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Una larga Copa Libertadores culmina con River Plate como campeón

Casi un mes después se llevó a cabo en compromiso de vuelta, con el Santiago Bernabéu como sede
MONARCAS. Alzaron su cuarto trofeo de Copa Libertadores

MONARCAS. Alzaron su cuarto trofeo de Copa Libertadores

28 días y tres horas. Nunca una final se había alargado tanto en el mundo del fútbol, pero finalmente bajó su telón. El 9 de diciembre, la Copa Libertadores de América cerró su edición del año 2018 luego de que River Plate sumara su cuarto título continental al superar en el choque de vuelta 3-1 a Boca Juniors para alimentar aún más una leyenda que supo agrandar Marcelo Gallardo, productor de éxitos con el cuadro millonario desde que asumiera la dirección técnica en el año 2014.

Una llave que debía definirse en una misma ciudad por primera vez en los más de 50 años de historia del prestigioso torneo debió culminar en otro continente luego de que el pasado 24 de noviembre un grupo de desadaptados atacara el autobús del club xeneize mientras se trasladaba al estadio Monumental, casa de River Plate, y que terminó con dos jugadores heridos, incluido el capitán de Boca Juniors, Pablo Pérez.

En principio, la vuelta de la final se había postergado por 24 horas, pero las garantías no estaban dadas en una ciudad que lamentablemente mostró la peor de sus versiones sociales, en la que el fútbol es religión pero a la vez cuna de mafiosos que desde las barras operan con la misión de hacer reinar la anarquía, como ocurrió aquel sábado, y que puso serias trabas a futuro para la organización de eventos, sobre todo cuando se conoce la intención de Argentina de albergar de forma compartida la Copa del Mundo del 2030.

Asimismo, la preocupación iba más allá del deporte, pues unos días después estaba en el calendario Buenos Aires como sede de la cumbre del G20, donde los principales líderes del planeta se reunieron a lo largo de dos fechas para ajustar acuerdos en distintas materias. Esta cita, afortunadamente, no contó con episodios violentos para lamentar, demostrando cómo es vista la disciplina y su poder sobre grupos delictivos que aún tienen espacio en las calles, situación que desde ahora deberá obligar a las autoridades a aplicar los correctivos necesarios para que no vuelva a suceder otro triste espectáculo que empañe al balompié.

Las acciones

Un River Plate vs Boca Juniors no es cualquier cosa. En este tipo de compromisos no priva mucho aquello de ser local. Al menos no para sus protagonistas a pesar de que cada fanaticada colme el estadio que se vuelve un sinónimo de hogar con cada jornada. Con la ida igualada a dos tantos, el equipo millonario parecía tener una leve ventaja a su favor, algo que para muchos fue aniquilada por completo al cambiar de sede.

Esta tesis se agrandó con la ventaja momentánea del xeneize. Corría el minuto 44 de la primera mitad cuando Darío Benedetto agitaba las redes. El atacante, quien se había ganado un puesto como titular luego de iniciar en el banco de suplentes el compromiso previo, recibió de Nahitan Nández, de los mejores elementos de Boca Juniors en la vuelta, para quedar mano a mano y no fallar frente al guardameta Franco Armani.

La acción, como un baño de agua fría, congelaba a un River Plate que hizo del descanso su momento más importante del juego, lapso en el que el orden y la arenga fueron clave para planificar el complemento. Así, Lucas Pratto puso el empate a los 23 minutos de la segunda parte luego de ser habilitado de manera oportuna por su compañero Ignacio Fernández.

El marcador no se movería más en los 90 minutos, obligando que el global de 3-3 estirara aún más una cita que parecía eterna y en la que en la prórroga River Plate aprovechó una temprana expulsión por doble amonestación del volante Wilmar Barrios para hacerse grande en la media hora restante.

El colombiano Juan Quintero puso el 2-1 con un espectacular remate de pierna izquierda a los 19 minutos del tiempo extra, mientras que Gonzalo Martínez, ya en los segundos finales y sin el arquero como obstáculo, puso cifras definitivas para bajar el telón de una final que será más recordada por hechos violentos y de dudoso desarrollo que por la fiesta del fútbol.

¿Por qué España?

La pregunta del millón de dólares. Cuando se suspendió por tiempo indefinido la vuelta de la final, quedó de parte de la Conmebol, así como de los presidentes de los equipos involucrados acordar no solo un espacio en el calendario, también debía tomarse en cuenta una nueva sede luego de los lamentables hechos que terminaron con el ataque al autobús de Boca Juniors. Era una realidad que llevar ese duelo por el título al interior de Argentina no solucionaría las cosas, por lo que se empezaron a barajar opciones en el exterior.

Los primeros reportes situaron al choque en Asunción, capital paraguaya. Un oficial de policía con supuesto conocimiento del tema señaló a una radio local que se estaban haciendo los estudios pertinentes para la organización del espectáculo, prometiendo un fuerte operativo de seguridad en la zona; sin embargo, parece que se trató no más que de un rumor que con los días perdió peso.

Pero ello no fue sustituido por la información de algún escenario de la zona como verdadero protagonista para recibir a los elementos y fanáticos de cada club; todo lo contrario, conforme avanzaron los días aparecieron sitios que nadie esperaba, con Génova, en Italia, y Abu Dabi, sede del Mundial de Clubes, como sitios que se ofrecieron para albergar el compromiso, este último como alternativa de peso ante la cercanía de la última copa del año.

Mientras esto ocurría apareció de repente una noticia que tapó al resto como si de un eclipse total se tratara: el estadio Santiago Bernabéu, casa del Real Madrid, se ponía a la cabeza entre la lista que se barajaba desde la Conmebol para jugar la vuelta. El marco no era despreciable si se analizaba de forma aislada pues esta es una de las catedrales del fútbol mundial, epicentro de eventos de alta talla y punto de referencia en el mundo de la disciplina.

No obstante, un problema lógico aparecía en el camino: la definición de la Copa Libertadores de América se iba a jugar en Europa. Nada de esto tenía sentido, pero poco pareció importar a los jerarcas del balompié, quienes parecen que ponderaron el precio de un gran postor como Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, dueño de la casa ubicada en la capital española, caso que no alteró en lo más mínimo al presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

Ese mismo hombre ha sido crítico en repetidas ocasiones de la celebración de un compromiso de liga española el próximo año en Miami, como si de dos situaciones diametralmente opuestas se trataran. Hasta hoy se desconoce el porqué de su doble discurso, mientras que en Italia, por ejemplo, se confirmara a Arabia Saudí como sede de la Supercopa italiana. El hecho, pese a que no cuenta con pruebas contundentes, invita a pensar en aquellos casos recientes en los que viejos gerentes de distintas federaciones de fútbol usaron su poder para lucrarse de distintos eventos, haciendo de un deporte que une, un negocio sucio que acabó con varios de ellos tras las rejas.