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El estigma de las drogas (parte 1)


Jaime Francisco Matorras, LMHC | 2/3/2017, 1:13 p.m.
El estigma de las drogas (parte 1)

Se dice comúnmente que querer es poder, pero no siempre el que quiere dejar de consumir drogas puede hacerlo por la propia fuerza de voluntad.

Usar drogas en un inicio puede ser una elección, pero luego que se establece una dependencia física o psicológica es el cuerpo el que elige y el sujeto el que no puede parar.

En este sentido el abuso o uso problemático de drogas generalmente va a acompañado de diferentes experiencias que favorecen y posibilitan el consumo. La adicción o dependencia a las drogas es un problema complejo que no puede solucionarse de forma sencilla con una pastilla, una decisión o incluso el encierro carcelario u hospitalario.

El uso de drogas o sustancias ilegales está vinculado a la criminalidad, la locura, la inmoralidad y a la muerte. La ayuda profesional, familiar y comunitaria es fundamental para la recuperación, no siempre final y perfecta, pero si posible.

La palabra droga ha pertenecido a la humanidad por miles de años. El interesante libro ¨Historia general de las drogas¨ del filósofo español Antonio Escohotado realiza un detallado estudio de este tema. La droga puede ser legal o ilegal, pude curar o puede enfermar, se puede usar o abusar. Pero si cambiamos la palabra droga por sustancia y decimos lo mismo genera un efecto menos polémico.

No es la intención de este artículo generar polémica, sino cuestionamientos referentes al uso problemático de sustancias y su relación con la salud y la enfermedad. Por lo tanto hablaré de las sustancias que han pertenecido a la humanidad por miles de años. Todos los alimentos que comemos en la actualidad fueron seleccionados y cultivados hasta lograr los productos más digeribles, más sabrosos y más saludables, aunque últimamente no necesariamente los más saludables sino los de mayor venta, o mayor niveles de azúcar. Hasta los animales que comemos, aquellos que todavía somos carnívoros, fueron elegidos y agrupados en cerdos, vacas y gallinas con carnes más digeribles.

Luego se agregaron elementos artificiales para conservarlos, hacerlos más saludables o más coloridos para la venta, empezando por la sal y terminando con hormonas y conservantes. Lo mismo ha pasado con sustancias como el café, el tabaco, el té, la hoja de coca, la yerba mate y el alcohol, sustancias seleccionadas por la humanidad para la recreación, el trabajo y el descanso. Cada sustancia se incorpora en un momento histórico determinado, con una función social y económica determinada por cada época.

Sobre la ilegalidad de la sustancias

Pero hasta ahora hablamos sólo de sustancias legales, que la ley permite la producción, la venta y el consumo. Nadie tendría problemas con cultivar café, producir cerveza o fumar un cigarrillo. Pero se generarían problemas sociales y legales si usted vendiera tabaco a un niño o si vendiera alcohol sin autorización o si fumara en un tren o en un hospital. Entonces aparecen la ley, las multas y las consecuencias legales. Es entonces cuando comenzamos a hablar de sustancias ilegales, no permitidas para la venta o para el consumo libre. Son aquellas sustancias que necesitan un control médico para evitar el mal uso o abuso. Dentro de estas sustancias encontramos los derivados del opio como la morfina y la heroína, los estimulantes como la cocaína y otras sustancias como la marihuana que depende del país o el estado para que sea una sustancia permitida para la venta bajo control médico o para el consumo recreativo como recientemente se votó en Massachusetts. Por lo tanto, la legalidad o ilegalidad de la sustancia está definida por la época, dependiendo también de quien la produzca y quien la consuma, no por las características químicas de la misma.

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