Con la llegada de la primavera, apenas la temperatura sube por encima de los 50 grados Fahrenheit, comienzan a aparecer los insectos en todas sus variedades y manifestaciones.

Debido al mismo principio, el calentamiento de la Tierra está provocando la aparición de insectos en lugares donde antes las temperaturas más bajas no les permitían sobrevivir. Una de las consecuencias de ello es que las enfermedades transmitidas por algunos insectos se comienzan a propagar en zonas más septentrionales y amenazan con ser un problema importante.

Por ejemplo, la fiebre del dengue, la malaria, la enfermedad de Lyme, el virus del oeste del Nilo y la fiebre amarilla, que se propagan a través de la picadura de mosquitos, garrapatas y pulgas, está comenzando a preocupar a especialistas en salud. En el caso específico del dengue y la malaria está generando particular atención, pues los brotes de dichas enfermedades parecen estar más asociados al clima. El incremento de las lluvias, por ejemplo, en áreas normalmente secas, puede crear charcos de agua con condiciones excelentes para la cría de los mosquitos.

El argumento esgrimido por los especialistas es que el mosquito de la malaria digiere la sangre más rápido en climas cálidos, por lo que necesita alimentarse con más frecuencia, acelerando de esta manera la transmisión de la enfermedad. Igualmente, el parásito de la malaria completa su ciclo de vida más rápidamente en zonas más cálidas, aumentando la velocidad de la reproducción. En teoría, pues, el calentamiento global permitiría que esos animalitos se propagaran en áreas donde anteriormente no eran capaces de sobrevivir.

Por ejemplo, se estima que para 2080, hasta 320 millones de personas más podrían estar afectadas por la malaria debido a esas nuevas zonas de transmisión. Más preocupante aún, la enfermedad también se extendería entonces a aquellas personas cuyo sistema inmunológico nunca antes había estado expuesto a la malaria, y quienes —en consecuencia— podrían ser más vulnerables.

Todas estas alarmantes estimaciones nos refuerzan la convicción de que tenemos que ejercer presión para que los gobiernos apliquen políticas drásticas para que disminuyan los niveles de CO2 en la atmosfera y se detenga el ya evidente calentamiento global.

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