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OPINIÓN: Las peculiaridades de las elecciones de 2019 de El Salvador


Por Manuel Hinds | 2/1/2019, 2:24 p.m.
OPINIÓN: Las peculiaridades de las elecciones de 2019 de El Salvador
ELECCIONES. Ciudadanos buscan información sobre los centros habilitados para emitir el voto el próximo 3 de febrero en San Salvador | EFE/Rodrigo Sura

Decir de cualquier elección que va a definir el futuro es un lugar común, un cliché que siempre va a ser cierto porque es obvio que los electos harán cosas que sus rivales no electos no harían, y dejarán de hacer muchas que los otros sí harían. Al final del periodo, las opciones para los nuevos candidatos serán distintas que si alguien más hubiera ganado.

Pero aún dentro de esta perpetua divergencia hay elecciones en las que todo parece estar en juego porque muchas semillas sembradas hace tiempos han llegado a su germinación. Este es el caso de las elecciones de 2019, en las que hay varios procesos de cambio que están llegando a su culminación, dando como resultado una reexaminación completa de la filosofía de gobierno que surgió de los Acuerdos de Paz.

Sabiamente, los Acuerdos de Paz decidieron no definir un estado final al que el país debía llegar. La decisión fue sabia porque no todos los salvadoreños van a estar de acuerdo con la forma que el país debería tomar, porque las tecnologías cambian haciendo imposible definir un estado final para la economía, y porque la gente cambia de opinión al pasar el tiempo. El mundo ideal para una generación puede ser el infierno para otra. Por esta razón, es mejor hacer lo que hicieron los Acuerdos de Paz: definir los procesos a través de los cuales la sociedad iría definiendo lo que quiere con el pasar del tiempo.

Este fue un cambio radical. Antes de los Acuerdos de Paz, los distintos grupos políticos buscaban forzar lo que ellos pensaban sería un país ideal sobre el resto de la población. El resultado final de estas confrontaciones no fue que todos pensaron igual sino la guerra. Después de 80,000 muertos y de mucho sufrimiento, los salvadoreños entendieron que la diversidad humana no puede ni debe reprimirse, y que en vez de tratar de forzar una uniformidad en las opiniones lo que se necesitaba era diseñar procesos que permitieran tomar decisiones tomando en cuenta la diversidad, que se tomaran no a balazos sino democráticamente, y que permitieran a la sociedad cambiar de opinión si así lo deseaba. Este fue el consenso fundamental de los Acuerdos de Paz.

Este consenso fundamental funcionó inicialmente pero se ha ido olvidando por varias razones. Primero, porque muchos individuos se aprovecharon de esta negligencia ciudadana para llegar al poder sin las calificaciones morales y de educación que la constitución requiere, y para abusar del poder en todas las dimensiones posibles. Segundo, porque el resto de la población creyó que el funcionamiento de la democracia es automático y no requiere mantenimiento y vigilancia ciudadana. Tercero, porque el renacimiento económico que se dio al principio de la postguerra como resultado del fin de las hostilidades y de la liberación de la economía se estancó porque la inversión en capital humano también se estancó. Cuarto, porque la población incluye una porción creciente de ciudadanos que no vivieron tiempos en los que los grupos políticos buscaban definir a la fuerza lo que la población entera debería de pensar y no saben las consecuencias de volver a un sistema en el que todo el poder del país se concentra en un caudillo. Habiendo crecido en la democracia, no aprecian su valor ni el daño que su falta haría al país.

La culminación de todos estos ciclos vuelve este momento muy peligroso para el país y torna cruciales estas elecciones. El problema fundamental del país no está en el sistema democrático de partidos políticos sino en la degeneración que se permitió en su manejo. La solución de esos problemas no está en volver a los caudillos arbitrarios del Siglo XIX, que nos sumieron en el subdesarrollo, sino en poner orden en nuestras instituciones. Y tenemos que entender que el desarrollo no viene solo, que lo que necesitamos exigir del gobierno no son dádivas sino un programa efectivo de inversión en la gente, en el capital humano. Esto es lo que debe guiar nuestros votos en las elecciones de 2019.

Máster en Economía

Northwestern University