Claudia Ginestra

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«Cuando estaba entubada tuve visiones y sueños. Me vi caminando en un túnel negro, alguien me llamaba y detrás de mí, escuchaba llantos, estaban mis hijos. Yo le pedí a Dios que no me quería morir porque ellos me necesitaban», así nos contó, Marlenys López, una salvadoreña, residente de Chelsea, quien fue diagnosticada con COVID-19 el pasado 10 de abril.

López al comienzo tenía síntomas de cansancio, tos, y dificultad para respirar y por ello decidió ir al Massachussetts General Hospital para chequearse y allí le hicieron la prueba para COVID-19 que salió positiva. «Gran parte de mis familiares se habían contagiado, la primera en contagiarse fue mi prima, y lo más probable es que por ello, me contagié también», dijo la salvadoreña.

En el hospital le hicieron una radiografía y le consiguieron agua en los pulmones, ya que había desarrollado una pulmonía. Como ya no podía respirar, tuvo que ser enviada a cuidados intensivos. «La doctora fue muy clara conmigo, me dijo que muchos de los que tenían COVID-19 y estaban conectados al oxígeno, tenían una gran probabilidad de no sobrevivir, prácticamente, me dijo que me despidiera de mi familia», contó Marlenys.

Así pasó tres semanas hospitalizada y en coma. «Cuando me llevaron a cuidados intensivos vi a mucha gente», comentó López, con respecto a la concurrencia de pacientes que había en el lugar. Cuando Marlenys despertó se sentía confundida porque pensaba que habían pasado tres meses. «Me sentí desesperada porque no podía tomar agua debido al tubo que tenía, ni escribir para comunicarme porque tenía las manos adormecidas. Todavía sigo ronca y tengo el cuerpo adormecido, me han dicho que eso es normal al comienzo de la recuperación», aseguró.

López ya se siente mejor, pero considera que en su zona residencial de Chelsea las personas no se están tomando en serio las medidas del distanciamiento social. «Hay demasiada gente en la calle. A veces veo que la gente se lo toma en broma y solo las personas que lo hemos sufrido sabemos lo que de verdad es padecer de COVID-19. Muchos dicen que lo vivieron, pero tuvieron una experiencia leve, pero ellos no se parece en nada a estar entubado, ni a pasar semanas de hospitalización conectada a un aparato de oxígeno. Lo que yo viví no se lo deseo a nadie», dijo.

López llegó a los Estados Unidos hace más de 12 años, se ha dedicado a trabajar como mesera en el restaurante Montecristo, y vive con sus dos hijas, y otras dos personas a las que le renta cuartos. Se fue del Salvador para conseguir mejores oportunidades económicas, y para darle un mejor futuro a su familia. Ahora la residente de Chelsea considera que ha cambiado su percepción de la vida. «Aprecio más las cosas, quiero estar con mis seres queridos, y veo el mundo de una manera distinta, luego de haber tenido esta experiencia tan fuerte», finalizó.

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