La demanda de pruebas para COVID-19 coincide con el aumento de caos en EE.UU. En muchas partes del país las filas son largas y los resultados de las pruebas pueden tardar días o semanas en llegar.

La Asociación Estadounidense de Laboratorios Clínicos dice que enfrenta escasez crítica de suministros. Por ello el epidemiólogo Michael Mina plantea que las autoridades deberían destinar fondos al despliegue e infraestructura de pruebas rápidas, así la pandemia podría tener fin en Navidad.

Para las pruebas rápidas de antígenos en el hogar, una persona solo debe frotarse la parte delantera de la nariz, señala Mina en TIME. Esto es diferente a la prueba de PCR que utiliza un hisopo largo llamado nasofaríngeo para penetrar profundamente en la fosa nasal.

La prueba en sí se parece a una de embarazo. El hisopo nasal se coloca en un pequeño tubo de líquido, comenta, luego se saca el hisopo y se colocan un par de gotas en un trozo de papel.

Si aparece una línea en la tira de papel, la prueba es positiva. Si no aparece, es negativa, explica Mina.

Salir negativo en una prueba rápida no significa que la persona no tenga ningún rastro del coronavirus en su sistema. Lo que esto generalmente significa es que es poco probable que el individuo sea un foco infeccioso en ese momento, según el epidemiólogo.

Las pruebas de PCR todavía se consideran las más calificadas porque son «extremadamente sensibles al recoger el material genético de este virus», potencialmente incluso semanas después de que una persona ha sido infectada, indicó.

Pero las PCR deben pasar por un periodo de envío, lo que significa que durante ese tiempo la persona podría infectarse mientras espera los resultados. Mientras que las pruebas rápidas de antígenos detectan el contagio de inmediato y le brindan información en tiempo real.

Asimismo una persona puede saber en minutos si debe ponerse en cuarentena de inmediato.

Mina sostiene que las pruebas rápidas de antígenos deben considerarse herramientas de salud pública en lugar de dispositivos médicos, la categoría en la que se ubican las pruebas de PCR.

Dado que la Administración de Alimentos y Medicamentos considera que las pruebas rápidas de antígenos son pruebas de diagnóstico clínico, ha sido difícil implementarlas en el hogar.

Mina y otros economistas de Harvard calcularon el costo de iniciar un programa masivo de pruebas en el hogar en todo el país y determinaron que habría costado miles de millones. Sin embargo, argumentan que se habría ahorrado mucho dinero porque se podrían haber evitado bloqueos y salvado vidas.

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“El gobierno de Estados Unidos puede producir y pagar un programa nacional completo de pruebas rápidas de antígenos a una fracción mínima (0,05% – 0,2%) del costo que este virus está causando en nuestra economía”, escribió Mina en TIME.

Las pruebas en el hogar deberían realizarse varias veces a la semana junto con el cumplimiento de las medidas de seguridad y salud, como el uso de máscaras y el distanciamiento social.

Mina percibe la pandemia como una «guerra» en la que las empresas deben unirse para hacer posible las pruebas caseras. Si bien puede ser algo costoso, «$ 5 mil millones no es caro para una guerra que literalmente nos ha costado billones», señala el epidemiólogo en TIME.

Aconseja incorporar a las empresas de tecnología del país y utilizar la Ley de Producción de Defensa para aumentar la velocidad de fabricación de los test.

“Esto ni siquiera debería dudarse si realmente consideramos cuántos estadounidenses han muerto y cuál ha sido el costo económico y social para todos nosotros”, menciona Mina.

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