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Las lecciones que aprendí de mi hija adoptiva latina


Patricia Maccorquodale | Especial a The Washington Post | 5/6/2017, 10:24 a.m.
Las lecciones que aprendí de mi hija adoptiva latina

Cuando eran adolescentes sus compañeros de clases hablaban de ir a un concierto al aire libre por un día entero. Las entradas costaban 20 dólares. Cuando nuestra hija dijo “Tengo el dinero para una entrada”, un joven blanco le dijo “Dónde vas a conseguir ese dinero?, y muchos asintieron con la cabeza - asumiendo que lo tenía por robo o contrabando.

Mientras se desestimaban sus experiencias y su formación, se fue volviendo ansiosa y cautelosa a la hora de interactuar con personas fuera de la familia y amigos.

Seguramente algunos dirán que estos incidentes no están relacionados con la raza y etnia de mi hija, lo que representa otra manera de negar sus experiencias. Claramente, ella tienen muchas identidades y características que fueron relevantes en sus interacciones sociales, desde su género, raza y etnia hasta su personalidad y afición por usar franelas negras. A pesar de que estas características e identidades pudieron entrar en juego en cualquier situación, la consistencia y persistencia de patrones, las conjeturas implícitas y explícitas, y los estereotipos de raza, color y etnia fue lo que mi hija (y yo) experimentó día tras día.

El Presidente Obama dijo en su discurso de despedida que las relaciones raciales están mejor de lo que habían estado, pero fallaron; nuestra democracia falló. Nos llamó a examinarnos y cambiar nuestros sentimientos y creencias: “Nuestros corazones deben cambiar. Si nuestra democracia va a funcionar en esta nación cada vez más diversa, cada uno de nosotros debe tratar de prestar atención a uno de las grandes personalidades de la ficción americana, Atticus Finch, que dijo: ‘nunca llegas a entender realmente a una persona hasta que consideras las cosas desde su punto de vista… hasta que te metes en su piel y caminas en ella’ “.

Comencemos por escuchar las experiencias de otros, entendiendo lo que significa “caminar bajo su piel” y validando sus sentimientos. No se puede hacer que las personas se sientan mejor minimizando sus experiencias o explicando lo que debió haber ocurrido. Hay que preguntarse lo que cada uno puede hacer por ellos y seguir su ejemplo.

Si ves a alguien que está siendo atacado, amenazado o ridiculizado en público, por su raza, genero, sexualidad, etnia, habilidades, religión, entonces intervén. Puedes pararte cerca de la persona que está siendo atacada y hacerles una pregunta. O pararte y decir algo. Ve al agresor a sus ojos y diles que detenga ese comportamiento (“No está bien”).

Examina y reconoce tus propios privilegios y ventajas. Esta reflexión no es con el propósito de que te sientas culpable. En la medida en la que pienses acerca de tus privilegios, puedes identificar recursos que puedas tener (clase social, educación, conexiones, afiliaciones, posiciones) y pensar cómo puedes usar esos recursos para reducir las divisiones raciales. Únete a grupos y organizaciones en las que puedas convertirte en aliado de personas que tienen menos privilegios.

Reflexiona acerca de tu propio lenguaje y comportamiento. Reconoce que estamos influenciados por la cultura popular, el lenguaje y los medios para incorporar imágenes racistas y expectativas en nuestra manera de pensar. Pregúntate a ti mismo si conoces lo suficiente acerca de la personas y la situación para poder juzgar.

Si cada uno de nosotros se hace más consciente y alerta acerca de sus propio racismo inconsciente, podemos crear comunidades más seguras, acogedoras y saludables, en las que personas de todos los colores puedan experimentar apoyo y validación.

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