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Profesión peligro: periodistas latinoamericanos

Si el periodismo ha sido siempre considerado una profesión difícil, su ejercicio hoy en América Latina no deja lugar a dudas. Casi que por doquier ocurren abusos, amenazas, atropellos e incluso asesinatos. Aunque la democratización de la región lleva tres décadas, los primeros tres tipos de dificultades son habituales en muchos países. Donde las papas se ponen más duras es en un reducido número de países donde asesinar periodistas se ha hecho peligrosamente frecuente. En Brasil, donde el ejercicio de la profesión no ha sido característicamente problemático, han ocurrido varios asesinatos. En febrero de 2013 fue asesinado Mafaldo Ferrera Goes, de una radio en Jaguaribe. El 8 de marzo en Minas Gerais el periodista de fuentes policiales Rodrigo Neto de Faria fue asesinado y un mes después el fotógrafo del mismo medio Walgney Assis Carvalho. Incidentes anteriores que no llegaron a ese extremo indican que hay un incremento de la retaliación contra los fablistanes en ese país.

Conforme a información recabada por la Relatoría de la Libertad de Expresión de la OEA, con posterioridad al golpe de estado y a la crisis política de 2009 en Honduras ha habido alrededor de 22 asesinatos de periodistas, 6 de ellos en 2012. Afortunadamente, no todos han quedado impunes y se ha creado una fiscalía especial para examinar esos casos. Colombia es otro caso. Recientemente al encargado de investigaciones de la revista Semana fue víctima de un atentado, del cual resultó ileso. El periodista había realizado las investigaciones sobre las famosas “chuzadas†(intervenciones telefónicas ilegales) que sirvieron de base a la actuación de la justicia. También hace poco hubo amenazas a 8 periodistas en Valledupar que realizaron reportajes sobre la aplicación local de la Ley de Tierras. Durante 2012 hubo 3 casos de asesinatos de periodistas en Colombia.

Pero la guinda de la torta es México. La guerra contra las drogas iniciada por el anterior presidente Fernando Calderón condujo a una situación muy grave en la profesión. Sólo en el año 2012 la Relatoría de la Libertad de Expresión reportó 10 asesinatos de periodistas y otras organizaciones mencionan la existencia de 12 desaparecidos durante el sexenio Calderón. Esta situación de casi completa impunidad ha llevado a silenciar una larga lista de periódicos, radios, revistas y estaciones locales de TV. Este cronista tuvo ocasión de presenciar los destrozos al periódico El Mañana en Nuevo Laredo, en la frontera con el estado de Texas, así como conversar con sus editores sobre el silencio auto-impuesto como producto de amenazas y ataques terroristas.

Pero los periodistas mexicanos no se han resignado al silencio. El 28 de abril de este año se realizaron concentraciones a favor de los periodistas y la libertad de informar en múltiples localidades de México. Como relata Marcela Turati, buena amiga y periodista mexicana, “por primera vez salimos los reporteros, convocados por nosotros mismos, a hablar por nosotros…; porque en muchos lugares se rompió el miedo a salir a la calle y los compañeros salieron a pesar del riesgo de perder el trabajo; porque descubrimos colectivos de periodistas que no sabíamos que existían, en zonas que creíamos perdidas; porque en todos lados el mensaje fue el mismo, a una voz…â€

En México, la presión de la opinión pública llevó a la aprobación en abril pasado de una Ley Contra la Impunidad de Periodistas, que le quita mandato a autoridades locales para dárselos a la Procuraduría y facilitar investigaciones que muchas veces pasan desapercibidas en estados y ciudades.

La libertad de prensa es un camino tortuoso que muchas veces en Boston damos por garantizada pero que se construye día a día en América Latina.