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Historia del uso de los pasaportes: una regulación no tan antigua


Te contamos cuándo, cómo y por qué se inventó esta regulación

María Elisa Villamizar | 2/23/2017, 11:45 p.m.
Historia del uso de los pasaportes: una regulación no tan antigua
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La idea de la regulación de los países sobre quién atraviesa sus fronteras y quién no, nació hace relativamente poco. De hecho, anteriormente la atención se centraba en el control de los que salían. En los años 1600, los obreros ingleses necesitaban pases emitidos localmente para viajar por trabajo. Esto en parte se utilizaba para evitar las "compras de beneficios" para el alivio de la pobreza en sus parroquias. Pero los controles eran en su mayoría internos.

Los pasaportes para el exterior eran meras solicitudes de buena conducta, en lugar de documentos restrictivos que determinaran a dónde se podía ir. Esto se debió en parte a que la tecnología para identificar individuos, como la fotografía, no estaba ampliamente disponible hasta finales del siglo XIX.

Una de las primeras referencias conocidas sobre esta modalidad de identificación se encuentra en la Biblia hebrea. En Nehemías 2:7, atribuido a la época del Imperio persa en alrededor de 450 a. C., se dice que Nehemías, un agente del rey Artajerjes I, pidió permiso para viajar a Judea, lo cual el rey admitió y le dio una carta "para los gobernadores más allá del río", donde solicita un paso seguro para él a lo largo de su viaje a través de sus tierras.

El pasaporte como instrumento de regulación estatal, nació en la época de la Revolución Francesa de 1789. Este evento histórico impulsó la creación de uno de los primeros "estados-nación" del mundo, definido por la identidad "nacional" de su pueblo en lugar de por las afirmaciones de sus monarcas. Los documentos de identidad fueron parte integral de la creación del estado moderno.

A medida que se difundía la idea del estado-nación, también lo hacía la de los pasaportes. Sin embargo, siempre existieron críticas a este modelo. Con el avance de la Revolución Industrial hacia el siglo XIX, existía también la presión para permitir el libre tránsito de todos los factores de producción: dinero, comercio y trabajo, y no se compartía la idea de una regulación que de alguna obstaculizara la producción. En 1872, el secretario británico de Relaciones Exteriores, Earl Granville, escribió: "todos los extranjeros tienen el derecho sin restricciones de entrada y residencia en este país". La situación era similar en América del Norte.

A principios del siglo XX, los expertos legales europeos estaban divididos sobre si los estados tenían incluso el derecho de controlar los movimientos internacionales de la gente. Pero el nacionalismo que impulsaba a Europa hacia la guerra cambió eso.

Durante la Primera Guerra Mundial, los gobiernos europeos introdujeron los requisitos de pasaporte en las fronteras por razones de seguridad (para mantener alejados a los espías) y para controlar la emigración de los ciudadanos con habilidades útiles, manteniendo la mano de obra potencial dentro de los países. Estos controles se mantuvieron después de la guerra, y se convirtieron en procedimiento estándar. Así fue como el pasaporte llegó para quedarse.

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