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Estrés postraumático y tratamiento


El trauma es un evento que marca un antes y un después en nuestras vidas. Pero, ¿este trauma le sigue afectando en el presente? Descubra cómo lidiar con los efectos post-traumáticos

Jaime Francisco Matorras, LMHC | 3/30/2016, 3:11 p.m.
Estrés postraumático y tratamiento

¿A qué nos referimos cuando hablamos de trauma? La palabra trauma se ha incorporado al lenguaje cotidiano para hablar de algo que no se puede olvidar y de lo que es difícil hablar. El trauma es un evento que marca un antes y un después en nuestras vidas.

Un evento traumático es una situación real o percibida como peligrosa para nosotros o para personas a nuestro alrededor. Este evento puede generar una respuesta automática de estrés que nos prepara para la huida, la defensa o el congelamiento ante el peligro.

Esta reacción automática es la que se activa en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo cuando vivimos situaciones de peligro. Esta reacción también puede activarse al ser testigos de eventos peligrosos que otras personas cercanas hayan vivido. Estos eventos pueden ser hechos aislados o más bien una acumulación de múltiples eventos que se desarrollan en un momento de nuestras vidas. La continuación de la reacción automática de alerta o estrés luego de más de un mes después de sucedido el evento de peligro es lo que se conoce como Trastorno de Estrés Postraumático (TEPS por sus siglas en español o PTSD en inglés).

Los estudios iniciales sobre Estrés Postraumático se realizaron en el siglo XX con los veteranos de guerra. Con el tiempo comenzaron a identificarse los mismos síntomas que se observaban en soldados, también en personas afectadas por otras situaciones traumáticas, como por ejemplo: mujeres sobrevivientes de violencia doméstica; niños afectados por maltrato o negligencia infantil; personas afectadas por accidentes, desastres naturales, intervenciones médicas muy intrusivas o dolorosas, separación o perdidas de seres queridos, abuso sexual, represión y tortura política, ataques terroristas, exilio o desarraigo forzosos, violencia comunitaria, entre otras experiencias.

El haber sufrido o haber sido testigo de este tipo de experiencias puede activar una reacción de alerta en el cerebro que nos protege y nos permite sobrevivir. Algunos de los síntomas posibles de estrés postraumático son recordar el pasado constantemente en nuestra mente o en nuestro cuerpo, mantenerse en estado de alerta y a la defensiva ante situaciones o personas que nos recuerden de alguna manera los eventos traumáticos, y mantenerse alejados de situaciones relacionadas con el trauma.

También es muy común evitar hablar de la experiencia traumática por miedo a sentirse en peligro nuevamente. Es muy frecuente también sufrir alteraciones en el sueño como por ejemplo mantenernos alertas o pendientes del peligro durante la noche sufrir pesadillas que nos atemorizan y nos impiden descansar. Otra consecuencia puede ser la extrema desconfianza en las personas o el alejamiento de las mismas, y una visión negativa de nosotros mismos y del mundo que puede llevar a un estado depresivo.

Estas son reacciones normales que nos permiten sobrevivir ante una posible situación de peligro, pero que con el tiempo pueden afectar nuestra capacidad de estar en el presente, de concentrarnos en lo que estamos viviendo en lugar de pensar en los peligros que hemos vivido y el riesgo a vivirlos nuevamente.

Diversos tratamientos se han desarrollado para tratar síntomas relacionados con experiencias traumáticas. La psiquiatra Judith Herman menciona tres etapas necesarias del tratamiento para la recuperación de estas experiencias en su libro Trauma y Recuperación: primero la seguridad del paciente, segundo el recordar y luego el reconectarse. Si bien hablar y recordar el trauma es un paso importante y necesario para la recuperación, también puede ser emocionalmente desbordante y desestabilizador para el paciente si este no tiene un control de sus síntomas y su ambiente.

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