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Es necesario incluir a migrantes para combatir el Covid-19

SALUD. Continúan las pruebas de diagnóstico en el mundo para determinar nuevos casos de Covid-19

SALUD. Continúan las pruebas de diagnóstico en el mundo para determinar nuevos casos de Covid-19 - Crédito: ABED AL HASHLAMOUN / EFE

Lejos de amainar, la curva que describe el reporte de casos de coronavirus en esta nación de inmigrantes se ensancha aún más, sin que la fase en la que se encuentra la pandemia, según los expertos en la materia, arroje al menos señales de alivio. Y mientras estas líneas se van acomodando, se reportan ya en Estados Unidos, por ejemplo, más de 64 mil contagios, con un total de 910 muertos.

Pero más allá del alarmismo propio de situaciones como esta y de las medidas decretadas a nivel nacional para contener en lo posible el avance del Covid-19, vale la pena detenerse en los sectores que han agregado a su vulnerabilidad habitual una realidad a la que nunca imaginaron enfrentarse. Pues vaya que es una constante para los inmigrantes, sobre todo los indocumentados, sortear una serie de circunstancias de peligro que los fortalecen como comunidad y enriquecen al mismo tiempo a esta sociedad que sin embargo, aun hoy, no los acepta del todo.

Es decir, carentes de legalidad migratoria, sus obstáculos siempre han sido mayores. Y aparte de ello, ahora les sobreviene un enemigo tan invisible como implacable que ha puesto un brusco freno a sus proyectos de vida personal, familiar, laboral y en no pocos casos empresarial.

Y aunque resulta que, en este preciso momento, todos estamos expuestos, en mayor o menor medida, a un virus que pareciera estar poniendo de rodillas a economías tan fuertes como esta, la realidad no es igual para todos; esa realidad que en otras latitudes ya ha pasado factura a naciones tan poderosas como China, causando estragos igualmente catastróficos en términos de muertes a Italia y España, por mencionar los países más afectados.

De hecho, cualquier ecuación demográfica que se ensaye por estos días para entender la función y la importancia de esa función de cada uno de los componentes de una sociedad tan plural como lo es Estados Unidos hace ya mucho tiempo —aunque esa realidad quiera negarse ahora e incluso destruirse mediante políticas migratorias oficiales— tiene necesariamente que incluir a sus inmigrantes.

Sí, esos inmigrantes que están en la primera línea, por ejemplo, de la cosecha y procesamiento de alimentos; los que laboran en el sector del cuidado de la salud; los que proveen asistencia personal a enfermos mayores; los que limpian las oficinas y hospitales; los que trabajan en tiendas o restaurantes, entre muchos otros sectores de la economía, formal o informal, que no pueden parar. Es decir, grupos de trabajadores necesarios para el funcionamiento socioeconómico, pero que en estos días han visto reducidas sus actividades y, por ende, sus ingresos, poniendo en peligro su estabilidad no solo económica, sino emocional.

Y hay quienes prefieren no mirar, o mirar hacia otro lado, sobre todo aquellos que han consumido y aceptado el discurso antiinmigrante oficial durante poco más de tres años, en el sentido de que los inmigrantes indocumentados “no merecen” estar aquí, a pesar de que su mano de obra es utilizada, explotada y mal pagada, además de cumplir con obligaciones fiscales que nunca verán reembolsadas; o incluso quienes utilizan un lenguaje más soez y xenófobo, deshumanizándolos, como lo hizo hace unos días el senador por Kentucky, Rand Paul, quien dijo que los indocumentados “no son personas” para recibir ayuda alguna durante esta contingencia. Paradójicamente, el legislador fue diagnosticado con coronavirus y obligado a entrar en cuarentena.

Pero basta ver la forma como los inmigrantes más vulnerables enfrentan este nuevo escollo para darse cuenta del nivel de necesidad en el que se encuentran y las razones por las que se pide inclusión y apoyo para ellos. Sus mayores preocupaciones, por ejemplo, son cumplir con sus obligaciones, desde las más elementales, hasta las más complicadas, pero sobre todo pagar sus cuentas. Es decir, se sienten más preocupados por su situación económica que por contraer el coronavirus, según publicó recientemente el diario La Opinión. Así es el tamaño de su angustia o el significado de su “sueño americano”, frase que ha entrado en franco desuso hace ya mucho tiempo.

Ante una crisis de salud pública de gigantescas proporciones como la que se está padeciendo en el mundo entero debido a la pandemia de coronavirus, ni siquiera debería estar a debate quién sí y quién no debe entrar en un paquete de ayuda. Esa discusión, además de obscena e inútil, solo muestra mezquindad y hace ver a quienes se oponen a auxiliar a los inmigrantes en general y a los indocumentados en particular que no solamente no entienden una crisis médica, sino que se colocan de lleno en el capítulo de su propia decadencia moral.

Todos hacemos falta en una crisis como esta, en la que ningún grupo es excepcional. Pero vaya que es el mejor momento de reconocer el aporte de los inmigrantes, documentados o no, mismos que no son ni serán jamás “una enfermedad”, sino el remedio a muchos de los males que hoy enfrenta no solo Estados Unidos, sino el mundo entero.