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Albert Pujols revive entre aplausos la historia del hijo pródigo

El latinoamericano con más carreras empujadas en las Grandes Ligas vivió tres días de ensueño a su regreso a San Luis, su casa durante una década y el sitio donde más brilló
Albert Pujols el día en que llegó a 2.000 empujadas en las Grandes Ligas / Captura de MLB Network

Albert Pujols el día en que llegó a 2.000 empujadas en las Grandes Ligas / Captura de MLB Network

Albert Pujols caminó fuera del dugout del equipo visitante en el Busch Stadium de San Luis, hizo gestos hacia la otra cueva y finalmente se encontró en el home con su amigo y antiguo compañero Yadier Molina. El astro dominicano fue figura y protagonista junto al puertorriqueño durante varios años en la ciudad del medio oeste. Y este domino, mientras intercambiaban camisetas al finalizar la jornada, pusieron el punto final a un reencuentro que recordó la historia bíblica del hijo pródigo y su vuelta al hogar.

Pujols defendió a los pájaros rojos durante 11 torneos. Vivió en ese lapso una de las décadas más productivas que recuerde la historia de las Grandes Ligas. Podría decirse que labró entre 2001 y 2011 la placa que algún día tendrá en Cooperstown, en el Salón de la Fama. Pero se marchó como agente libre, al no recibir el contrato que creía merecer.

Pasaron ocho años hasta que el latinoamericano con más carreras empujadas en la MLB volvió a pisar el parque donde se hizo célebre. Y la reacción de la gente fue tan generosa como productivo con el madero resultó el nativo de Santo Domingo.

A Pujols lo ovacionaron constantemente. Entre viernes y domingo, no hubo nadie más aplaudido que él, por más que fuera parte de los Ángeles de Los Ángeles, el equipo rival. Hubo tres momentos particularmente emotivos: al ir a batear por primera vez, al sonar un jonrón el sábado y al salir al plato por última oportunidad, ya en la jornada dominical.

Largó cuatro incogibles en 11 turnos, con un boleto y dos empujadas.

No hay un latino con más hazañas en la MLB que Pujols. Y no debe haber momento más noble que el ocurrido en el duelo sabatino. Ese día la sacó de parque y el público lo sacó a él del dugout, obligándolo a levantar el casco y saludar a las tribunas, a pesar de ser un rival.

No era un contrincante, ese al que aclamaban. Era el mismísimo hijo pródigo que había vuelto a casa.