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MFA presenta la primera exposición en la Costa Este de las fotografías de Graciela Iturbide

La exhibición está compuesta por casi 140 fotografías que cuentan la historia visual de su país desde finales de los años setenta.
Graciela Iturbide, Torito, Coyoacán, Ciudad de México (Little Bull, Coyoacán, Mexico City), 1982. Gelatin silver print. Col. Galería López Quiroga.

Graciela Iturbide, Torito, Coyoacán, Ciudad de México (Little Bull, Coyoacán, Mexico City), 1982. Gelatin silver print. Col. Galería López Quiroga. Courtesy of the artist. © Graciela Iturbide.

A lo largo de una carrera de cinco décadas, la fotógrafa Graciela Iturbide (nacida en 1942) ha centrado su atención en captar y comprender la belleza, los rituales, los desafíos y las contradicciones de su México natal. El México de Graciela Iturbide es la primera gran presentación de la obra de la artista en la Costa Este y está compuesta por casi 140 fotografías que cuentan la historia visual de su país desde finales de los años setenta. La obra de Iturbide, que va más allá de la fotografía documental, revela las complejidades de México por medio de sus exploraciones personales. Sus fotografías se concentran en las tensiones que existen entre la vida urbana y rural, la presencia humana y la naturaleza, las culturas indígenas y española, y han contribuido a formar la identidad visual de México a la vez que han llamado la atención hacia el rico sincretismo, la diversidad y las desigualdades de la sociedad mexicana. La exposición está compuesta principalmente de obras pertenecientes a la colección de la propia Iturbide y pone de relieve, además, una reciente adquisición de sus fotografías que supone el primer gran grupo de obras de la artista en ingresar a la colección del Museo: 35 de ellas adquiridas por el MFA y dos donadas por la fotógrafa. También se incluyen préstamos de museos y colecciones privadas de varios puntos de los Estados Unidos, México y Francia. La exposición, que se encontrará abierta al público entre el 19 de enero y el 12 de mayo de 2019 en la Galería Henry y Lois Foster, presentará texto interpretativo en inglés y en español, así como un video documental de la artista, producido por el Museo y grabado en el estudio de Iturbide en la Ciudad de México. El México de Graciela Iturbide estará acompañada por un catálogo ilustrado producido por MFA Publications, que presenta más de 100 hermosas reproducciones fotográficas en blanco y negro junto a ensayos que invitan a los lectores a participar del recorrido artístico personal de Iturbide. La exposición cuenta con el apoyo del Fondo Leigh y Stephen Braude para el Arte Latinoamericano, el Fondo Bruce y Laura Monrad para Exposiciones, y el Fondo de la Familia Diane Krane y la Familia Jonathan y Gina Krane. Para la publicación, se recibió el generoso apoyo del Fondo Andrew W. Mellon para Publicaciones.

“Me emociona poder presentar las revolucionarias imágenes de Graciela a nuestro público global, y ha sido un placer y un honor trabajar codo a codo con ella en la preparación de esta exposición”, dijo Kristen Gresh, Curadora de Fotografía Estrellita y Yousuf Karsh. “Su obra ha traído al primer plano de manera satisfactoria y con gran belleza las muchas historias inauditas de la cultura y la historia mexicana desde una perspectiva privilegiada”.

La exposición se encuentra organizada temáticamente en nueve secciones y comienza por las primeras fotografías. Una de sus primeras obras, Zihuatanejo, México (1969, Colección de Les y Sandy Nanberg), es el retrato de una joven pensativa, que marca el inicio de sus incursiones en la tarea de fotografiar los diversos pueblos de México. Tomada durante el mismo año, Ciudad de México (1969, Colección de Daniel Greenberg y Susan Steinhauser) presenta a una trabajadora sexual en lo que parece ser una cantina o pulquería. De hecho, se trata de una figura de cera en un museo. El fondo gráfico de la fotografía—un mural de una gran calavera pintada sobre la pared—alude tanto a la larga historia del muralismo en México como a la fascinación de este país por el tema de la muerte. Obras como Torito (1982, Colección de la Galería López Quiroga) y Juchitán (1975, MFA) revelan la atracción que siente Iturbide hacia las geometrías urbanas inusuales, así como su agudeza visual para captar lo inesperado. En conjunto, estas primeras imágenes son testimonio de la perspicaz observación que la fotógrafa realizó de la cultura mexicana contemporánea en las décadas de 1970 y 1980.

Las siguientes tres secciones de la exposición se centran en el profundo compromiso de Iturbide por fotografiar a los distintos pueblos indígenas de México. Uno de sus primeros proyectos fue documentar la forma de vida de los Seri, un pueblo indígena de pescadores antiguamente nómada que habitaba en el desierto de Sonora, al noroeste de México. En 1978, Iturbide y el antropólogo Luis Barjau se sumergieron de lleno en la comunidad, y pasaron con este pueblo un mes y medio en su primer viaje y otro mes más en el segundo. El resultado de su colaboración fue el libro Los que viven en la arena, publicado en 1981, y una selección de fotografías adicionales que Iturbide imprimió y expuso años más tarde. La exposición presenta dos impresiones fotográficas de una de las obras más conocidas de Iturbide, Mujer ángel (1979, Colección de Elizabeth y Michael Marcus, y Colección de la Galería López Quiroga), una imagen etérea que captura a una mujer vestida con un traje tradicional que lleva consigo una radiograbadora de camino hacia el vacío de la llanura desértica. La fotografía ejemplifica un tema que atraviesa toda la serie: el impacto del capitalismo sobre el pueblo seri, por lo demás una cultura minimalista. Este proyecto temprano confirmó el interés de Iturbide por trabajar de manera temática, lo que incrementó su conciencia sobre la diversidad de su país y le permitió establecer estrechas relaciones con sus sujetos.

En el transcurso de una década desde 1979, Iturbide viajó con regularidad a Juchitán, una ciudad en el sur de Oaxaca. Juchitán es la tierra de la cultura zapoteca, conocida por la independencia económica, política y sexual de sus mujeres. La emblemática fotografía de Iturbide titulada Nuestra Señora de las Iguanas (1979, Brooklyn Museum) presenta a una mujer, Zobeida Díaz, con una corona de iguanas en la cabeza de camino a venderlas en el mercado. La iguana tiene una importancia histórica en la sociedad zapoteca, como exquisitez gastronómica y como animal al cual se le atribuyen propiedades curativas. Nuestra Señora de las Iguanas, imagen que hoy se reproduce por todas partes, desde oficinas municipales a carteles y murales en las carreteras, se ha convertido en un símbolo de la comunidad de Juchitán y de la mujer zapoteca. Las hojas de contacto originales expuestas junto a la fotografía muestran una secuencia cinemática en la que Díaz interactúa con Iturbide a medida que posa para la cámara. En ciertos momentos, parece que la risa se apoderara de ella, señal de la empatía de la artista para conectar con sus sujetos. Unas marcas amarillas de lápiz de grasa revelan, además, el método de trabajo y el proceso creativo de Iturbide, poniendo de relieve la imagen que eligió para imprimir y la manera en que planeó recortarla. En su selección final, las propias iguanas parecen estar posando para la cámara, una idea que corresponde con la búsqueda de Iturbide por captar lo inesperado y lo simbólico.

Además de poner de relieve la importancia de la mujer en Juchitán, Iturbide también capturó la mentalidad abierta de esta sociedad respecto de los muxes, hombres vestidos de mujer a quienes en ocasiones se denomina el tercer género zapoteca. Sus fotografías de un muxe llamada Magnolia—Magnolia con espejo (1986, J. Paul Getty Museum) y Magnolia con sombrero (1986, MFA)—demuestran su capacidad de establecer una conexión íntima con la comunidad. Sumergiéndose de lleno en la cultura zapoteca, Iturbide también registró el duradero legado de las tradiciones nativas, desde un festival anual de dos días de duración y un peregrinaje que celebra a la deidad del cocodrilo hasta el rapto, un ritual prenupcial practicado por las clases medias y bajas. Sus imágenes de gran potencia y lirismo de Juchitán no solo le ganaron el reconocimiento internacional, sino que se convirtieron en el punto de partida para una nueva visión de la sociedad juchiteca, la cual desde entonces se ha visto integrada a la identidad mexicana.

Después de la sección de Juchitán se encuentran las fotografías que Iturbide tomó del ritual anual de la matanza de las cabras en la región oaxaqueña de La Mixteca, ubicada en el centro-sur de México. La tradición, que continúa viva aún, se remonta a la época colonial, cuando los terratenientes españoles contrataban a indígenas mixtecos para que mataran a sus animales para la venta. Decenas de miles de cabras mueren durante este festival de un mes de duración, que cuenta con aspectos ritualistas como salvar a un único animal cada año como acto de arrepentimiento antes de la matanza. Las fotografías de Iturbide de esta serie también ponen de relieve la explotación de los trabajadores en una de las regiones más pobres de México, quienes han creado un ritual a partir de sus duras condiciones de trabajo como manera de lidiar con la violencia y el dolor. Esta experiencia tuvo un tremendo impacto en Iturbide marcando un cambio decisivo en su vida personal. La desgarradora experiencia que vivió en La Mixteca fue la última vez que pasó un periodo de tiempo extenso con una comunidad indígena.

Las siguientes tres secciones se centran en temas recurrentes en la obra de Iturbide: las fiestas, la muerte y los pájaros. Desde mediados de la década de 1970, Iturbide ha viajado por todo el país, incluidas las regiones de Chalma, Oaxaca y Tlaxcala, para observar y registrar la variedad de fiestas: celebraciones fastuosas y visualmente estimulantes que suelen incluir elaborados trajes o disfraces. La muerte es otro elemento dominante en la cultura mexicana, y las fotografías de Iturbide relacionadas con este tema reflejan tanto una experiencia personal como manifestaciones culturales más amplias. Sus obras abarcan desde representaciones de símbolos de la mortalidad en la vida cotidiana, como se aprecia en una de sus primeras fotografías México…Quiero conocerte! (1975, MFA), hasta representaciones de rituales y celebraciones funerarios casi surreales, como la celebración anual del Día de los Muertos. La fascinación de Iturbide con los pájaros se encuentra estrechamente vinculada con su propio recorrido emocional hacia la superación de una pérdida personal. Sus fotografías del tema —que incluyen desde cielos espectaculares y sublimes llenos de pájaros hasta retratos en primer plano de pájaros en árboles o incluso autorretratos con pájaros— muestran su interés en los ritos y ciclos del mundo natural, a la vez que evocan el mundo espiritual.

En 1998, Francisco Toledo invitó a Iturbide a fotografiar el nuevo Jardín Etnobotánico de Oaxaca. El jardín se diseño para contar la historia de la relación que existe entre el pueblo de Oaxaca y sus plantas nativas, organizadas de acuerdo con temas ecológicos y culturales. La siguiente sección de la exposición presenta estas fotografías, en particular, imágenes de cactus que se encuentran en tratamiento terapéutico. Las imágenes, publicadas en su libro de 2004 titulado Naturata, reflejan el lado del jardín que tiene que ver con el cuidado de las plantas. En una deslumbrante vista de la parte superior de varios cactus en forma de columna en Jardín Botánico(1998–99), vemos a las plantas con tablas de maderas como férulas y montones de papel de periódico como relleno, todo ello atado con cuerdas. En otra fotografía, Jardín Botánico (2002), una planta llena de espinas y semejante a un árbol recibe tratamiento por catéter intravenoso; dos bolsas de un líquido color crema gotean en unas mangueras conectadas a sus extremidades.

La sección final se encuentra protagonizada por la serie más reciente de la exposición, El baño de Frida, que abrirá sus puertas desde el 27 de febrero hasta el 16 de junio de 2019 en el ala Arte de las Américas del Museo, junto con otra exposición del MFA titulada Frida Kahlo y el Arte Popular. En 2005, Iturbide fue comisionada para fotografiar las pertenencias de Frida Kahlo guardadas en el baño de su Casa Azul, donde pasaron 50 años bajo llave tras la muerte de la artista. Las crudas imágenes de Iturbide proporcionan una narrativa emocional acerca de este espacio íntimo dentro de La Casa Azul, donde Kahlo nació y murió, así como del misterio de los objetos. Las fotografías de Iturbide se centran principalmente en objetos relacionados con el dolor de Kahlo, desde una caja de Demerol, un opioide recetado para tratar el dolor, hasta una pierna prostética. En una fotografía, una bata de hospital —manchada de sangre o pintura— cuelga ominosamente sobre la pared con azulejos, recordatorio de las muchas operaciones que padeció Kahlo. En otra, un autorretrato en el que se ven los pies de Iturbide en la tina de baño de Kahlo, la fotógrafa se pone en el lugar de la artista y evoca una de las famosas pinturas de Kahlo: Lo que el agua me dio(1938). Las imágenes de Iturbide revelan un lado de Frida Kahlo drásticamente distinto al aspecto colorido, mágico y realista representado en sus ropas y pinturas. Al fotografiar el espacio privado de Kahlo, Iturbide se enfrenta no solo al legado cultural simbólico de la pintora, sino también a su propio legado. La serie revela un diálogo silencioso entablado entre las dos mujeres, dos artistas mexicanas que han visto su arte como una forma de terapia y evasión de la vida cotidiana.