Una drogada Maizey Klivans, en casa después de la visita al veterinario. Su compañera humana (la autora de esta historia) la encontró en un área del apartamento que nunca frecuenta, mareada y confundida. (Laura Klivans/KQED)

Una drogada Maizey Klivans, en casa después de la visita al veterinario. Su compañera humana (la autora de esta historia) la encontró en un área del apartamento que nunca frecuenta, mareada y confundida. (Laura Klivans/KQED)