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Enfermeras recibieron en El Salvador restos de compañera que donó sus órganos en EE.UU.

Sandra Guadalupe Barrientos sufrió una muerte cerebral mientras estaba en el país para pasar las fiestas navideñas en casa de su suegra
DONACIÓN. En El Salvador, Guadalupe Barrientos (izquierda) no hubiese podido ser donadora porque aún no hay una Ley de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células Humanas. | Foto/ Cortesía

DONACIÓN. En El Salvador, Guadalupe Barrientos (izquierda) no hubiese podido ser donadora porque aún no hay una Ley de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células Humanas. | Foto/ Cortesía

A las doce del medio día en el Aeropuerto Internacional, en Comalapa, unas 40 enfermeras y empleados administrativos del Hospital San Rafael de Santa Tecla aguardaban el miércoles en el área de carga.

La mayoría de los presentes guardaban e intercambiaban en sus teléfonos fotografías de Sandra Guadalupe Barrientos, de los últimos momentos que compartió con ellos. La describieron como una mujer extrovertida, con una actitud positiva y de mucha calidad humana, tanto con ellos como con los pacientes del área de consulta externa, donde se había destacado los últimos tres años.

De sus compañeros, no hay quien no haya escuchado la frase “tópelo mi cabo”, su grito de batalla en el centro asistencial ante las adversidades o inicios de jornada. Sandra se caracterizaba por alegrar a sus compañeros y pacientes, a quienes no era extraño les ayudara a solventar problemas con consultas y hasta darles palabras de aliento.

“Ella era una mujer con mucha empatía, si el paciente llegaba tarde trataba de buscarle cupo”, cuenta el director del Hospital San Rafael, Yeerles Ramírez.

Sus compañeras enfermeras también recuerdan su actitud alegre. “Aunque anduviera cansada, ella siempre tenía ganas de trabajar, sin importar cómo se sintiera“, recuerda Mélida Yanira Acevedo.

“Ella era sonriente amigable, siempre le gustaba ayudar a todos los compañeros y pacientes”, dijo Nimsi Martinez, compañera de la enfermera. | Foto EDH/Jessica Orellana

“Ella era sonriente amigable, siempre le gustaba ayudar a todos los compañeros y pacientes”, dijo Nimsi Martinez, compañera de la enfermera. | Foto EDH/Jessica Orellana

Los últimos años de Sandra no fueron fáciles, según cuentan sus propios compañeros. Sufría constantes dolores de cabeza, lo que incluso la llevó a incapacitarse por más de una vez. Debido a ese padecimiento, ya se había realizado distintos exámenes, pero hasta diciembre pasado ninguno de ellos había posibilitado un diagnóstico.

“Una semana antes de su salida, yo le dije que se tomara una tomografía por la cantidad de cefaleas que había tenido y así lo hizo”, cuenta el doctor Yeerles, director del hospital.

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La enfermera vivía en Santa Ana y viajaba hasta Santa Tecla para cumplir con sus labores en el San Rafael. Antes había trabajado en el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom.

El 21 de diciembre Felipa Guillén de Barrientos, suegra de Sandra los recibió en Nueva Jersey. Ella viajaba junto con su espeso e hijo, a quien le celebraron su cumpleaños en esa última semana de vida.

El 30 de diciembre, Sandra no soportó más los dolores. Había hecho un esfuerzo descansando para estar lista para las celebraciones de fin de año, pero no aguantó. Pidió a sus familiares llevarla al hospital. El 3 de enero falleció en el Overlook Medical Center.

La enfermera salvadoreña había expresado que deseaba donar sus órganos, algo que solo fue posible por estar en Estados Unidos, pues en El Salvador no hay condiciones legales para hacerlo.

Fuente: elsalvador.com.