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Alfonso Cuarón: “La separación de castas y clases es el verdadero problema”

El cineasta mexicano se llevó dos estatuillas en los Globos de Oro
CINE. Alfonso Cuarón sostiene sus premios en la sala de prensa durante la 76° ceremonia anual de los Premios Golden Globe en el Beverly Hilton Hotel, en Beverly Hills, California

CINE. Alfonso Cuarón sostiene sus premios en la sala de prensa durante la 76° ceremonia anual de los Premios Golden Globe en el Beverly Hilton Hotel, en Beverly Hills, California

Desde que se estrenó mundialmente, el 14 de diciembre, Roma ha despertado comentarios de toda clase: desde elogiosos (“obra maestra”) hasta críticos (“no es más que una producción inflada por Netflix”).

Solo hay unanimidad sobre Cleo, una empleada doméstica que sirve como trasfondo para observar las subidas y las caídas del México de los años setenta. Ella le da razón de ser a la película, inspirada en Liboria Rodríguez, Libo, que fue la empleada doméstica de la familia de Alfonso Cuarón, el director de Roma, que decidió hacer una retrato muy íntimo de su infancia.

En la noche de los Globos de Oro Cuarón salió con dos estatuillas: la de mejor director y mejor película de habla no inglesa. Semana revive esta breve entrevista que concedió desde su carro, poco después de haber atendido una rueda de prensa en Ciudad de México.

Semana: Roma es una película muy personal, basada en una etapa de su infancia y en sus recuerdos, pero algunos la ven como una película política. ¿Qué opina de esa interpretación?

Alfonso Cuarón: Mi intención nunca fue hacer una película política, sino explorar unas heridas personales y familiares que tenía muy en el fondo. Pero dentro de esas heridas, claro, hay unas que comparto con el resto de los mexicanos: cosas que están en la conciencia común de esta sociedad. Entonces, aunque esa nunca fue la idea, es inevitable y normal que algunos le den esa lectura.

Semana: ¿Cómo logró contar al México de los últimos 40 años a partir de una historia basada solo en una etapa de su infancia?

A.C.: Las cosas siguen ahí y eso es lo más triste. La parte problemática no ha cambiado mucho y, de hecho, ha empeorado. Sobre todo, la tremenda separación de castas y de clases sociales que sufre nuestro país. Y, además, la perversa relación entre estas y el bagaje étnico. También el negarse a aceptar que esa situación existe, algo que quedó muy claro en los comentarios por las redes sociales. Por otro lado, sin embargo, tampoco cambia ese aspecto luminoso y solidario que tiene esta sociedad y este país. Esa dualidad se mantiene.

Semana: La masacre del Corpus Christi está en el comienzo y el final de varios temas de su película. ¿Por qué lo marca tanto este evento?

A.C.: Creo que marcó a toda una generación y, de hecho, ha seguido marcando a las siguientes. Es una de esas grandes cicatrices y heridas de las que hablábamos al principio, que compartimos como mexicanos. A mí me tocó en un momento donde empezaba a ser más consciente acerca de la realidad que estaba afuera de mi burbuja. Sabía de la masacre de Tlatelolco (1968), había oído de ella, pero me era abstracta y lejana. Esta no solo fue más cercana, sino que para ese momento ya me había reconocido como estudiante, así que tuve mucha más consciencia de lo que se trataba un ataque a los estudiantes. Eso me despertó.

Semana: Roma habla de injusticias, sociales y políticas, pero hace énfasis en el servicio doméstico, una forma de esclavitud. ¿Entiende que aún exista en el siglo XXI?

A.C.: El problema no es que exista un empleo de servicio doméstico, sino la actitud acerca de ese trabajo. Es un trabajo sin regulaciones, en donde hay una relación casi de pertenencia del empleador. Una costumbre heredada que compartimos varios países latinoamericanos con contrastes sociales muy marcados, como los nuestros. En México viene desde la Colonia. Y es cierto que en los mejores casos, como en la historia a la que se refiere la película, hay una relación realmente afectiva y amorosa. Pero si uno mira bien, esa relación no trasciende las jerarquías. Es decir: la separación de clases se mantiene, a pesar de que se crea un lazo fuerte. Ese es el verdadero problema: la separación de castas y clases.

Semana: ¿Era su idea hacer un tributo a las mujeres y, de cierta forma, cuestionar el papel de los hombres en su sociedad?

A.C.: Para nada. Yo solo quería hacer una película acerca de dos mujeres muy cercanas a mí, sobre todo de Cleo. Y también quería mostrar una realidad, en ese contexto, la ausencia de los hombres. Y bueno, aunque no quería hacer ningún discurso universal, al explorar las heridas de mi país es inevitable hablar tanto de la presencia masculina en forma de violencia, como de la ausencia de muchos de ellos.

Semana: Desde Colombia se pueden sentir afinidades con lo que muestra Roma y seguramente sucederá con otros países…

A.C.: Yo quería hacer una película muy específica, acerca de una mujer muy específica, en una familia muy específica, en una ciudad muy específica, en un barrio muy específico y dentro de un marco de tiempo muy específico. Por eso, me sorprendí cuando empecé a ver esta respuesta y este compromiso emocional tan fuerte con la película por todos lados del mundo. Quiero creer que eso sucede porque, aunque hablo de mi país, y de una realidad muy concreta, la historia se puede traducir a distintas realidades. Y hay ciertas sociedades, como la colombiana, muy afines a la mexicana. Me atrevería a decir, incluso, que de las sociedades latinoamericanas quizás la colombiana es la más hermanada y tiene muchas similitudes, tanto sociales como económicas. Así que creo que, por ese motivo, un colombiano puede hacer una traducción muy directa de la película.

Semana: Roma es visualmente excepcional. ¿Por qué decide utilizar el lenguaje que utiliza, las secuencias largas y el blanco y negro?

A.C.: Yo quería hacer una película que naciera en mi memoria y que honrara esas memorias de la mejor manera. Y a partir de ellas armé toda la noción de tiempo y de espacio. El aspecto visual y las decisiones que tomé en ese sentido, como las escenas con tomas largas, buscaba hacerle justicia a esos espacios en el contexto del tiempo. Con el blanco y negro quise darle una mirada de nostalgia.

Semana: Y el sonido aporta mucho…

A.C.: Con el sonido también quise lograr algo especial: que el espectador no solo se percatara de lo que estaba viendo dentro del cuadro, sino también de lo que estaba alrededor. La cámara es como ese fantasma que visita el presente y el pasado, que aunque tiene un punto de vista distante escucha toda la atmósfera alrededor del espacio que ve, que es un espacio real.

No hubo más preguntas: al otro lado de la línea, una de sus asistentes dijo que los 10 minutos destinados para la entrevista había terminado. Cuarón reapareció y dijo: “Gracias”.