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El papelón mundial de la final soñada


Alejandro Jarpa Valdés | 11/26/2018, 3:43 p.m.
El papelón mundial de la final soñada

Lo que sería una fiesta deportiva, se transformó en una bochornosa jornada para el fútbol argentino y sudamericano. Piedras y gases pimienta se apoderaron de la final del mundo.

La final soñada se jugaba el sábado. Una semana tranquila para River y Boca. Estaba todo listo en Argentina. El mundo atento. Todo iba bien hasta que un grupo de delincuentes ataca el bus xeneizes que trasladaba a los jugadores y cuerpo técnico al estadio Monumental.

Piedras de los desadaptados y gas pimienta de la policía, irrumpen por los vidrios destrozados del bus a cuadras del recinto deportivo. Las imágenes por la televisión eran evidentes. Jugadores afectados y heridos llegan al camarín visitante. De ahí en adelante, indecisiones y confusiones de parte de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL).

Todo el planeta estaba pendiente. Y claro, se jugaba la final soñada, como decían los propios argentinos, se jugaba la final del mundo. Reuniones de urgencias entre los presidentes de River, Boca y Alejandro Domínguez, edil de la CONMEBOL. Corridas para allá, corridas para acá, por los pasillos del Monumental.

Qué se jugaba a las 6. Luego a las 7. Al final, se suspende el partido para el domingo, a las 17:00 horas. Ya era una vergüenza. Según Domínguez “Hay un acuerdo de ambos clubes, pacto de caballeros”.

La Copa Libertadores es el máximo torneo continental sudamericano y la final desata tensiones y emociones como ningún otro evento deportivo en la región. Pero esto se pasó de la raya. Las espera de horas de los más de 60 mil espectadores en el estadio, era bien parecido a la espera de los enfermos en las salas de urgencias de los hospitales en Chile.

La jornada del sábado culmina, por una parte, con jugadores heridos y la decisión de la CONMEBOL, con la voz por alto parlante de la suspensión de la final soñada. Todos para la casa. Enojo en los hinchas. Molestia en algunos jugadores de Boca. Silencio en River. Nos vemos el domingo.

Tras un largo sábado, el domingo aportó consigo más sorpresas. Muy temprano River Plate informaba que las puertas del estadio Monumental se abrirían a las 13:00 horas; mientras que Boca Juniors, desde el lugar de concentración sacaba un comunicado de prensa pidiendo la suspensión del partidos, esto porque Pablo Pérez no se encontraba cien por ciento físicamente.

Comenzaban los dimes y diretes. Hablas tú, hablo yo. “Soy de los que piensan que los partidos se ganan en cancha”, decía Daniel Angelici, presiente de Boca. “Estoy sorprendido por la postura de ellos”, indicaba Rodolfo D’Onofrio, mandamás de River. Mientras que la CONMEBOL, muda. El pacto de caballeros quedaba enterrado.

El papelón y la torpeza ya estaban escritos con mayúscula. Más aún cuando pasado el medio día, el presidente de la CONMEBOL, Alejandro Domínguez, manifestaba la postergación del partido porque “no están garantizadas las condiciones de igualdad entre ambos equipos”.

Lo que era un partido esperado para todos los amantes del fútbol, terminaba siendo una pesadilla y una vergüenza para el mundo. En Sudamérica pasan estas cosas. Ahora se posterga la final soñada hasta nuevo aviso, esperando incluso ajustar el calendario apretado, pues el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, en Buenos Aires, se realizará la cumbre G20 y la seguridad se concentrará en ese evento.

Santiago de Chile y Emiratos Árabes, son algunos de los países que barajan los organizadores para llevar la final soñada, lo cierto es que recién el martes 27, en Luque, Paraguay, los presidentes de ambos clubes y los directivos de la CONMEBOL, analizarán y decidirán la nueva fecha de la final soñada.