EL PASO, Texas – Pasee por el sur de la calle El Paso un viernes por la noche por delante de las tiendas llamadas «House of Blouse» y «Best Choice Fashion» donde se venden tres pares de pantalones por $9.99 y encontrará aceras repletas de compradores mientras la cumbia suena por los altavoces de las tiendas.

Valerie Padilla y su novio Diego Muñoz, ambos de 16 años, llevaban bolsas de papel higiénico, leche y aguacates a través del puente fronterizo desde el centro de El Paso, donde Padilla vive durante la semana, a familiares de Ciudad Juárez, México. Alfredo Gómez y sus sobrinas llevaban un juego de cocina infantil y una tetera de plástico de la tienda “todo a un dólar” para el cumpleaños de un familiar.

Cada día, decenas de miles de personas cruzan los tres puentes entre El Paso y Ciudad Juárez, visitan amigos y familiares, asisten a la escuela y trabajan, o simplemente compran, contribuyendo con cientos de millones de dólares a la economía de El Paso cada año. Pero ese flujo de comercio ha mostrado signos de desaceleración a medida que crecen las ansiedades sobre las políticas de inmigración y económicas del presidente Donald Trump.

Los estacionamientos de los centros comerciales aquí están normalmente llenos de autos con placas de matrícula mexicana. Cincuenta y dos centavos de cada dólar gastado en Cielo Vista Mall de El Paso se va de vuelta a México, de acuerdo con Tanny Berg, un desarrollador de bienes raíces comerciales, fue co-fundador de la Asociación Central de Negocios y ex presidente de la Cámara Hispana de Comercio.

«Los minoristas, mayoristas y restaurantes de El Paso dependen mucho de los mexicanos que vienen a comprar, comer, jugar y luego regresan a México», dijo Berg. «Al final del día, son personas empleadas de una clase media que se levanta lentamente».

Muchos de los compradores trabajan en las maquiladoras en Ciudad Juárez, donde Berg dijo que cualquiera que quisiera un trabajo podría conseguir uno, montando partes de automóviles, maniquíes y fundas de colchón. El número de tales fábricas en Ciudad Juárez que fabrican productos para exportación ha aumentado en más del 40 por ciento a 327 plantas desde que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entró en vigor en 1994, según el Proyecto de Modelización de la Región Fronteriza en El Paso de la Universidad de Texas.

Luis Felipe Gaytan, de 24 años, inspector de calidad en MFI International, una empresa textil con una fábrica en Ciudad Juárez, dijo que compra toda su ropa en El Paso una vez al año, durante las ventas de diciembre. Victor Salas Oliva, un ingeniero de producto de 56 años de edad en la IMF, dijo que cruza la frontera todos los fines de semana para comprar en Costco y Walmart en El Paso.

El puente internacional Paso del Norte, que conecta las tiendas del centro de El Paso con el centro de Ciudad Juárez, es uno de los cruces peatonales más concurridos del mundo, dijo Berg, quien presta servicios en un grupo consultivo local para el Departamento de Seguridad Nacional. Algunos vienen en autobuses diseñados específicamente para traer compradores de México a El Paso.

«Somos como ciudades gemelas», dijo Roberto Hernández, preparador de impuestos en el centro de El Paso, quien trabaja con clientes de ambos lados de la frontera, entre ellos gerentes estadounidenses de maquiladoras mexicanas. «La mitad de El Paso solía vivir en Juárez, para la mayoría de nosotros en el centro, nuestra base de clientes proviene de México».

Hace poco, un viernes, Horacio Hernández, había recién terminado de buscar empleo con camisa de vestir, chaleco, pantalones y corbata, llevaba bolsas de plástico a sus padres en Ciudad Juárez. Dentro de sus bolsas, junto a los anuncios clasificados, estaban una jalea (o mermelada) de uva Smuckers, mantequilla de cacahuetes (o maní) Skippy y galletas Ritz ─marcas estadounidenses que sus padres han anhelado desde que su padre fue deportado hace dos años, dijo.

Hernández había ido al aeropuerto buscando trabajo como lavador de platos, porque los empleos de Estados Unidos pagaban más que las maquiladoras en México. Pero le preocupa a los mexicoamericanos como él que serían menos bienvenido dado el clima político actual, incluso en El Paso, donde el 80 por ciento de los residentes son hispanos.

«Este presidente, él está haciendo que la gente se vuelva loca», dijo Hernández, refiriéndose a Trump. «Todas estas personas que son racistas ahora se sienten como si tuvieran un escudo, él está dividiendo dos grandes países en lugar de hacer puentes».

La bulliciosa escena que había aquí en el centro de El Paso solía ser aún más robusta. Las ventas al por menor a los clientes del norte de México representan entre 8 por ciento y 14 por ciento de las ventas totales al por menor en El Paso en cualquier año, según el Banco de la Reserva Federal de Dallas.

Pero entre la prolongada debilidad del peso y la hostilidad que los mexicanos sienten por la retórica de Trump, se proyecta que las ventas a los residentes del norte de México estarán en el punto más bajo en 2017, dijo Tom Fullerton, economista de la Universidad de Texas en El Paso y jefe del Proyecto de Modelación de la Región Fronteriza de la universidad. Sin embargo, estima que los clientes del norte de México representarán aproximadamente $980 millones de las ventas al por menor en El Paso en 2017.

El efecto ya se está haciendo sentir en Casa Mundial, una tienda de lencería a lo largo de esta fila de tiendas. Todas sus mercancías, como la mayor parte de la mercancía vendida en esta calle, vienen de China.

«El 99,9 por ciento de mis clientes son de México», dijo Kun Lee, el dueño de la tienda, un americano de ascendencia coreana que creció en Paraguay. Dijo que la tienda perdió dinero por primera vez durante el mes de enero.

También ha habido informes en los medios en las últimas semanas de que algunos residentes mexicanos están boicoteando productos estadounidenses o deliberadamente no cruzan la frontera para gastar su dinero aquí en Estados Unidos en protesta contra la administración de Trump.

En lugar de la habitual línea de tráfico en la que hay que esperar hasta tres horas para cruzar de Ciudad Juárez a El Paso, entrar en EEUU un viernes por la noche tomó menos de cinco minutos. Un vendedor que caminaba de arriba para abajo el puente peatonal con una bandeja llena de churros en una mano no vendió ni uno.

Un agente fronterizo de Estados Unidos que revisaba los documentos comentaba la falta de automóviles.

«La gente está asustada», dijo, mientras tomaba los pasaportes de este reportero y de un fotógrafo.

-¿De qué?

-«De nuestro presidente», dijo, antes de enviarnos por nuestro camino.

(Traducción El Tiempo Latino / El Planeta Media)

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