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The Food Project: Sembrando Vida En La Comunidad

En el corazón de Roxbury, tres niños de alrededor 7 años de edad pasean en bicicleta a toda velocidad por la calle, cuando repentinamente entran en un pequeño invernadero, un paraíso verde que desentona completamente con el resto del paisaje urbano de este barrio bostoniano. Al entrar, no disminuyen la velocidad. A pesar de que es un lugar de pasillos muy estrechos, los niños dan vueltas sin parar rodeando cosechas de tomate, lechuga, brócoli, zanahoria y un sinfín de vegetales y hierbas. A Danielle Andrews, la gerente del invernadero no parece preocuparle en lo más mínimo que estos niños pudieran arruinarle la cosecha. Por el contrario, ni se inmuta ante la llegada de estos pequeños ciclistas. Ella sabe que ese espacio se respeta. Que la comunidad lo respeta.

En efecto, este invernadero es un espacio sagrado para el barrio. Es allí donde muchos vecinos producen su comida del día, y donde se llevan a cabo parte de las actividades de The Food Project, una organización sin fines de lucro que busca involucrar a jóvenes de edad escolar con actividades

agrícolas caseras.

The Food Project fue creado en 1991 con la idea de juntar a jóvenes de la ciudad y de los suburbios en varias granjas dentro de la ciudad de Boston y sus alrededores, y enseñarles a sembrar. A través del trabajo riguroso de la agricultura, los jóvenes transformarían su relación con la comida y con la tierra que la produce. Pero, además, aprenderían acerca de sí mismos y de sus compañeros.

Más de 1.000 jóvenes han participado en este proyecto desde que se fundó, y alrededor

de 250 organizaciones han sido inspiradas y han seguido su ejemplo.

Cada año, la organización recluta cerca de 140 jóvenes de los más diversos orígenes, quienes trabajan arduamente durante el verano y reciben una modesta compensación económica. No solo se les enseña a sembrar su propia comida, sino que los participantes también desarrollan habilidades de liderazgo, comunicación y trabajo en equipo. Además de acostumbrarse a trabajar en ambientes diversos.

Aprender haciendo Ricky Castro tiene 16 años y es hijo de inmigrantes dominicanos. Vive en Roxbury y asiste al décimo año de Lexington High School, en los suburbios de Boston. Se involucró con The Food Project hace tres años, siguiendo los pasos de su hermano mayor, y nos cuenta que esta actividad le ha cambiado la vida.

“He hecho amigos de todas las clases sociales y he aprendido a no juzgar por las apariencias”, cuenta Ricky. “Nunca pensé que podría tener una conexión intima con gente que no era de color como yo, que crecieron con privilegios que yo no pude tener. Pero después de unas semanas me di cuenta de que a través de la convivencia hicimos una familia”.

Después de tres años, Ricky es ahora supervisor asistente y comenta complacido que ahora tiene más responsabilidades. “Hemos aprendido a ser disciplinados y trabajadores”, dos virtudes que, sin duda, se necesitan para tener éxito en cualquier actividad en la vida. Y es que parte de los objetivos de esta iniciativa es, precisamente, colocar a los adolescentes en posiciones de responsabilidad, inusuales para su edad.

Michael Iceland, gerente de comunicaciones de The Food Project nos cuenta que ha visto cómo los adolescentes se convierten en líderes en la granja, en sus familias o en la escuela a través de esta actividad. Algunos son ahora agricultores y cocineros, muchos de ellos trabajan en la salud pública; todos se han valido de ese conocimiento y pasión que les ha dejado su arduo trabajo en la granja.

La madre de Ricky fue diagnosticada con diabetes justo el año en el que él se involucró con The Food Project. Ese verano, Ricky llevaba vegetales frescos a la mesa casi todos los días. “Cada noche teníamos una cena familiar con esa comida que yo mismo sembraba”, cuenta. Al poco tiempo, el doctor se quedó sorprendido de cómo la gravedad de la enfermedad de su madre había disminuido. “No podía haber otra explicación que el hábito de comer más sano”, dice Ricky.

Además del trabajo agrícola, The Food Project ha ayudado a construir más de 900 huertos caseros para que muchas familias residentes de vecindarios de bajos ingresos puedan cosechar y comer alimentos más frescos y sanos.

Anualmente, más de 3.000 voluntarios se suman al trabajo de los participantes para colaborar con las labores agrícolas. Se producen más de 250 mil libras de comida cada año, y en el invernadero de Roxbury una parte de la producción se vende a mercados y negocios de comida locales, y la otra parte es para el consumo por parte de la comunidad. De este modo, es un proyecto autosustentable. En su sitio web, The Food Project resume en buena medida su filosofía: “Nada nos ata más íntimamente con otros seres humanos y con nuestro planeta que la comida, lo que hace de ella un efectivo vehículo de desarrollo personal y cambio social”.

Para involucrarse con este proyecto visite www.thefoodproject.org

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