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Editorial | Ganó la decencia y la moderación, perdió la confrontación y la radicalización

CELEBRACIÓN. Manifestaciones de alegría se vieron en todo el país el sábado 7 de noviembre, cuando se conoció la victoria de Joe Biden. | Foto: Efe.

CELEBRACIÓN. Manifestaciones de alegría se vieron en todo el país el sábado 7 de noviembre, cuando se conoció la victoria de Joe Biden. | Foto: Efe.

Ana Julia Jatar (@anajuljatar).

Ana Julia Jatar (@anajuljatar).

En el momento de escribir estas líneas, Donald Trump todavía no había aceptado su clara derrota. ¿Por qué clara? Me explico. Entendemos las dudas de quienes venimos de países en los cuales las elecciones se deciden por el voto popular, es decir, donde gana aquel que saque el 50% de los votos, más uno. No así en Estados Unidos, en este país lo que determina al ganador son los votos electorales de cada estado, los cuales reflejan a su vez, el numero de sus habitantes. El que gana en ese estado se lleva todos los votos electorales, ese es uno de los problemas… pero es así. El presidente electo, Joe Biden ha asegurado 279 colegios electorales hasta hoy. Para ganar las elecciones, el candidato debe alcanzar 270 colegios electorales o más de un total de 538. Si un candidato alcanza los 270 votos electorales, por definición, es el presidente electo, no hay que esperar el resultado del conteo del resto de los votos. Por ello, mientras se realiza ese conteo, la costumbre hasta hoy ha sido, que el perdedor acepte su derrota lo antes posible para darle paso a una transición eficiente y rápida hacia la próxima administración. Ningún presidente hasta hoy, en la historia moderna de Estados Unidos, desde la época del presidente Abraham Lincoln, se había negado a aceptar su derrota antes de que se contara el último voto. Todos han dado su discurso de aceptación, (“acceptance speech” en inglés) cuando las tendencias claramente así lo habían pronosticado.

En síntesis, el conteo exhaustivo de los votos es importante cuando gana quien alcance el 50% más 1 del voto popular. No es así en un sistema de colegios electorales. En este momento, Joe Biden ya ganó en ambos. Además del voto de los colegios electorales, también gana el voto popular por ¡más de 5 millones de votos! Trump, por su parte, en 2016 ganó las elecciones gracias a que obtuvo los colegios electorales a pesar de que Hillary Clinton ganó el voto popular por 3 millones de votos. Clinton aceptó la misma noche de las elecciones su derrota, porque ya Trump había logrado la mayoría de los colegios electorales necesarios. Y es que los republicanos solo han ganado el voto popular una vez en los últimos 20 años y sin embargo han controlado la presidencia por 12 de esos 20 años. Presidentes de ambos partidos han aceptado las reglas del juego y aceptado los resultados. Hoy, Donald Trump ha perdido de manera clara tanto el voto popular como el voto electoral y aun así se niega a aceptar que simplemente perdió. Pero para no aparecer como tal, quiere llevar al país al caos promoviendo mentiras y teorías conspirativas que desafortunadamente ya han dejado mella en la confianza en el sistema electoral de este país, reconocido en el mundo como ejemplo de la mejor democracia del planeta.

¿Lo preocupante? El presidente actual, a pesar de que le respetamos su derecho a protestar los resultados, esta empujando desde la Oficina Oval una narrativa de descredito al sistema electoral -sin pruebas verificables- que es tremendamente peligrosa para la estabilidad democrática. Él sabe que va a tener que irse de la Casa Blanca en enero, pero va a hacer todo lo que esté en su poder para desacreditar la única institución que en su larga vida lo ha declarado perdedor o “loser” (en sus términos). Probablemente Trump no reconozca su derrota hasta el último minuto. Quizás hasta el día 8 de diciembre, fecha en la cual los Colegios Electorales están obligados a anunciar sus resultados finales y en la cual también deben haber resuelto cualquier controversia legal. Esperará hasta el ultimo minuto, pero se irá porque perdió.

Queremos dejar las siguientes reflexiones para ambos partidos. Es cierto que Biden ganó y Trump perdió, pero el Partido Republicano sacó más votos que Trump. Es decir, muchos republicanos votaron por sus representantes al Senado y al Congreso, pero no tuvieron el estómago para votar por el actual presidente. Es decir, los principios conservadores del partido tienen más apoyo que el actual presidente. Mientras más rápido los republicanos reconozcan la derrota de Trump, le irá mejor al futuro de su partido.

Estos resultados también son una lección para el Partido Demócrata. Joe Biden ha sacado más votos que su partido, los resultados también evidencian que con su agenda “progresista” Bernie Sanders o Elizabeth Warren probablemente hubiesen perdido.

Ganaron la decencia y los valores de respeto a la democracia que han hecho grande a este país. Perdió el extremismo y la radicalización. ¡Buenas noticias!