre ha puesto al trabajador como un empleado esencial y que entienden la importancia de estas personas.

Finalmente, el latino recomienda a los ciudadanos a quedarse en casa si no es necesario salir. “Manténgase resguardado en estas condiciones, eso también hace más fácil el trabajo para todas las personas que remueven nieve. Una tormenta de nieve puede ser fatal para una persona que no sabe manejarla, nosotros trabajamos para brindarles seguridad en estos momentos de nevada”, finalizó.






Emilio Báez

8. Emilio Báez, administrador de limpieza en centro de ayuda para personas sin hogar

El dominicano Emilio Báez es el administrador de limpieza en Pine Street desde hace 16 años. Fundada en 1969, Pine Street Inn ofrece una amplia gama de servicios a casi 2,000 hombres y mujeres sin hogar cada día, y Báez se encarga de atender a esta población para que tengan todos sus implementos limpios como camas, baños, y utensilios de comida.

Desde que comenzó la pandemia, la limpieza tomó protocolos mucho más exigentes y Báez se ha ocupado de que se tomen las acciones necesarias para prevenir el contagio del COVID 19. El administrador explicó que hace unos meses cuando no se conocía tan bien la dinámica de contagio del virus, el personal tenía mucha confusión de cómo debía ser la limpieza, la frecuencia, el tipo de superficies más transmisibles, pero poco a poco han logrado conseguir buenos métodos para prevenir la enfermedad. “Tengo un grupo de 28 empleados que se encargan de limpiar todo… Me aseguro de que se cumplan los protocolos en estos tiempos complejos. Yo me recuerdo todos los días porque hago esto y es para ayudar a esas personas que no tienen donde dormir”, dijo Báez.

A comienzos de marzo se realizaron varias rondas de test para COVID-19 en Pine Street a los residentes del recinto y hubo un alto porcentaje de pacientes positivos asintomáticos. Sin embargo, Báez afirma que ya fueron atendidos y hasta los momentos no contabilizan nuevos contagiados. Para manejar la situación, tuvieron que transferir varios residentes a otros edificios de manera que se pudiese cumplir con el distanciamiento social y el aislamiento.

Báez asegura que muchas de las personas a las que atiende terminan en las calles por diversas razones. “En mis 16 años de trabajo he observado que algunos no pudieron pagar la renta y no obtuvieron ayudas de ninguna parte, otros pasaron por un difícil divorcio y no se pudieron recuperar, hay casos de algunos inmigrantes que necesitan el refugio, otros se convirtieron en adictos a las drogas, y también tenemos muchos pacientes que sufren enfermedades mentales”, aseguró. Sin embargo, Báez asegura que muchos de ellos, con un buen plan o programa, logran salir de la situación de calle. “Muchos que vienen están esperando ser elegibles para ayudas de housing o están esperando que los acepten en algún programa para conseguir hogar y luego se reforman y logran seguir con sus vidas”, dijo.

Para Báez, su trabajo es muy importante y se siente satisfecho de su labor como trabajador esencial en esta área. «Cuando me voy a mi casa tengo la conciencia tranquila porque sé que les estamos dando una cama limpia, un baño limpio, un lugar digno para comer y nosotros les quitamos esa preocupación y eso me hace sentir bien”. Y agregó: “Lo tomo personal porque hoy es por ellos, pero mañana podría ser por mí”.

Emilio Báez nació en Santo Domingo, República Dominicana. Su madre vivía en los Estados Unidos antes que él, y por ello pudo aplicar para la visa de residencia a sus 17 años, y se mudó a EE.UU. Su padrastro trabajaba en Pine Street Inn en el área de la cocina, y a Emilio le dieron la oportunidad de seguir sus pasos y se convirtió en administrador del personal de limpieza. Actualmente vive en Boston con su esposa y sus dos hijas. Como inmigrante, Báez dice que no se siente rechazado en los Estados Unidos, pero que ante las protestas que han suscitado es hora de que cambie la perspectiva que se tiene hacia las personas de color. “El tema del racismo tuvo que haber cambiado hace tiempo porque seguimos perdiendo vidas afroamericanas, hispanas, y de todo tipo. La violencia policial debe acabar. Estados Unidos es un país multicultural y creo que juntos podemos lograr un cambio es necesario».






Jossie Carreras, residente de emergencias de primer año. De Puerto Rico

9.Jossie Carreras, Residente de emergencias en Brigham & Women’s Hospital

La puertorriqueña Jossie Carreras es residente de emergencias de primer año, y recibe a todos los pacientes en la sala de urgencias que puedan o no tener el virus. “En emergencias ahora nos enfocamos en una sola distinción: con o sin síntomas de COVID”, dijo. “La diferencia entre los médicos de emergencia de otros médicos es que nosotros no tenemos opción, nosotros tenemos que ver a todos los pacientes que vengan, con COVID o sin COVID. Es un reto y estamos un poco más expuestos que el resto de los especialistas”.

Ella trabaja en el Hospital Brigham & Women, y explica que los centros de atención de la salud han adoptado nuevas medidas para evitar la propagación del nuevo coronavirus en sus instalaciones y proteger tanto a pacientes como a su personal al adaptar pisos exclusivos para pacientes infectados.

Los cambios que ha visto Carreras con las nuevas medidas es que tiene que llenar un cuestionario sobre síntomas relacionados al coronavirus antes de entrar al hospital. En la sala de emergencias reciben a todos los pacientes con mascarillas y gafas de protección, si creen que los síntomas son relacionados al virus también se ponen guantes y bata. Pero son tantos síntomas, que consideran casi todo sospechoso. “Cada encuentro con pacientes tengo que ver más o menos cuáles son sus síntomas para ver si vamos a hacer la prueba del coronavirus y saber si tengo que ponerme todo el equipo”, dijo Carreras.

“Antes había un diferencial de diagnóstico bastante amplio, ahora todo es Covid o no Covid”, dijo Carreras. “No importa qué otro problema médico tenga. El paciente tiene que ir a un piso específico que será asignado para pacientes de Covid”.

Carreras habló sobre un paciente que recibió con problemas en un riñón. Usualmente sería transferido a un urólogo, pero tenía fiebre. Sin embargo, un residente de urología examinó el expediente del paciente de forma remota e hizo una consulta virtual debido a las medidas del hospital para evitar el contagio entre el personal de salud.

“Con los pacientes estamos intentando entrar menos a la habitación, eso es definitivamente un cambio, no es que no queramos entrar es que no hay suficiente equipo, cada bata, cada guante, cada poquito de alcohol que usamos, todo eso es escaso y tenemos que tener eso en mente. No queremos agotar recursos”, dijo Carreras.

Carreras cree que es muy probable que haya contagiado a su novio, quien tiene síntomas y dio positivo en la prueba, porque ella ha estado más expuesta al virus en el hospital aunque ella no ha presentado síntomas. Una de las cosas que le preocupa es llevar el virus al edificio a donde vive. “Puede que yo haya tenido el virus y puede que yo me pueda volver a infectar porque no sabemos cuánto dura la inmunidad. Son muchas interrogantes, y el hecho que no haya pruebas para todo el mundo e incluso para personas que trabajan en la salud es un problema”, dijo Carreras.

Lo otro que le preocupa son sus colegas, otros residentes o los médicos que son facultad, porque ellos tienen miedo. “Porque esto es un virus que afecta a personas tanto jóvenes como adultas, a ancianas, a personas saludables, como personas que tienen enfermedades crónicas”.






Vivian Ortiz

10. Vivian Ortiz, activista del ciclismo ciudadano en Boston

Vivian Ortiz es una activista de origen puertorriqueño y ciclista latina que se enamoró de andar en bici casi a los 50 años y desde entonces no usa otro medio de transporte. Fue justamente cuando llegó a Boston que sintió la necesidad de no manejar más y tomar la bicicleta. Todo comenzó gracias a un curso de ciclismo para mujeres que realizó en un programa organizado por la ciudad de Boston. Este hecho marco su vida y ahora ella es una de las instructoras en ese curso.

Vivian considera que la comunidad ciclista tiene que lograr una mayor diversidad. “Yo soy una persona gordita, de 50 años, y cada vez que me montó en el bus con mi bicicleta veo las expresiones de la gente y sé que están pensando que no tiene sentido que una persona como yo use bicicleta. En esos momentos, yo siempre les pregunto si usan bici y se sorprenden. Generalmente, responden que tienen una, pero no la usan, y yo les pido que las saquen», contó la activista. «Así voy reclutando gente, el trabajo lo tenemos que hacer nosotros para hacer llegar la información sobre el uso de la bicicleta».

Para Vivian es preocupante la falta de infraestructura segura para los ciclistas en la ciudad de Boston y esa es la razón por la que se convirtió activista. “En Mattapan,la zona en la que vivo, no hay buenas calles para usar la bicicleta, pero mis vecinos tampoco quieren que se realicen cambios”, dijo. Hace poco falleció un ciclista en Mattapan justamente en una calle en la que las autoridades tienen planes de hacer ajustes de seguridad vial.La ciclista cree que la distancia hacia este medio de transporte es cultural. “Muchos creen que la bici es para niños o para gente pobre y no es así, este es un medio inteligente y beneficioso en muchos sentidos”, dijo. Vivían tiene esperanza de que luego de la pandemia la comunidad de Boston se acerque más a este medio de transporte.






Melanie Molina, residente de tercer año de medicina. Originaria de México

11. Melanie Molina, residente de emergencia en Massachusetts General Hospital

Melanie Molina, de México, es residente de emergencias de tercer año y se dedica a intubar a pacientes con Covid-19 en el Hospital General de Massachusetts.“El pensamiento siempre está en el fondo de mi mente: enfermarme. Estar expuesta una y otra vez a pacientes que son positivos con la intubación, que es un procedimiento de alto riesgo que causa la aerosolización del virus, creo que es preocupante”, dijo Molina.

Ella coincide en que una medida importante es proteger a los trabajadores de salud y personas que trabajan en negocios esenciales. “Creo que lo que el gobierno realmente necesita hacer es mantener este período de cuarentena hasta que los casos comiencen a estabilizarse e incluso comiencen a declinar porque la cuarentena y el distanciamiento social han sido la clave para detener la propagación de la pandemia”, dijo.

Un obstáculo que ha visto ha sido el lenguaje ya que dependen del personal que habla español y esté disponible o de traductores. Pero el español no es el único idioma con el que han estado en contacto. Para Molina, quien intuba a pacientes para después conectarlos a un ventilador, dice que “muy a menudo los pacientes están enfermos hasta el punto de que realmente no hay tiempo para traer un traductor. He tenido ese tipo de experiencia con pacientes que hablan otros idiomas, como el creole haitiano. Generalmente nos avisan por adelantado e intento encontrar un intérprete por teléfono para que podamos tener una conversación sobre si el paciente querría intubarse o si esa medida no va con sus deseos”.

A pesar de que los hospitales no han llegado al tope de sus capacidades con pacientes con COVID, se están preparando sobre qué medidas deberán tomar en caso de que el volumen de pacientes aumente o escaseen los recursos, como camas y ventiladores, y tener criterios a quienes se les asignarían.

“Y eso sí nos ha causado mucha ansiedad porque es algo que nunca en los Estados Unidos jamás nos hubiéramos imaginado que íbamos a estar decidiendo quien vive y quien muere literalmente, o más bien a quien le damos el beneficio de la duda y lo conectamos a un respirador”, dijo Molina.

Las personas que en realidad no tienen emergencias importantes están tratando de evitar ir a la sala de emergencias por completo. “Entonces, aunque el volumen de pacientes es bajo, la agudeza es bastante alta. Así que [tenemos] menos pacientes pero más enfermos, dijo.

A pesar de estos cambios en sus vidas han cosas que las han sorprendido como el apoyo de la comunidad y sus colegas. Para Molina ha sido la solidaridad de los residentes. “Es solo una especie de movimiento colectivo, una unión de residentes interesados a ayudar y dispuestos a sacrificar su tiempo de vacaciones para asegurarnos de que podamos brindar la mejor atención a nuestros pacientes”.

“Yo personalmente me enfoco en las cosas pequeñas. Si al final del día mi paciente está mucho más recuperado de cuando lo recibí en la mañana, eso me da esperanza”, dijo López. “[También] toda la energía positiva y los esfuerzos de las enfermeras con quienes trabajo, ya que básicamente estoy pasando más tiempo en el hospital que en mi propia casa, estamos más unidas que nunca y nosotras seguimos firmes con nuestro voto de ayudar y sanar pacientes que necesitan ayuda, especialmente durante esta pandemia”






Carlos García

12.Carlos García, Detective de la Policía de Lawrence

Carlos García nació en la República Dominicana e ingresó a los Estados Unidos, Nueva York, en 1994 a los 12 años . Actualmente es policía en la Ciudad de Lawrence, MA. “Viví en New York por un corto tiempo, y luego junto a mis hermanos vinimos a la Ciudad de Lawrence», contó.

Llegó a Estados Unidos gracias a su madre quien ya tenía tiempo viviendo en el país. En sus comienzos trabajó en un asilo de ancianos, mientras continuaba con sus estudios. Tuvo varios trabajos durante sus años de juventud, pero sabía que ninguno de ellos le daba la satisfacción que buscaba.

“En el año 2005 me interesé en el programa de Policias Auxiliares de la Ciudad de Lawrence, el cual es una unidad de civiles que donan su tiempo a la ciudad, para ayudar al Departamento de Policía durante ciertos eventos. La Policía Auxiliar también les ayuda a interactuar con los ciudadanos y obtener experiencia y entrenamiento policial”, contó. «Participar en este programa me abrió las puertas a muchas oportunidades. Después de casi 9 años en la unidad, fui elegido por el alcalde de la Cuidad de Lawrence, junto a otras figuras politicas para que comandara la unidad, que en ese momento consitía en alrededor de 40 oficiales».

Despues de solo dos años de comandar la unidad, la oportunidad que tanto esperaba de llegar a ser un oficial permanente del Departamento de la Policia de Lawrence llegó. Asistió a la academia policial y logró su meta.

Luego, fue promovido a la posición de detective. «Duré casi 10 años de mi vida donando mi tiempo a la Ciudad de Lawrence, y en ese tiempo desarrollé la pasión y el deseo de querer ayudar a mi comunidad. Eso me motivó a querer seguir una carrera policial».

Lo mas difícil de esta carrera es tener que tomar decisiones que afectaran las vidas de las personas en solo minutos. «Siempre me doy la tarea de tratar a todos con respeto, aunque la personas no tengan la mejor opinión sobre la policía, si le demuestras respeto, la mayoría de las veces también te respetan a ti».

Hoy en día la percepción es que la mayoría de los policías son malos; desafortunadamente, tengo que admitir, que como en todas las profeciones hay malas personas, pero la cantidad de buenas personas en cada profeción es mucho mas mayor y eso también aplica a la carrera policial.






Douglas Cruz captado en su trabajo.
Cortesía de Douglas Cruz

13. Douglas Cruz, recolector de basura

Todos los días, Douglas Cruz recoge basura, reciclaje y escombros en su ruta que pasa por Revere durante las mañanas, y Everett durante la tarde. Trabaja para la compañía Capitol Waste Services en Chelsea desde hace casi 9 años, y asegura que ama su trabajo.Cruz es un inmigrante de El Salvador. Tiene una esposa y dos hijas, y forma parte del sindicato Local 25.Cruz asegura que él y sus colegas recogen entre 30 y 35 toneladas de basura cada día. Cruz cuenta que ha aumentado Muchísimo la recolección de basura durante la pandemia, entre un 30 0 40 por ciento extra por día. Hay mucha basura de comida, de la gente que hace sus limpiezas de principio de año (spring Cleaning). Aparte de eso toda la gente está en casa, comen más, y hay mucho más trabajo para nosotros.

El trabajador agrega que para realizar su trabajo usa un equipo protectos especial. “Usamos desinfectantes para las manos cada 1 ó 2 horas, mascarillas, guantes y nuestra ropa habitual de trabajo”, dijo.

En medio de la crisis sanitaria se ha visto como muchas personas tiran máscaras y guantes en la acera. “Nosotros los recogemos y para eso usamos un par de guantes de hule. Pero nunca habíamos visto esto, es nuevo para nosotros”, contó. “La verdad es que nos pone nervioso recoger estos objetos, pero si las dejamos tiradas en el piso los vecinos llaman a la alcaldía a quejarse”.

Cruz vivió la experiencia de contagiarse de Covid-19. “Me infecté hace exactamente 7 semanas. Por 15 días, yo no olía nada, no saboreaba nada, no tenía fuerzas, no tomaba agua porque no sentía sed, mi encía se me puso muy blanca y cuando yo comía cualquier comida no sentía sabor.Estuve sin trabajar por dos semanas y afortunadamente me pagaron durante ese tiempo”, aseguró. El trabajador está seguro que se infectó en el trabajo. “Del 95 al 98 por ciento de todos los barriles de basura que recogemos en Revere tienen mascarillas tiradas, guantes y papel de baño, y cuando uno tira la basura ese polvo a veces le cae a uno”, dijo.

Cruz le dice a los ciudadanos que toda la basura que ponen en los barriles la pongan en bolsas y la amarren bien. Y aparte de eso, y que si van a desechar objetos peligrosas, como por ejemplo agujas, que las pongan en un pote de plástico separado. “También, que nos tengan paciencia porque a veces bloqueamos las calles y no es porque queremos sino porque estamos haciendo nuestro trabajo, y la mayoría de las personas no entienden eso.También quisiera decirle a mis compañeros que trabajan recogiendo basura que les pidan a sus empleadores, aunque pocos lo hacen, el equipo correcto para trabajar, que luchen por sus derechos”, finalizó.






María Martínez

14. María Martínez, Contact Manager en East Boston Neighborhood Health Center

María Martínez es una mujer salvadoreña de 36 años, tiene dos hijos y vive en Everett. Actualmente es contact Manager en East Boston Neighborhood Health Center, pero su llegada a ese puesto fue fruto de su dedicación y trabajo.

Martínez es sobreviviente de la Guerra Civil de El Salvador, conflicto bélico interno ocurrido en el país centroamericano, en el que el ejército gubernamental -la Fuerza Armada de El Salvador (FAES)- se enfrentó a las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). El conflicto armado nunca fue declarado en forma oficial, pero se considera usualmente que se desarrolló entre 1979 y 1992. «Ese epsodio fue muy difícil, tenía entre 7 y 10 años, recuerdo que pasábamos días sin poder salir de la casa, porque la guerilla era muy peligrosa. Ellos peleaban con los civiles», contó Martínez.

Sin embargo, su madre decidió irse del país con quien sería el padrastro de María, y así fue como llegaron a Boston en 1993. «Fue complicada mi adapatación a Boston. Llegas a un lugar muy frío, caen cosas blancas del cielo que no sabes ni que son, todo es muy hermoso en las calles, el agua es potable, todo está en orden. Eso fue raro para mí, ya que no se parecía en nada al lugar del cual venía», dijo.

Un tiempo después su madre se separó y siguió adelante con sus cuatro hijos. «Mi madre nos ayudó a adaptarnos, y nos enseñó a seguir adelante. Ella vendía pupusas (masa de maíz o arroz rellena) para ganar dinero», contó. «Nosotros siempre estuvimos acostumbrados a trabajar desde que éramos niños. Mi madre trabajó muy fuerte por muchos años, ahorró hasta que pudo comprarse una casa, siempre nos inculcó que trabajando se puede lograr todo».

Martínez decidió formarse con un curso en Administración Médica, y en ese pograma hizo un internship con Cambridge Health Alliance, en el que le habían ofrecido un puesto fijo. Sin embargo, María no pudo aceptarlo, ya que tenía un hijo recién nacido y el horario era nocturno. Luego, vio un anuncio de trabajo en East Boston Neighborhood Health Center, y aplicó. «Me llamaron la segunda vez que apliqué para una posición de operadora», contó. Luego de trabajar un año, en ese puesto, fue subiendo de nivel, poco a poco. «Cuando llegué a la clínica en el 2012, yo sabía que quería crecer», aseguró.

Posteriormente,la supervisora que estaba en el departamento, se fue del cargo. «Yo pregunté si podíamos aplicar al rol de supervisora y nos dijeron que estaban buscando a alguien con experiencia, pero insistí, y más adelante me dejaron aplicar, y así fue como conseguí el puesto». Luego, la manager del departamento se fue también, y Martínez volvió a insistir con el puesto y ahora es contact Manager en EBNHC.

El puesto exige mayor preparación y responsabilidad, y Martínez tuvo que tomar el mando del cargo en medio de la pandemia global del COVID-19. «Ha sido un año muy difícil, llevo ocho meses como Manager», contó. «Al principio, el exámen del COVID-19 solo se hacía a personas con ciertos síntomas, luego cambiaron ese criterio, y ahora se le hace a cualquier persona», dijo. Martínez, confiesa que ella y su equipo, están trabajando largas horas de 8 am a 7 pm, incluyendo fines de semana.

El EBNHC está ofreciendo pruebas gratuitas de PCR para determinar si una persona tiene el virus SARS COV- 2, la cual genera la enfermeda del COVID-19. Las locaciones de la pruebas van cambiando cada dos semanas, y los resultados de las pruebas tardan de 3 a 5 días.

«La duda principal de nuestras llamadas es saber si el paciente tiene el virus del COVID-19. Es recurrente que la persona haya salido a un lugar y se entera posteriomente que había alguien positivo en la reunión, entonces, buscan saber si tienen el virus o no», aseguró la manager. En este momento, ante el relajamiento de las normas de seguridad y la llegada del verano, las personas llaman para hacerse el test ya que van a viajar a otro estado u otro país, y es un requerimiento que tengan una prueba negativa para COVID-19.

Ademas, de los casos por COVID-19, el centro también atiende todo tipo de emergencias. «Nos llaman personas que necesitan un consejero, medicinas para ansiedad, o tienen una emergencia. En estos últimos casos, los transferimos a nuestras enfermeras, para que ellas evalúen que está sucediendo:si un síntoma es grave, debe venir al hospital, pero si ya esta en condición crítica, le mandamos una ambulancia», aclaró Martínez.

María cuenta que ha vivido momentos difíciles en su trabajo. «En una llamada, vi como un paciente se complicó, no respiraba bien, y falleció durante la conversación. Creo que esperaron mucho tiempo para buscar ayuda, y fue muy difícil tratarlos… Escuchar que una persona no está respirando, escuchar a la familia estresada, y saber que hay niños en la escena, no es nada fácil», confesó.

Por otro lado, la manager ha notado que la comunidad latina, en algunos casos, ha tenido resistencia a la hora de llamar y pedir ayuda. «Algunos tienen miedo a venir y que tomen sus datos y los reporten al gobierno, pero durante la llamada, les explicamos que toda la información es estrictamente confidencial. Solamente, si eres positivo COVID-19, se le informa a los contact tracers, para que los pacientes reciban información de los pasos a seguir», aseguró la manager.

A pesar de las dificultades de su trabajo, Martínez esta comprometida con su puesto, sobre todo, en medio de esta emergencia nacional y mundial. «Mi abuela es una persona que no sabe leer ni escribir y que necesita ayuda ya que no tuvo la oportunidad de aprender, esa fue mi motivación para trabajar aquí, me parece importante que nuestra comunidad hispana se eduque, y eso se hace distribuyendo la información, y yo desde mi puesto lo hago», finalizó Martínez.

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