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La crucifixión: historia y curiosidades


Jesús de Nazaret fue una de las cientos de miles de personas que padeció una crucifixión romana

Michael Nissnick / Twitter: @mhnissnick | 4/16/2017, 9:14 a.m.
La crucifixión: historia y curiosidades
La Crucifixión | Philippe de Champaigne

La crucifixión de Jesucristo es uno de los temas predilectos del arte occidental y una de las imágenes más reconocidas por los fieles cristianos y la gente en general. Pero las diversas representaciones del suplicio de Cristo apenas dan una vaga idea del horror que supuso esta dolorosa forma de muerte en el mundo antiguo.

Aunque la crucifixión surgió en Persia, fue el imperio romano, potencia dominante en la época de Jesús, el que perfeccionó este suplicio hasta convertirlo en una refinada sinfonía de sufrimiento y humillación. Los romanos la consideraban tan terrible que prohibieron aplicarla a sus propios ciudadanos. Solo castigaban de esta manera a rebeldes y criminales como advertencia para prevenir insurrecciones contra su autoridad. Se cree que cientos de miles murieron de esta forma hasta su abolición en el siglo IV por Constantino, el primer emperador romano convertido al cristianismo.

El suplicio constaba de una serie de fases que detallaremos en los siguientes párrafos.

La flagelación

Tras ser sentenciado a la cruz, los verdugos desnudaban al condenado, lo ataban a una columna baja y lo azotaban de dos maneras: mediante el “flagelum” propiamente dicho, un bastón de madera con tres o cuatro correas de cuero simples; o su derivado, el terrible “flagrum”, que se diferenciaba del anterior en que las correas estaban repletas de trozos de hueso y metal y culminaban en pequeñas estructuras de hierro para incrementar el sufrimiento.

Aunque la ley judía establecía en “cuarenta menos uno” el número de golpes, Jesús fue azotado por dos verdugos romanos llamados “lictores” quienes administraban los golpe según su humor, por lo que no había límites para su ferocidad. Se estima que Cristo pudo recibir no menos de cien dolorosísimos latigazos, que lo dejaron terriblemente malherido, repleto de hematomas, desgarramientos musculares, traumas, laceraciones, pérdida de hasta el setenta por ciento de su piel, heridas equivalentes a quemaduras de tercer grado y hemorragias internas que fueron determinantes para su rápida muerte en la cruz.

La coronación de espinas

Luego de la flagelación y antes de ser llevado al Calvario, los soldados romanos se burlaron de Jesús y pusieron en su cabeza una suerte de “corona” fabricada con ramas espinosas.

El arte ha representado usualmente a la corona de espinas como una guirnalda en torno a la cabeza, como las usadas por los emperadores romanos. Pero una lectura atenta del evangelio revela que las espinas le fueron puestas a Cristo “sobre” la cabeza y no “alrededor”, por lo que los especialistas consideran que la corona pudo ser una suerte de “pileus” o gorro que cubría todo el cuero cabelludo, a la usanza de los monarcas orientales.

Jesús pudo tener en su cabeza entre treinta y cincuenta perforaciones de espina, que, a juicio del médico venezolano Luis Enrique Palacios Ruiz, le causaron un “escalpamiento” o levantamiento del cuero cabelludo del cráneo, causando un intenso reguero de sangre y fuertes dolores.

El camino de la cruz

Una cruz romana se componía de dos partes: el “patibulum” (patíbulo) donde se fijaban los brazos del condenado, y el “stipes”, o palo vertical, donde colgaba su cuerpo y se clavaban sus pies. Ambos maderos combinados tendrían un peso total de cerca de 150 kilogramos, una carga casi imposible de llevar por un hombre sano, y menos por alguien previamente torturado.

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